Si la inseguridad empieza a marcar el pulso de los barrios, la movilidad amenaza ahora con paralizar directamente la ciudad. Koruña encara una semana que no debería pasar desapercibida: siete días en los que desplazarse dejará de ser algo cotidiano para convertirse, en muchos casos, en una prueba de paciencia. Y lo más preocupante no es cada problema por separado. Es la suma.