Crear un paseo fluvial o un parque forestal queda muy bien en la foto del folleto municipal. Vende un modelo de comarca verde, saludable y volcada con el bienestar vecinal. Sin embargo, en la zona metropolitana de A Coruña parece existir una máxima no escrita entre los ayuntamientos: inaugurar infraestructuras naturales es prioritario; mantenerlas con vida, completamente opcional.
Lo que debería ser una red de senderos para hacer deporte, pasear a las mascotas o atajar entre parroquias sin pisar la carretera se está convirtiendo, en demasiados puntos de la comarca, en un circuito de obstáculos o en una sucesión de remiendos temporales.
Oleiros: el Bosque dos Veciños y la carrera de obstáculos
El caso del Bosque dos Veciños, en Oleiros, es un ejemplo claro de cómo la falta de mantenimiento degrada un espacio de alto valor. Esta gran masa forestal, utilizada por muchos vecinos para conectar Montrove con Liáns y evitar el tráfico rodado, presenta tramos donde el paseo se convierte en una prueba de agilidad.
| La senda del camino está llena de maleza y ramas caídas. Foto de La Voz de Galicia |
Tal y como denunciaban recientemente los propios usuarios, recorrer la pasarela requiere precaución extrema: rampas de madera carcomidas y resbaladizas por el verdín, vallas provisionales que cortan accesos por peligro de rotura y ramas caídas que obligan a saltar para seguir el camino. La accesibilidad universal ha saltado por los aires; transitar con carritos de bebé o personas con movilidad reducida es sencillamente imposible en varios puntos, mientras la maleza engulle accesos como el próximo a la avenida Ernesto Che Guevara. La madera da la sensación de ceder bajo los pies y la respuesta municipal, hasta ahora, ha sido poner vallas antes que soluciones.
| Un puente en un estado lamentable que lo hace ademas de intransitable, muy peligroso. Foto de La Voz de Galicia |
Culleredo: el parcheo eterno en el Río Trabe
Si en Oleiros el problema es estructural y de integración forestal, en Culleredo la tónica es la desidia preventiva. El paseo del Río Trabe no presenta el nivel de maleza u obstáculos de Oleiros, pero sufre un mal crónico muy conocido por los vecinos de la zona: la degradación progresiva de su trazado asfaltado.
En lugar de acometer un plan integral de conservación del firme para una ruta de alto uso diario, la gestión se limita a parches esporádicos. Un remiendo sobre el asfalto desgastado cuando el socavón ya es evidente, una solución provisional que no evita que el pavimento vuelva a agrietarse a las pocas semanas por la humedad y el uso.
Cortar la cinta no basta
Estos dos ejemplos no son casos aislados, sino el reflejo de un patrón comarcal: los concellos del área metropolitana invierten recursos en la ejecución de rutas y sendas verdes, pero carecen de brigadas de mantenimiento continuas para preservarlas en buen estado.
El resultado es una contradicción constante. Se promociona la naturaleza y el ejercicio al aire libre mientras la ciudadanía se ve obligada a sortear madera podrida, esquivar ramas o tropezar con el bache de turno. Las sendas de la comarca no necesitan más fotos de inauguración; necesitan conservación constante antes de que la maleza y el abandono terminen por cerrarnos el paso.
La casa del molino del Río Trabe: de joya etnográfica rehabilitada a ruina vandalizada e inundada
Si hay un punto que resume a la perfección esta cultura de la "inauguración y olvido", ese es la pequeña casa del molino de agua en el Paseo del Río Trabe, a su paso por Vilaboa (el conocido Muíño de Fonte da Balsa). Un elemento con historia que, tras ser rescatado y rehabilitado hace años con dinero público para poner en valor la arquitectura tradicional de la zona, se encuentra hoy sumido en el abandono más absoluto.
El estado actual de esta pequeña edificación es desolador:
Inundaciones sin control: El cauce del río y la falta de mantenimiento en el entorno provocan que el agua penetre e inunde periódicamente la estructura, deteriorando la piedra, las maderas y el engranaje sin que ninguna administración actúe para desviar o encauzar el flujo adecuadamente.
Vandalismo y graffitis: La ausencia total de vigilancia o cerramiento efectivo ha convertido el interior y el exterior del molino en blanco del incivismo. Muros repletos de pintadas, accesos forzados y restos de botellón o destrozos deliberados forman el paisaje habitual de un inmueble que debería ser motivo de orgullo vecinal.
Maleza y deterioro estructural: La vegetación sin controlar rodea la edificación, cubriendo accesos y acelerando la humedad en las paredes.
Muíño de Fonte da Balsa: un culebrón judicial, robos y la vergüenza de Vilaboa
Si hay un espacio que ejemplifica de forma sangrante el despropósito administrativo, el despilfarro de recursos y la desidia institucional en Culleredo, ese es el Muíño de Fonte da Balsa, en pleno paseo fluvial del Río Trabe a su paso por Vilaboa. La historia de este pequeño inmueble etnográfico no es solo la de una edificación abandonada: es un auténtico culebrón de ocupaciones ilegales, condenas judiciales, robos y promesas incumplidas.
