Lo de la estación de San Cristóbal ya no es una terminal de transporte, es un campamento de refugiados del siglo XXI. Entre retrasos "por causas técnicas", averías en la catenaria y transbordos en autobús que duran más que el trayecto del Titanic, el Eje Atlántico se ha convertido en el Eje del Mal (humor).
El "Efecto Dominó" del Caos
No es que un tren llegue diez minutos tarde; es que cuando falla uno, parece que se apaga la luz en toda la red.
Vigo-Koruña: lo que debería ser un trayecto cómodo para trabajadores y estudiantes se ha convertido en una quiniela. ¿Llegaré a clase? ¿Me echarán del curro? Nadie lo sabe.
La Pantalla de la Muerte: ver el panel de llegadas y salidas de San Cristóbal es como mirar la cuenta corriente a final de mes: todo en rojo y con ganas de llorar.
El Silencio de los Corderos: lo mejor es la megafonía. "El tren con destino Vigo sufrirá una demora...". ¿De cuánto? ¿De dónde? ¿Por qué? Silencio administrativo. Eso sí, el billete te lo cobran como si fueras en el Orient Express.
El Transbordo: la tortura final
Cuando Renfe se rinde, saca los autobuses. Y ahí empieza el verdadero juego del hambre. Cientos de personas con maletas, empujándose para subir a un bus que te deja en Santiago dos horas después de lo previsto.
La Rabuňada: al paso que vamos, va a ser más rápido ir a Vigo en la batea de algas del Parrote empujados por el nordés que esperar a que el Alvia se decida a arrancar. ¡Al menos la lechuga de mar no tiene retrasos por "problemas en la señalización"!
¿Y los responsables?
Mientras en Madrid nos hablan de la llegada de la alta velocidad y de trenes que vuelan, aquí seguimos con infraestructuras que parecen heredadas de la época de María Pita.
Mantenimiento: brilla por su ausencia.
Frecuencias: un chiste de mal gusto.
Atención al cliente: paciencia infinita la de los trabajadores, que tienen que dar la cara ante un servicio que hace aguas (y no precisamente por la lluvia gallega).
Reflexión Final: ¡Basta ya de tomaduras de pelo!
Koruña no puede ser una isla mal conectada. Queremos trenes que funcionen, frecuencias dignas y que no tengamos que rezarle a la Virgen del Carmen cada vez que compramos un billete por la web (que esa es otra aventura, la de la página de Renfe).
¿Y tú, cuánto tiempo de tu vida has perdido hoy en el andén? ¿Eres de los que se resigna o de los que ya ha pedido el libro de reclamaciones tres veces? ¡Cuéntanos tu odisea ferroviaria en los comentarios!
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