Hay noches que no necesitan demasiadas explicaciones. Noches en las que basta con mirar a Riazor para entenderlo todo. Este martes, el estadio herculino vuelve a vestirse de gala para recibir a uno de los grandes del fútbol español, un Atlético de Madrid plagado de internacionales, campeones del mundo y millones… pero también cargado de dudas. Y enfrente, un Deportivo sin complejos, con juventud, talento y una grada dispuesta a empujar como si el tiempo no hubiese pasado.
El deportivismo vuelve a permitirse soñar. No por nostalgia, sino porque este equipo se ha ganado el derecho a hacerlo.