Viajar en tren a Galicia se ha convertido en una actividad de riesgo para la paciencia y un insulto al bolsillo de los ciudadanos. El último episodio de esta comedia de terror ferroviaria lo sufrieron los pasajeros del trayecto Madrid-Koruña del pasado martes, 14 de julio. Lo que se vende a bombo y platillo como un servicio de Alta Velocidad del siglo XXI terminó pareciéndose más a una atracción de feria averiada: un tren parado tres veces, un trayecto circulando marcha atrás en plena noche, vagones completamente a oscuras y, para rematar, el sistema de Renfe denegando las devoluciones automáticas.
Koruña sigue pagando el precio de unas comunicaciones ferroviarias deficientes y un abandono institucional que ya no se puede camuflar con infografías ni discursos oficiales.