Acontecimientos del Entroido
-Desfile de comparsas
-Momo baja del Olimpo y Koruña le responde con memoria y retranca
-As Comadres dan el pistoletazo: “¡Juerga!” y ciencia en el arranque del Entroido
-Monte Alto canta primero: arranca el Entroido con sátira, barrio y compromiso
-As Toliñas: dos madres, una amistad y el carnaval como terapia colectiva
Gastronomía
-Filloas a euro, orejas volando: el carnaval también se come en Koruña
-Entroido é cocido: tres templos de cuchara para honrar febrero como manda a tradición
-Casa Marabina: paciencia, producto y cocido hasta después del Día del Padre
Desfile de comparsas
El sábado 14 de febrero de 2026, el carnaval koruñés vivió una de sus jornadas más alegres y multitudinarias. La ciudad, rendida al ritmo de charangas, comparsas y disfraces, se echó a la calle para celebrar un desfile que, un año más, puso de manifiesto el espíritu festivo, creativo y comunitario del Entroido herculino.
La fiesta comenzó bien temprano, aprovechando que el tiempo dio una tregua, y fueron muchos los que, antes de la hora oficial de salida, empezaron a pasear sus disfraces por Juana de Vega, Plaza de Mina y los Cantones, rumbo a la Plaza de María Pita. La imaginación no tuvo límites: astronautas, bomberos, ninjas, indios, marineros, animales y superhéroes compartieron paso con grupos de amigos que, como Natalia, Bego y Loli, formaban piña cada año para lucir sus trajes y celebrar la fiesta de la ciudad con niños y adultos por igual.
La comitiva de comparsas arrancó a las seis de la tarde, con música de Farra Fanfarra animando cada esquina. Fueron, en total, 25 agrupaciones las que desfilaron, llenando de color y ritmo las calles ante miles de personas que no quisieron perderse el espectáculo. Entre las participantes destacó Monte Alto a 100, que venía de alzarse con el galardón a mejor comparsa en el concurso de música y letra del carnaval.
La Asociación Cultural Ciclón abrió paso con una fantasía de tazas de té y teteras bailongas, despertando risas entre el público. Cerca de ellos, Eva y Marcos, junto a sus amigos y pompas de jabón, añadían entusiasmo y diversión, con disfraces hechos a mano que se ganaron muchos aplausos.
| La Asociación Cultural Ciclón con una fantasía de tazas de té y teteras. Foto de La Voz de Galicia. |
Los Kilomberos marcaron uno de los momentos más explosivos con su ritmo de tambores y su insólita expedición selvática, mientras que Tarde mal y arrastras hizo bailar a todos con los grandes éxitos de Raffaella Carrá. La comparsa Os Maracos aportó un toque de mensaje social, reuniendo a familias enteras con sus disfraces variados y llenos de alegría.
| Tarde Mal y Arrastras. Foto de La Voz de Galicia. |
Uno de los segmentos más celebrados fue el de la Asociación Galega de Teatro Musical: un creativo convoy de Renfe seguido de una fiesta infantil con parque Camelot incluido, rematado por unas ‘peluqueras justicieras’ que arrancaron sonrisas por doquier. A continuación, las azafatas de XoldrAir aterrizaron con una tripulación muy especial: líderes políticos imaginarios que desataron carcajadas entre la multitud.
Y como el carnaval invita a viajar con la imaginación, no faltaron comparsas que trasladaron al público a lugares tan diversos como Egipto —con momias y faraones— o a un safari africano con los Subterráneos, seguido de los divertidos juegos de Festa Rachada por el parchís y la oca.
La fantasía marítima tuvo también su espacio con los caballitos de mar y el rey Tritón de Os mesmos de sempre, mientras que Os Malandros apostó por un desfile de baraja de póker que no dejó indiferente a nadie. Los cambreses de Bribesly Hills añadieron humor y crítica con sus dólares y mensajes sobre la ocupación de Groenlandia, mezclando incluso elementos como la guardia bolivariana de Maduro y agentes del ICE en una performance tan atrevida como original. Detrás iban en un Lada Niva armado Putin y Zelenski. Las banderas rusas para identificar el coche causó polémica y denuncias a la policía por delito de odio.
