Hay ciudades que se rinden cuando pintan bastos, y luego está Koruña. Está en nuestro ADN. Lo demostró una pescadera llamada María Mayor Fernández de Cámara y Pita en 1589 cuando, contra todo pronóstico y con el agua al cuello, mandó a paseo a las tropas del pirata Francis Drake al grito de "Quen teña honra, que me siga". Siglos después, ese mismo espíritu indomable, esa puñetera manía de rebelarse contra el destino cuando todos te dan por muerto, ha poseído a nuestros equipos deportivos en un final de temporada que va directo a los libros de historia.
El Dépor sufrió lo indecible, sorteó dudas y fantasmas, pero volvió a Primera. El Básquet Coruña, contra viento y marea, firmó una remontada antológica ante el Estudiantes para obrar el milagro de la ACB, un partido que contaremos a nuestros nietos. No es suerte; es el carácter herculino. Y como en esta ciudad somos de tradiciones y un poco meigas, hemos encontrado el amuleto definitivo: tunear a nuestra heroína de la plaza.