Hay fechas que quedan marcadas a fuego en la historia de una ciudad. Si en 1982 A Coruña sufrió el trauma de perder la capitalidad de Galicia, marzo de 2026 quedará registrado como el momento en que Inés Rey consumó la mayor ignominia del siglo XXI: la pérdida de la sede del Mundial 2030.
Si a delegación que visitará Koruña el próximo 18 de marzo no deciden no cancelar el viaje, ante el bochorno nacional, se certificará lo que todos ya sabemos: que en María Pita no se ha hecho absolutamente nada para lograr cumplir las exigencias de una sede mundialista. No hay planos, no hay convenios, no hay financiación. Solo hay humo.
Lo que se ha perdido no es solo fútbol, no son dos partidos de fútbol intrascendentes del Mundial como muchos simplemente aseguran. Es la pérdida de cientos de millones de euros, de proyección internacional, de visitantes y de la modernización de nuestras infraestructuras, entre las que estaba un gran estadio para celebrar otros grandes acontecimientos deportivos y culturales. Es el colofón a seis años y medio de una gestión que ha pasado del "postureo" a la negligencia más absoluta, hundiendo a la ciudad en una mediocridad que los coruñeses no nos merecemos.