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sábado, 3 de enero de 2026

Crónica de una trágica "desfeita" en María Pita: el mercado "fantasma" cierra entre lágrimas, deudas y denuncias

Lo que se anunció como el "mercadillo del año en España" ha bajado la persiana convertido en un erial. De las 40 casetas iniciales, apenas siete resistieron hasta el final de una experiencia calificada de "estafa" y "traumática" por unos comerciantes que han pasado de la ilusión a las acciones legales.

La Plaza de María Pita amaneció este 2 de enero con la peor de las resacas. No fue el cansancio de las celebraciones lo que marcó la jornada, sino el ruido de los martillos desmontando casetas y el silencio de una plaza vacía. El ambicioso poblado navideño, que prometía transportar a Koruña a la Laponia centroeuropea, se ha despedido como un "poblado fantasma", dejando tras de sí un rastro de pérdidas económicas que muchos autónomos tardarán años en cubrir.

La idea pasada por IA que se les vendió a los comerciantes. 


El drama de las cifras: "Hoy he facturado cinco euros"

Los testimonios recogidos en el último suspiro del evento son demoledores. Rosalía, dependienta de Arte en la Mesa, resume el sentimiento general con una frase que debería sonrojar a los responsables de la adjudicación: "Esta tarde he hecho cinco euros". La inversión en mercancía, que en algunos casos superó los miles de euros, se ha quedado acumulada en estantes que nadie visitó.

Ángel Bravo, un feriante veterano acostumbrado a recorrer la geografía española, no oculta su rabia: "Este es el único mercado de España que no nos ha servido para nada. Es una estafa tanto para el público como para nosotros". El contraste con la Feria Medieval de la ciudad —un éxito rotundo— deja en evidencia que el problema no es la ubicación ni el público coruñés, sino una organización caótica que cobró "un pastizal" por un proyecto que resultó ser un espejismo.

El "Efecto AliExpress": Simulación vs. Realidad

La indignación de los comerciantes nace de la comparación entre los renders presentados por la empresa NC7 Events y la realidad de madera y lona que acabó instalándose. "No es ni la tercera parte del proyecto que nos vendieron", lamentan.

Lamentable aspecto del poblado navideño con todas
 las casetas cerradas en su último día. Foto de La Opinión Coruña

A la estética deficiente se sumó la falta de previsión climática. En una ciudad donde la lluvia es la invitada habitual, el mercado carecía de zonas cubiertas. "Si la gente estaba más de unos minutos se iba empapada", sentencia Carmen Dextri, otra de las resistentes. Las luces, puestas a última hora tras las primeras críticas feroces, apenas duraron tres días encendidas, contribuyendo a esa imagen de abandono institucional que ha marcado el mes de diciembre.

La vía judicial: Todos contra todos

El cierre del mercado no es el fin del conflicto, sino el inicio de una batalla legal a tres bandas:

  1. Los comerciantes: están agrupándose para demandar a la promotora por incumplimiento de contrato y publicidad engañosa. Muchos aseguran que han sido engañados con datos de afluencia y servicios que nunca existieron.

  2. El Ayuntamiento: la alcaldesa Inés Rey ha pasado de la sorpresa a la acción administrativa, estudiando demandas por el daño reputacional causado a la ciudad.

  3. La empresa: en un giro de audacia, el promotor ha amenazado con denunciar a los propios feriantes por supuestos impagos, a pesar de que el servicio eléctrico sufrió intentos de corte por sus propias deudas.

Un daño reputacional difícil de reparar

El fracaso de María Pita no es solo económico; es una mancha en la "marca Koruña". Turistas que reservaron hotel atraídos por la promesa de un mercado único en Europa se encontraron con un recinto triste y desangelado.

La reflexión que queda en la calle, y que arde en los foros de opinión, es la falta de fiscalización. Mientras el Gobierno local insiste en su papel de "engañado", la ciudadanía se pregunta quién supervisó el montaje diario y por qué se permitió que el mercado agonizara durante semanas antes de intervenir.

Koruña despide su Navidad más polémica con una lección aprendida a golpe de talonario: la ilusión de una ciudad no puede subastarse al postor más barato sin un control riguroso. Mañana la plaza estará vacía, pero el eco de los "cinco euros" de facturación tardará en borrarse de la memoria de María Pita.

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