Valen lo mismo los días grises que los soleados. Y el Dépor, en una tarde más de abrigo que de camiseta, sacó adelante un partido que se le atragantó durante largos tramos y que acabó resolviendo sin brillo, sin holguras y con bastante sufrimiento. El 2-1 ante el Albacete deja tres puntos en Riazor, pero también la sensación de haber caminado al borde del empate hasta el último suspiro.
El resultado no cuenta toda la historia. El Albacete mereció más premio del que se llevó y el Deportivo, tras creerse por momentos dueño del encuentro, terminó pidiendo la hora, agarrado a una parada salvadora de Álvaro Ferllo, el gran héroe silencioso de la tarde.