Lo de este Deportivo empieza a desafiar las leyes de la lógica futbolística y, sobre todo, la resistencia de las coronarias de su parroquia. El sábado vivimos en Abanca Riazor otro de esos capítulos de "quiero y no puedo" que dejan una pregunta flotando en el ambiente de la calle Manuel Murguía: ¿Cómo es posible que un equipo que regala tantos puntos en su propio jardín y que es incapaz de doblar el brazo a los "gallos" de la categoría siga aspirando seriamente al ascenso directo?
El 1-1 ante el Málaga fue un partido de "playoff" adelantado a abril, jugado con el alma y las tripas, pero que vuelve a evidenciar que a este Dépor le falta el instinto asesino que separa a los campeones de los meros aspirantes.