Entre apuestas gallegas y guiños a la tradición, destacó también A banda do pulpo, que llevó al desfile un toque muy local. Para cerrar, como manda la fiesta, una invasión pirata puso el broche final a una comitiva que fue mucho más que un desfile: fue una celebración de identidad, humor, comunidad y creatividad.
La fiesta no terminó ahí. Una vez en María Pita, la música siguió llenando el ambiente y la ciudad continuó celebrando con actividades, ritmos y encuentros que mantuvieron viva la llama del Entroido hasta bien entrada la noche, en una jornada que quedará en la memoria de coruñeses y visitantes como uno de los grandes carnavales vividos en los últimos años.
Momo baja del Olimpo y Koruña le responde con memoria y retranca
El viernes 13 de febrero, Koruña arrancó oficialmente sus días grandes de Entroido con una mezcla que aquí dominamos como nadie: emoción sincera y sátira sin freno. Porque en esta ciudad el carnaval no es solo disfraz y jolgorio; es memoria, es identidad y es esa retranca fina que nos permite reírnos del mundo… y de nosotros mismos.
| Dios Momo entronizado. Foto de La Voz de Galicia. |
Ni siquiera el temporal ‘Oriana’ pudo con la troula coruñesa. El viento apretó, las nubes amenazaron y hubo que cambiar planes, pero cuando Koruña decide que hay carnaval, hay carnaval. Y punto.
La jornada comenzó con uno de los momentos más solemnes del programa: el homenaje a dos nombres fundamentales del carnaval herculino, Nito y Antón de Santiago. A las 19.30 horas, en la Casa do Sol, la ciudad les rindió tributo con una ofrenda floral cargada de respeto y gratitud. Fue un acto de esos que ponen un nudo en la garganta. Porque el espíritu choqueiro que hoy inunda calles y plazas no nació ayer: se fue construyendo gracias al ingenio, la constancia y el amor por la fiesta de gente como ellos.
| Homenaje a Nito y Antón. Foto de La Voz de Galicia |
El ambiente estaba impregnado de nostalgia, pero también de orgullo. Orgullo por una tradición que ha sabido reinventarse sin perder su esencia. Porque si algo tiene el carnaval koruñés es esa mezcla perfecta entre irreverencia y respeto por lo que somos.
Y tras la emoción, llegó el turno del dios Momo
La incertidumbre meteorológica obligó a trasladar su trono a la Plaza de las Atochas, pero ni el viento ni las nubes pudieron frenar la entronización de la deidad carnavalesca. Allí, bajo la vigilancia de una voz femenina que le reclamaba que bajara del Olimpo y dejara de estar “coas ninfas e os faunos”, Momo tomó asiento dispuesto a sacudir conciencias.
Según explicó Santiago Fernández, encargado de poner voz y lírica a su discurso, este año el dios estaba dubitativo. “No quería bajar”, confesó. Pero intervino “nuestra María de las batallas”, María Pita, que le soltó aquello de “ou baixas ou levas”. Y bajó, claro que bajó.
Bajó con la verborrea de siempre y sin dejar títere con cabeza
Ante decenas de personas y choqueiros ilustres —como la Paca o Susa—, Momo se presentó como la “consagración da liberdade” y desplegó un discurso afilado, sin anestesia y sin miedo a señalar. Desde la geopolítica internacional hasta la política doméstica, nadie salió indemne. Habló de un mundo gobernado por monstruos donde “a besta está desbocada”, ironizó con la posibilidad de acabar en Guantánamo por una “extracción” y dejó caer referencias evidentes a la “besta de pelo laranxa”, en clara alusión a Trump.
Pero más allá de los nombres propios, el mensaje fue claro: en carnaval la única filosofía válida es la anarquía entendida como libertad para reír, para exagerar, para desmontar solemnidades. Momo llamó a los koruñeses a convertirse en un “exército de disparates”, a practicar el hedonismo festivo y a combatir la tristeza con ironía. Animó a practicar, durante unos días, la única filosofía que defiende: la anarquía festiva. “Rachade coas convencións”.
No faltó la estopa para todos. Desde los “monstros de pelo laranxa que queren gobernar o mundo” hasta el “frío e calculador Rasputin-Putin”, el “orondo bonequiño Kim Jong-un” o los “inxenuos catequistas Koldo e Ábalos”. Con ese panorama mundial dibujado como un esperpento permanente, Momo animó a los koruñeses a olvidarlo todo durante una semana y entregarse al caos, a la engañifa y a los placeres carnales del Entroido.
