Durante generaciones, en Koruña existía una norma no escrita que nadie discutía: por mucho calor que hiciese durante el día, al salir de casa había que llevar una chaqueta ligera o una "rebequita". Porque al caer la noche siempre refrescaba.
Ese ritual, tan koruñés como pasear por el Orzán o mirar el mar desde la Coraza, empieza a convertirse en un recuerdo.
El verano de 2026 está dejando una evidencia difícil de ignorar: el calor ya no desaparece cuando se pone el sol. Y los datos confirman que la ciudad está viviendo una situación inédita.