La capital herculina se enfrenta a una dolorosa pérdida en su patrimonio natural. En cuestión de días, la ciudad verá desaparecer dos de sus ejemplares arbóreos más queridos: un chopo centenario en la Plaza de Ourense y el emblemático sauce de la Plaza de la Sinagoga, símbolos de la memoria koruñesa que sucumben al paso del tiempo y a las duras condiciones del entorno urbano.