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miércoles, 29 de abril de 2026

¿Progreso o crueldad? Echamos de menos a Fermín y a Altair en el acuario

 Llegó Jinzi al Aquarium Finisterrae y, como quien no quiere la cosa, se llevaron a dos de las nuestras: Fermín (17 años) y Altair (23 años). Ahora están en Valencia. A cambio nos mandaron un chaval de cinco años que pesa 80 kilos y que, según dicen, viene a “renovar la genética”.


Y sí, ya sé lo que van a decir los de siempre: que es necesario, que había endogamia, que el grupo estaba viejo, que Hansi ya tiene 28 años y que el último cachorro nació en 2009. Todo eso es verdad. Técnicamente tienen razón.
Pero también es verdad otra cosa: que nos duele.
Fermín y Altair, esta gran foca que tan buenos momentos nos ha hecho pasar con sus fotos, que ha llevado en Koruña toda una vida, toda la vida del acuario, era todo un símbolo para el acuario y la ciudad.. Eran parte del paisaje del Aquarium, como Hansi, Petra o Lara. Eran nuestras focas. Las que veían muchos koruñeses desde pequeños, las que reconocíamos al pasar. Eran parte de nuestra familia, a las que se iban a visitar de vez en cuando junto a la Torre, como el que va a la casa de sus tíos o abuelos. 
Y de repente, un buen día, las meten en un camión y se las llevan a 900 kilómetros de distancia.
¿Era imprescindible mandar precisamente a Altair, que ya tiene 23 años? ¿No había otra forma de hacer el intercambio sin mover a un animal tan mayor? Cambiar de piscina, de cuidadores, de grupo y de rutina a esa edad no debe ser ninguna fiesta para la foca, por mucho que digan que “se ha adaptado bien”.
Claro que el grupo necesitaba sangre nueva. Nadie lo discute. Pero eso no quita que el traslado sea un estrés importante para los animales. Y menos aún cuando se trata de ejemplares que ya tienen una edad respetable.
¿De verdad hace falta mandar a una foca "jubilada" a cruzar España entera? A esa edad, uno lo que quiere es estar tranquilo en su casa, no que lo metan en un programa de "First Dates" marino en el Mediterráneo.


Al final, esto es lo que tiene tener animales en cautividad: que se gestionan como ganado de zoológico. Se mueven de un lado para otro según interese a los programas de cría, aunque a los que venimos a verlos nos duela. Nos venden la historia bonita de que “así podrán volver a criar”, pero mientras tanto perdemos a dos focas que ya eran parte de la ciudad.
Yo entiendo la necesidad técnica. Pero también entiendo a la gente que está jodida viendo que se llevaron a Fermín y a Altair.
 Ponen a Jinzi como si fuera el último fichaje estrella del Dëpor, en este caso del Aquarium, pero lo que sentimos es que nos han robado un trozo de nuestra memoria sentimental. Nos dicen que "es necesario para progresar" mientras nos arrancan lo que nos hace sentirnos en casa.
La "Rabuňada": Gestión de ganado, no de sentimientosEsta es la marca de la casa del Gobierno de Inés Rey: los números antes que las almas.
  • Sin despedidas: lo hacen "como quien no quiere la cosa". Un día están y al otro no. Ni un "adiós", ni una explicación a los niños que iban a verlas cada fin de semana, ni una celebración por los años de vida entre nosotros dando siempre su imagen como la mejor cara de esta ciudad, mejor que la de muchos políticos y tanta gente que ha hecho tanto mal.
  • El "test de estrés" animal: nos venden que Jinzi es el futuro, pero lo que sentimos es que nos han robado un trozo de nuestra memoria sentimental. Es lo mismo que con el concierto o con el Agra: nos dicen que "es necesario para progresar" mientras nos arrancan lo que nos hace sentirnos en casa.

¿Y tú? ¿Te parece un mal menor necesario o te parece que, de vez en cuando, se pasan un poco con estos cambios?

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