Koruña se encuentra en uno de los momentos urbanísticos más decisivos de las últimas décadas. La ciudad está a las puertas de un cambio que afectará a su manera de crecer, de relacionarse con el mar y de proyectarse hacia el exterior. Tres grandes vectores —la urbanización del Monte Mero, la retirada definitiva de las infraestructuras de fuel del puerto interior y el ambicioso proyecto de la nueva fachada marítima, reforzado recientemente por el viaje institucional de la alcaldesa a Nueva York— dibujan un escenario de transformación que también tiene reflejo en la conexión del paseo marítimo desde Oza hasta el Puente de Pasaje, configurando un eje costero continuo entre Koruña y Culleredo.