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viernes, 8 de mayo de 2026

Teleférico en el puerto. De aquella bola cristalina, estos cables oxidados

 Ay, Koruña, Koruña… Otra vez estamos aquí.

Mientras la ciudad se prepara para gastarse unos cuantos millones en el Máster Plan de Coruña Marítima, ya tenemos la primera propuesta estrella: un teleférico sobrevolando el puerto. Sí, señores. Porque lo que realmente nos faltaba en esta bahía era ver a la gente colgando de un cable como si fuéramos un parque temático de segunda.
Los arquitectos Xosé Manuel Casabella y Alfredo Sellier, con toda su buena intención y su currículum internacional, nos proponen una maravilla aérea que conectaría O Parrote con los muelles. Una idea “rimbombante”, como dirían los abuelos. Inspirada, según ellos, en éxitos de Londres o Río. Claro, porque A Coruña es exactamente igual que Río de Janeiro. Faltaba decirlo.
Las líneas amarillas represetan el trayecto del teleférico. 

Y aquí viene lo mejor: mientras nos venden este futurista proyecto como la salvación del frente marítimo, tenemos en la retina dos joyitas recientes que nos recuerdan cómo acaban aquí estas genialidades:

  • El ascensor esférico del Monte San Pedro, esa bola de cristal que iba a ser el icono turístico del siglo XXI. Inaugurado con bombo y platillo, cerrado desde hace más de tres años, oxidándose, lleno de polvo y con cristales rotos. Un monumento al “esto lo arreglamos mañana”. Hoy es poco más que un caro pisapapeles esférico con vistas al olvido. Una de las grandes ideas de Paco Vázquez con la que le ponía la guinda a su gran obra maestra, el paseo marítimo que hasta no hace mucho obstentó el récord de ser el más largo de Europa.  hoy es, literalmente, un "trasto" de cristal que nos recuerda que lo difícil no es construirlo, sino mantenerlo en una ciudad donde el salitre se come hasta el orgullo.
  • Aquel enorme artefacto que subía desde la última ampliación del paseo hasta la cima del Monte San Pedro se completaba con el nuevo obelisco, el del Milenium, monrtado a lo monolito de 2001, iniciando el nuevo milenio, una nueva era. Lamentablemente, lo que iba a ser el local de hostelería con las mejores vistas de la ciudad, en su base, acabó siendo destruido en varias ocasiones por los fuertes temporales. Hoy, olvidado y dado por perdido mientras no termine por derruirse todo, es morada de sintechos y ratas. Algo se recuperó, las instalaciones eléctricas, para alumbrar el monumento que estuvo años en total oscuridad. Más arriba, una gran cúpula coronaba el parque. La desidia hizo que ese hermoso edificio, con unas impresionantes vistas, acabara cerrándose por las filtraciones de agua que acabaron por oxidarlo todo con la ayuda del fuerte viento y la salitre. Sin un mantenimiento adeucado el edificio se cerró hasta que lo rescató Zara el año pasado que lo remozó para celebrar su 50 aniversario. Y ya no se supo más, la empresa de moda ya parece que después de la efeméride se ha desecho de todo, hasta de su primera tienda, por lo que lamentablemente volveremos a ver como se cierra la cúpula entre el abandono y la falta de interés por parte del Ayuntamiento. 
La futurista infraestructura del ascensor fue languideciendo desde su inauguración por el alcalde Losada en 2007. Ya antes de su puesta en funcionamiento, empezó a dar sus grandes problemas. Dicen que hasta el mismo alcalde tuvo que improvisar una salida arriesgada de la esfera en los preparativos de su presentación. Desde entonces no ha parado de ser un quebradero de cabeza para el Ayuntamiento. 

  • El tranvía turístico, otro de los complementos del Paseo Marítimo, que solo sirvió para que los visitantes dieran cuatro vueltas en verano y luego… adiós muy buenas. Descarrilamientos, pérdidas económicas y, finalmente, enterrado por el propio ayuntamiento. Hoy solo quedan raíles que van desapareciendo bajo el asfalto como prueba de un sueño que duró lo que un helado en agosto.
Los tranvías de la ciudad se pudren tras vivir un periodo de tiempo como un gran reclamo turístico pero no convencer a los koruñeses.


¿Y ahora nos proponen un teleférico?
Imagínense dentro de cinco o seis años con los antecedentes mencionados: cabinas paradas en medio de la bahía porque “fallo técnico”, viento de poniente que las menea como maracas, mantenimiento que cuesta un riñón y un presupuesto que nadie quiere explicar. Mientras tanto, los tanques de petróleo convertidos en “espacios culturales” (que probablemente acaben siendo otro centro vacío).
Visión desde el interior del tranvía del puerto. 

La propuesta del teleférico suena a lo mismo:
  1. El Salitre: si el ascensor de San Pedro sucumbió a la corrosión, ¿qué le pasará a unos cables y cabinas suspendidos sobre el agua salada del puerto las 24 horas?

  2. El Nordés: ya vemos a los turistas balanceándose como péndulos cada vez que el viento sople con ganas en la bahía. ¡Eso no es transporte, es una atracción de feria extrema!

  3. La Utilidad: ¿realmente necesitamos sobrevolar el puerto o lo que necesitamos son accesos peatonales dignos, transporte público que funcione, desde buses a trenes, y menos "brilli-brilli" arquitectónico.

La Reflexión: en Koruña tenemos la costumbre de enamorarnos de proyectos fotogénicos que envejecen fatal. Antes de tirar cables por el cielo, quizá deberíamos arreglar lo que ya tenemos en tierra... o en el mont


Koruña no necesita más proyectos estrella para salir en las fotos. Necesita cosas que funcionen, que duren más de dos veranos y que no se conviertan en chatarra cara pagada con dinero de todos.
Pero bueno… ¿para qué aprender de los errores cuando podemos repetirlos con más altura y mejor vista?
Que venga el teleférico. Total, ya tenemos experiencia en coleccionar cadáveres ilustres junto al mar.

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