Durante décadas, un barco pesquero ha servido de carta de presentación para quienes llegan a Koruña por la avenida de Alfonso Molina. Una estampa marinera en medio del asfalto, un guiño a la historia pesquera de la ciudad herculina y un elemento que, con el paso de los años, se ha convertido en parte del paisaje cotidiano de miles de koruñeses y koruñesas. Pero el tiempo no perdona, la madera se pudre, los temporales castigan y, por si fuera poco, el vandalismo termina de hacer el trabajo sucio.
El protagonista de esta historia es el Atalaya, el pesquero que desde 2016 ocupa este rincón ajardinado de Alfonso Molina y que hoy parece haber llegado a un punto de no retorno. Agujeros en el casco, tablones desaparecidos, hierbajos creciendo donde debería lucir su estructura y daños que se acumulan sin que el barco consiga recuperar aquella dignidad marinera con la que fue colocado a la entrada de la ciudad.