En medio del ruido, de la guerra que vivimos en la ciudad en cada barrio —del tráfico colapsado, de la inseguridad creciente, del desgaste cotidiano, del negligente gobierno municipal— Koruña encuentra todavía un refugio donde mirarse con orgullo: su deporte. Pero ni siquiera ahí hay certezas absolutas. Este año, los tronos no están asegurados. Se disputan.