Presente en As Atochas estuvo también la alcaldesa, Inés Rey, que se mostró “muy contenta” por poder delegar durante unos días sus funciones en el dios del carnaval. Tras gastar pista de baile con los asistentes —y especialmente con los ganadores del Concurso de Comparsas, Monte Alto a 100— deseó a la ciudad un feliz Entroido. Incluso dejó caer que, después de haberse disfrazado otros años de jabalí, vaquera o Shakira, quizá este año se anime a encarnar una borrasca como la propia ‘Oriana’, tan de actualidad.
El Entroido, al final, no es solo una burla al poder. Es una vacuna contra el desencanto. Es la oportunidad anual de mirarnos al espejo, sacar la lengua y seguir adelante.
Con Momo ya entronizado y la ciudad calentando motores, Koruña quedó lista para sumergirse de lleno en su programa festivo. Entre memoria, crítica y carcajadas, el carnaval volvió a recordarnos que aquí sabemos celebrar sin olvidar, reír sin miedo y vivir —aunque sea por unos días— como si el invierno no existiera.
As Comadres dan el pistoletazo: “¡Juerga!” y ciencia en el arranque del Entroido
El verdadero aviso de que el Entroido estaba en marcha llegó el jueves. Porque en Koruña el carnaval empieza cuando As Comadres levantan la voz.
Al grito de “¡juerga!”, este colectivo de mujeres dio el pistoletazo de salida oficial a la fiesta en un acto cargado de algarabía, reivindicación y ese espíritu burlón que tanto nos representa. La cita tuvo lugar en el Arquivo Histórico Municipal, en Durán Loriga, donde la alcaldesa, Inés Rey, no quiso perderse la convocatoria.
Pero no fue solo celebración. Este año, As Comadres quisieron mirar también hacia el talento científico coruñés y rendir homenaje, en el 110 aniversario de su nacimiento, a Ángeles Alvariño, oceanógrafa y zoóloga marina pionera en el estudio del plancton. Koruñesa de nacimiento, desarrolló una carrera brillante que la llevó desde el Instituto Español de Oceanografía hasta centros de referencia internacional en Reino Unido y Estados Unidos, convirtiéndose en una de las científicas más destacadas del siglo XX en su campo.
| Inés Rey y As Comadre. Foto de El Ideal Gallego |
Coincidiendo además con la reciente conmemoración del Día Mundial de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el acto sirvió para reivindicar el papel de mujeres que, como Alvariño, tuvieron que abrirse camino en entornos poco amables. Fue, en palabras de la alcaldesa, “un símbolo do talento científico galego”.
Tras el acto institucional, la teoría dio paso a la práctica carnavalesca. As Comadres salieron a la calle y comenzaron su pasacalles desde Durán Loriga hasta María Pita, cantando, celebrando y avisando a la ciudad de lo que estaba por venir. Fue la antesala perfecta a los días grandes: la entronización de Momo en As Atochas y los homenajes a Nito y Antón de Santiago que llegarían al día siguiente.
Porque en Koruña el Entroido no es solo disfraz y comparsa. Es memoria, es sátira, es reivindicación y es comunidad. Es la ciencia del plancton y la juerga en la calle. Es Ángeles Alvariño y es el dios del caos. Todo cabe cuando la ciudad decide perder la cabeza con estilo.
Y lo mejor estaba aún por empezar.
Monte Alto canta primero: arranca el Entroido con sátira, barrio y compromiso
El Carnaval de Koruña 2026 empezó como tiene que empezar: a golpe de copla, retranca y escenario lleno. El sábado 7 de febrero, el Palacio de la Ópera acogió el tradicional concurso de comparsas en la modalidad de música y letra, ese termómetro anual que mide quién afina mejor el ingenio, el disfraz y la mala baba elegante que define nuestro Entroido.
| El Palacio de la Ópera hasta la bandera. Foto de La Opinión. |
Y este año la corona fue para Monte Alto a 100, que se llevó el primer premio con un autohomenaje marca de la casa. Con orgullo de barrio y puntería fina, ironizaron sobre la camiseta conmemorativa que Zara lanzó este verano dedicada a Monte Alto y que voló de las tiendas. “Que Monte Alto es elegante lo confirmó Inditex…”, cantaron, proponiendo entre risas que la multinacional vista al barrio entero “a Monte Alto a 100”. Retranca local con eco global.
