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lunes, 16 de marzo de 2026

Inés Rey retira a la ciudad del Mundial 2030

El proyecto mundialista de Koruña ha terminado hoy, después de que este gobierno local haya estado durante años dando aliento a una candidatura que nunca tuvo una base real. Solo faltaba que hubiera una confirmación oficial y se produjo el 16 de marzo, dos días antes de que la comisión de la FIFA visitara la ciudad y confirmara la incapacidad del Ayuntamiento para realizar las tareas programadas según las exigencias que se marcaron hace ya 4 años a las 11 sedes de España. 

Bochornoso y esperpéntico momento

Se presentaba Inés Rey en la mañana del lunes 16 en María Pita acompañada por el presidente del Deportivo, Juan Carlos Escotet. En los dos años anteriores desde que Escotet decidió ser presidente del Dépor, nunca antes habíamos visto que la alcaldesa y el mayor accionista de la entidad blanquiazul habían hecho una declaración así, ni nadie se lo imaginaba. 


La necesidad política de Inés Rey la ha obligado a tragar el sapo de acordar algo con Escotet y encima presentarse con él en María Pita para enterrar las hachas de guerra y firmar un acuerdo de colaboración más increíble que el del Mundial. Ella puede que con esta huída hacia adelante, sustituyendo una sede de un acontecimiento como un Campeonato del Mundo de Fútbol por una nueva promesa de mejorar de todo el conjunto de Riazor, se salve del descalabro político, al menos momentáneamente. Pero qué gana Escotet exponiéndose a quedar mal retratado siendo partícipe del espectáculo que ha montado Rey para justificar la renuncia a ser sede mundialista. Solo se me ocurre una razón, una de la razones de más peso que frenó la aspiración mundialista: cesión de los derechos de explotación del estadio, o sea, Inés Rey para salvar su cuello ha optado por ceder ante el banquero venezolano y renunciar a su lucha de izquierdas contra el capitalista por mantener el control sobre el estadio. Antes que dimitir, que sería lo más coherente, después de fracasar en uno de sus principales motivos expuestos en su actual legisltatura, vendido como el impulsor de un gran transformación de la ciudad, no solo del estadio. 

Una mentira tapada con otra

Inés Rey ha decidido retirar a la ciudad del Mundial por la escasa capacidad económica del Ayuntamiento para afrontar el reto y la ausencia de los esperados inversores privados. Después de 4 años vendiendo la moto de la viabilidad de la sede, ahora intenta colarle otra a los koruños: una reforma integral de toda la ciudad deportiva de Riazor. El chiste no hace falta explicarlo. Cómo es posible que tenga la desfachatez de hacer una promesa parecida a la que acaba de sepultar. Tras mentir, aún creerá que tiene algún crédito. Solo los más ingenuos o recién legadas a la ciudad podrían ser engañados por Inés. 

Pero es que lejos de admitir su negligente gestión, encima nos intenta convencer que la nueva reforma (de la que nadie sabe nada) será hasta más útil que la prometida para el Mundial, acontecimiento que para Inés ya no tiene el impacto e importancia que ella mismo estuvo repitiendo para justificar el gasto de más de 100 millones, con sus grandes cambios urbanísticos que iban a marcar una era o el gran escenario para macroconciertos que colocarían a Koruña en el mapa de los circuitos de los más destacados cantantes y grupos musicales en todo el mundo. 

¿Quién pierde?

El ignomioso acto sufrido por la ciudad la deja tocada en su imagen exterior por esa incapacidad demostrada para que en ella se organicen acontecimientos de un gran nivel como un Campeonato Mundial de Fútbol. Esa falta de seriedad, de informalidad, de improvisar tan chapuceramente resta mucha confianza a quién quiera organizar algo de cierta complejidad en Koruña. Y va a pasar mucho tiempo hasta que se vuelva a tener la oportunidad de que esta ciudad pueda participar en algún acto o acontecimiento de gran relevancia, un Mundial desde luego que nadie vivirá para volver a verlo en Koruña. Por lo tanto, Koruña se ve relegada a ser una ciudad apartada en el extremo del noroeste español con más pena que gloria, en una derrota histórica que marca un precedente en su camino de retroceso o en su estancamiento secular, que se va a apartando de todas las rutas de  interés a las que siempre se aspiró pertenecer. Una urbe cada día más de segunda como demuestra con estos hechos, o mejor dicho con este hecho. (Cada vez que lean que Koruña es el motor de Galicia y eso que genera el 50% de la riqueza de Galicia, un chupito de aceite de ricino purgante de chovinismo koruñés, junto al recordatorio de este momento). 

De la misma manera que se ha renunciado a afrontar un reto tan complejo como el de un Mundial (aunque fuera de una sede marginal), puede pasar lo mismo con la necesidad de afrontar con ambición la crisis del futuro del puerto, endeudado tras la construcción del Puerto Exterior o la de Alvedro, en situación crítica por la obligación de seguir invirtiendo más dinero público para que no escapen todas las compañías aéreas con las que se logra superar el millón de pasajeros. Cada día cobra más fuerza el argumento de centralizar todo el tráfico de pasajeros en el Aeropuerto de Lavacolla. Si es cierto como dice Inés que no van a ceder a los chantajes de las compañías aéreas y que las arcas municipales están muy vacías, el futuro que le espera al aeropuerto de Alvedro no parece nada optimista.  Esperemos que no salga un día como hoy, diciendo que para ir a Madrid ya tenemos el AVE y que no quiere hipotecar la ciudad por el lujo de tener un aeropuerto. 

Y quién más puede verse perjudicado es el mismo Estadio de Riazor, que permanenecerá igual hasta que se caiga como pasó con parte de la cubierta, cuando fue inevitable hacer algo. Tras el enésimo intento de reforma integral fracasado, solo toca ver cómo el último que ahora es el del postmundial, vuelve a quedarse donde empezó, en un discurso de botafumeiro o en unos cambios a lo Escotet, unos vinilos por aquí, unas manos de pintura por allá,  un nuevo césped y a correr. 

Mientras tanto más al sur, Vigo se postula como la nueva sede de Galicia con un macro estadio y es posible que así sea. 

Mientras tanto, en María Pita, Inés sigue tranquila, sabe que muchos de sus votantes han celebrado su decisión. Aunque parezca increíble, la mediocridad de sus votantes todavía le siguen dando la oportunidad de continuar durante 4 años más y ahí está agarrada al carguito sin pensar en el daño causado sobre la ciudad que está destrozando, una afrenta de las que no se han vivido desde aquella pérdida de la capitalidad a principios de los 80 del siglo pasado. 

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