Cuando las primeras luces del viernes 20 de junio asomaron sobre la dársena de Linares Rivas, 38 barcos ya habían descargado 137 toneladas de sardina, de buen tamaño y sabor “espectacular”, según las placeras de San Agustín. A 7 euros en la lonja y a 9 en los puestos. Parecía que todo iba bien. Pero en realidad, el pescado ya venía con espinas políticas.