El segundo puesto fue para Pantalón, que apostó por la sátira eléctrica. Inspirándose en el apagón nacional del pasado mayo, cantaron al ritmo de Raffaella Carrá aquello de que “por si acaso se apaga el mundo” hay que estar preparados. Ironía tecnológica con ritmo italiano. Plata bien merecida.
El bronce fue para Os Maracos, que demostraron que el carnaval también puede ser altavoz de conciencia. Con banderas palestinas y letras que denunciaban el genocidio en Gaza, el drama migratorio y el racismo, dejaron claro que la alegría no está reñida con el compromiso social. En A Coruña se canta, sí, pero también se piensa.
La gala volvió a estar conducida por el humorista David Amor, que ejerció de maestro de ceremonias entre carcajadas y pullas, en una noche donde desfilaron referencias a Trump, Putin, Maduro y demás fauna geopolítica. Porque si el mundo anda revuelto, el carnaval lo revuelve un poco más… pero con música.
| David Amor vestido de un personaje de Avatar. Foto de La Opinión. |
Y de música hubo de todo: Melendi, Karol G, Manu Chao, Siniestro Total y la ya citada Carrá sonaron en versiones pasadas por el filtro choqueiro. También participaron Amigos da Xoldra, Malandros y Melandrinas, además de Badabum Sorpresa y Os Kilomberos de Monte Alto —estas últimas fuera de concurso— que pusieron el listón alto ante un jurado presidido por la alcaldesa, Inés Rey, acompañada de periodistas, músicos y personal municipal.
El premio añadido para Monte Alto a 100 no fue pequeño: cantar sus coplas en la entronización del dios Momo, dando continuidad a un Entroido que este año vino cargado de sátira, emoción y temporal incluido.
Cuando quieras, te estructuro ya la entrada completa de la semana con este orden cronológico:
-
Concurso de comparsas (arranque oficial).
-
Jueves de Comadres.
-
Homenajes a Nito y Antón.
-
Entronización de Momo con temporal ‘Oriana’.
-
Gran desfile por Cantones y María Pita.
As Toliñas: dos madres, una amistad y el carnaval como terapia colectiva
Así resume Isabel Sánchez el inicio de una amistad que lleva más de veinte años dando guerra carnavalera por las calles de Koruña. Isabel, comerciante y dueña de la copistería Papiro, en Orillamar. Begoña Mosquera, profesora en el CEIP Curros Enríquez. Madres, amigas, cómplices… y ahora también Choqueiras del Año 2026.
Su historia empezó casi sin querer. Bego era profesora del hijo de Isabel. Después coincidieron sus hijas en la misma clase. Lo que comenzó como relación de cole acabó convirtiéndose en una tradición anual: disfrazarse juntas y salir a la calle como As Toliñas, ese alter ego que las transforma por completo.
Y lo de Bego viene de casta. Su bisabuela, Consuelo, fue cigarrera en la Fábrica de Tabacos y hermana del mítico tío Canzobre, compositor de letras de carnaval de los de antes, de los que hacían escuela. Aunque no llegó a conocerla, Mosquera asegura que su bisabuela está presente en todas las comidas familiares. El Entroido, en su caso, es herencia.
| As Toliñas. Foto de La Opinión. |
Pero este año el disfraz tiene dedicatoria especial: las madres.
“Las que trabajan, las que no trabajan, las amas de casa, las cuidadoras. Que si no fuera por ellas…”, dice Bego. Porque ellas son de esas madres “currantas”: fines de semana limpiando, recogiendo, pendientes de los niños, de la casa y de todo lo que casi nunca se ve. Y precisamente por eso, este Carnaval están decididas a vivirlo “a tope y sin vergüenza”.
Se reconocen hiperactivas. Cuando empiezan a pensar un disfraz le dan mil vueltas. A veces a medianoche salta el mensaje: “Se me ocurrió algo”. Descartan, afinan, retuercen la idea hasta que encuentran la que cumple su norma de oro: que permita interactuar con la gente. Calle de la Torre arriba y abajo, metiéndose con el personal —siempre en plan divertido—, buscando carcajadas. Porque para ellas el carnaval es eso: conexión directa y sonrisa compartida.
Este año, al haber sido nombradas choqueiras, sienten un compromiso mayor. Pero la esencia no cambia. Nunca fueron de concurso de comparsas —aunque sí de ir a ver a los bomberos en Reyes, bromea Isabel—. Lo suyo es la calle, la improvisación, el tú a tú.
Y es que disfrazarse, para ellas, va más allá del maquillaje.
“Para mí es una liberación”, explica Bego.
Isabel lo resume aún más: risa.
“Pase lo que pase en esta vida, la vida es una sonrisa y solo se vive una vez”. En su tienda, cuenta, a veces entran clientes con la tristeza puesta, y ella intenta que salgan con algo más que unas fotocopias: que salgan con una mueca levantada.
Quizá por eso este nombramiento como Choqueiras del Año no es solo un reconocimiento festivo. Es un homenaje a esa manera de entender el Entroido como terapia colectiva, como resistencia alegre, como pequeño acto revolucionario en mitad de la rutina.
Porque en Koruña el carnaval no lo sostienen solo las comparsas ni los discursos afilados del dios Momo. Lo sostienen también dos amigas que se mandan audios a medianoche, que limpian la casa los domingos y que cuando llega febrero se convierten en As Toliñas.
Y eso, más que locura, es pura cordura koruñesa.
Gastronomía
Filloas a euro, orejas volando: el carnaval también se come en Koruña
En Koruña el Entroido no empieza cuando Momo baja del Olimpo. Empieza cuando alguien dice: “¿Hay ya filloas?”
Y sí, ya hay. Y están arrasando.
Aunque los días grandes todavía estén calentando motores, las panaderías y obradores de la ciudad llevan días despachando orejas y filloas a ritmo de fiesta. Porque aquí el disfraz importa, claro, pero el estómago manda.
En la panadería Suso lo tienen claro: “La gente tiene muchas ganas de comer cosas de carnaval”, cuenta Nieves. Este año están vendiendo incluso más filloas que orejas. El precio: un euro la filloa y 2,40 la oreja. Ligera subida respecto al año pasado, pero ni eso frena el antojo.
En la plaza de Lugo, donde el Entroido también se mide por el olor a fritura y azúcar, en Montefurado reconocen que llevan días sin parar. “La gente normalmente lleva un montón de filloas, pero las orejas son muy finitas y son divinas”, explican. Allí la oreja ronda los dos euros la unidad y la filloa se mueve en torno a los doce euros la docena. Y ojo, que las rosquillas también están teniendo su momento.
En Forno 12 la historia se repite: las filloas “volaron” a primera hora de la mañana. Trece euros la docena, dos euros la oreja. Algo más caras que el año pasado, sí. ¿La razón? La subida de productos básicos como la leche, los huevos o la harina. Pero como bien dicen desde el obrador, para el trabajo que dan, el precio sigue siendo más que razonable. Elaboración artesanal, una a una, a mano. Y eso se nota.
Cada vez más gente prefiere comprarlas en vez de pasarse la tarde con la sartén. Porque el ritual doméstico es precioso… pero también esclavo. Y el carnaval está para salir a la calle, no para quedarse limpiando aceite.
Así que mientras Momo afila el discurso y las comparsas ensayan coplas, en las cocinas de Koruña ya se vive otra batalla: la de las bandejas que se vacían en minutos y las cajas que salen rumbo a sobremesas interminables.
El Entroido se canta.
El Entroido se disfraza.
Pero, sobre todo, en A Coruña el Entroido se come.
Y si hay filloas, hay fiesta.
Entroido é cocido: tres templos de cuchara para honrar febrero como manda a tradición
Si las filloas abren el apetito y las orejas endulzan la sobremesa, el cocido es el acto central de la liturgia gastronómica del Entroido. En Galicia febrero huele a grelo, a lacón y a sopa humeante. Y en A Coruña —y su área metropolitana— comer un buen cocido, generoso y de los que obligan a aflojar el cinturón, no tiene por qué ser un lujo.
Hay templos que lo veneran todo el año. Y otros que, por Carnaval, hacen una excepción que conviene marcar en rojo en el calendario.
Mesón Os Castros: religión semanal
En Koruña, el Mesón Os Castros es ya palabra mayor. Aquí el cocido no entiende de estaciones. Lleva más de veinte años sirviéndose todos los martes dentro del menú del día. Precio: 15 euros. Sopa de primero, cocido de segundo y postre para rematar la faena.
| Mesón Os Castros. |
José Antonio López, su dueño, lo dice sin rodeos: el 90% de la clientela de los martes viene a por el cocido. Y hay quien no falla ni una semana. La fórmula no engaña: botelo, cachola, lacón, costilla, algo de ternera, pollo… y materia prima de la buena. Se disfruta en invierno, claro, pero también en verano. Porque el que es de cuchara, es de cuchara todo el año.
Casa Celia en Cambre: legado y grelo en su mejor momento
Cruzando hacia Cambre, Casa Celia mantiene viva una tradición que viene de los años 90. Cada jueves, por 15 euros (bebida y postre incluidos), el cocido sale como debe salir: abundante y sin atajos.
| Casa Celia |
Carmen Fernández continúa el legado familiar con una clave muy clara: la verdura importa. Cocido mixto, con grelos y repollo. Y ahora es su mejor momento. “El grelo es de ahora mismo, es lo más rico”, aseguran. Y aunque suene a plato de frío, en verano también triunfa. “A los de Madrid les gusta mucho”, dicen entre risas. El cocido como souvenir emocional.
Café Bar FM: cita puntual en los Cantones
Para los que buscan una ocasión especial, el Café Bar FM rompe rutina este viernes. Lo anuncia en su mítica pizarra de los Cantones: menú único de cocido por 16 euros. Sopa, cocido con lacón, costilla u oreja, postres típicos y café de pota. Plan redondo para arrancar el fin de semana de Entroido con fundamento.
| Sala Bar FM |
Casa Marabina: paciencia, producto y cocido hasta después del Día del Padre
Pocos platos cuentan Galicia como el cocido. No es solo una receta de invierno: es una manera de reunirse, de respetar los tiempos y de entender que la cocina buena no tiene prisa. En el área coruñesa, uno de los nombres que más suena cada temporada es el de Casa Marabina, en Ledoño (Culleredo), donde Mailin Romero ha convertido este clásico en cita fija del invierno.
Aquí la campaña empieza pronto —ya en noviembre— y tiene fecha de caducidad bastante clara: hasta el fin de semana siguiente al Día del Padre. El cocido no se improvisa. Exige planificación, compras cuidadas y horas de fuego lento. Muchas horas.
Reserva en fin de semana, menú especial los jueves
Los fines de semana el servicio es bajo reserva, algo lógico cuando lo que se cuece necesita tiempo y organización. Entre semana, la tradición se concentra los jueves en un menú especial de cocido que permite mantener la esencia sin desbordar la cocina.
El precio ayuda a que la mesa se llene: unos 16,50 euros el menú semanal. En fin de semana hay varias versiones según extras, pero el completo es el rey indiscutible. Por un par de euros más, la mayoría lo quiere “con todo”. Y cuando decimos todo, es todo.
Cerdo manda, el tiempo decide
La base es clara y sin atajos: cachola ahumada, panceta, costilla, lacón y chorizo. La ternera o el pollo pueden sumarse a petición, aunque no es lo habitual. Aquí manda la tradición.
El secreto, dice Romero, es sencillo de explicar y difícil de ejecutar: paciencia. Cada carne tiene su tiempo exacto de cocción. No hay aceleradores posibles si se busca sabor profundo y textura en su punto.
Y luego están las verduras. Grelos recién cortados, fresquísimos, jugosos y tiernos. Si pasan un par de días, ya no son lo mismo. Para quien prefiera repollo, también hay opción. Flexibilidad sin traicionar la receta.
Cocido para compartir
El perfil del público confirma lo que todos sabemos: el cocido es experiencia colectiva. Familias y grupos de amigos, muchos conscientes de que prepararlo en casa es una pequeña odisea. Además, los menores de ocho años no pagan, detalle que convierte el plan en sobremesa larga sin mirar el reloj.
La secuencia se respeta como manda el ritual gallego: primero la sopa, después carnes, patatas, garbanzos y verduras. Orden sagrado. Y luego, claro, conversación.
En tiempos de prisas y cocina exprés, propuestas así recuerdan algo muy nuestro: cuando el producto es bueno y el fuego va despacio, la tradición no pasa de moda.
Porque en Galicia el cocido no solo alimenta. Reúne. Y eso, en febrero —o en noviembre— vale más que cualquier disfraz de Entroido.
Marea de fantasía en A Coruña en el desfile de carnaval más reivindicativo.

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