1. Un parque sobre terreno ajeno: 60.000 euros de indemnización
El origen del problema se remonta a 2003, cuando el Ayuntamiento de Culleredo decidió habilitar el parque fluvial ocupando e incorporando al patrimonio municipal la finca donde se ubica el molino sin haber resuelto legalmente su propiedad. Aquella maniobra derivó en un largo litigio judicial que concluyó con una condena al Consistorio: las arcas públicas tuvieron que desembolsar 61.579,05 euros en indemnizaciones a los administradores concursales de la quebrada promotora EPAAT, dinero que acabó reclamando la entidad bancaria acreedora. Es decir, los vecinos pagaron dos veces: primero la obra y luego la sanción por una nefasta gestión urbanística.
2. El robo de la bomba y la condena al ahogamiento
Pese a que la Xunta de Galicia invirtió fondos en su restauración allá por 2015, la falta de seguridad convirtió la intervención en papel mojado en cuestión de meses. Los vándalos sustrajeron la bomba de achique instalada en el inmueble para mantener a raya el nivel del agua. Sin ese sistema de bombeo y sin reposición por parte municipal, el molino quedó a merced del río.
Desde entonces, el agua anega periódicamente el interior de la estructura, destruyendo la madera, pudriendo las paredes y haciendo inaccesible lo que debería ser un espacio de paseo.
| Pese a la protesta de los vecinos desde hace mucho tiempo, el Muíño sigue en ruinas. Foto de la Voz de Galicia. |
Hogueras, robos y destrucción: cristales rotos, muros repletos de graffitis, restos de botellón e incluso señales de hogueras encendidas junto a pasarelas de madera a las que les faltan listones completan el paisaje diario.
3. «Vilaboa da vergüenza»: la indignación vecinal frente al balón fuera
El deterioro llegó a tal punto que la propia ciudadanía tuvo que alzar la voz con pancartas en el entorno bajo el lema «Vilaboa da vergüenza», recordando que en ese edificio llegó a jugar toda una generación y que su estado actual es «calamitoso».
La respuesta del gobierno local ha fluctuado durante años entre la excusa y la promesa vacía. Primero fue la alegación de "dudas jurídicas sobre la titularidad" y el reparto de culpas con Augas de Galicia sobre quién debía limpiar el cauce. Más tarde llegaron los anuncios a bombo y platillo: proyectos de regeneración fluvial para optar a subvenciones europeas o de la Fundación Biodiversidad, prometiendo transformar el maltrecho molino en un flamante Centro de Interpretación Ambiental con paneles explicativos.
Sin embargo, los años pasan, los proyectos se quedan en las notas de prensa y la realidad sobre el terreno sigue siendo la misma: una pequeña joya etnográfica sumergida en el agua, tapada por la vegetación desmadrada y entregada al vandalismo.
| Interior del molino totalmente destrozado. Foto de La Opinión Coruña |
¿Qué se hace en países civilizados con este patrimonio?
En muchos países del entorno europeo (como Francia, Reino Unido o Alemania), los antiguos molinos hidráulicos en corredores fluviales no se dejan pudrir mientras se dirimen litigios o se esperan subvenciones de última hora. Se aplican modelos de gestión proactivos:
Aulas de la naturaleza y ecomuseos: se recupera la maquinaria para realizar demostraciones didácticas a escolares sobre la molienda tradicional, el aprovechamiento histórico de las energías renovables y la etnografía local.
Centros de interpretación y biodiversidad: se aprovecha la infraestructura para albergar paneles, talleres y actividades sobre la flora de ribera y la fauna del río Trabe.
Dinámica comunitaria como escudo contra el vandalismo: la cesión o gestión del espacio para uso social o cultural genera una vigilancia natural constante. Un edificio con vida diaria, abierto a la ciudadanía, es la herramienta más eficaz y económica para disuadir cualquier intento de destrozo.
El sueño de Fonte da Balsa: de ruina anegada a aula viva de la naturaleza
Un espacio vivo frente a la ceguera institucional.
Los acuarios del Trabe: la fauna fluvial al alcance de la mano. Charcas de cría e incubadoras de anfibios
Cierre los ojos por un instante e imagine cruzar la puerta del Muíño de Fonte da Balsa. En lugar del olor a humedad rancia, las paredes manchadas de grafiti y los cristales rotos en el suelo, lo primero que percibe es el murmullo constante del agua limpia y el olor a vegetación de ribera cuidada. La luz natural entra por amplios ventanales reforzados, iluminando un espacio donde la historia etnográfica con el molino funcionando y la biología del Río Trabe se dan la mano.
En el centro del edificio, el antiguo engranaje de madera y las muelas de piedra han sido completamente restaurados. Ya no están sepultados por el lodo de las riadas, sino integrados en una pequeña canalización regulada que permite ver, mediante demostraciones en vivo, cómo la fuerza hidráulica convertía el grano en harina sin emitir un solo gramo de CO₂.
Pero el verdadero corazón de esta hipotética Aula da Natureza no es solo el pasado, sino la vida que fluye en el propio río.
A lo largo de las paredes de piedra vista, varios acuarios panorámicos de agua dulce recrean los microhábitats del tramo medio y bajo del río:
El ecosistema de la trucha: un acuario de corriente continua muestra a ejemplares de trucha común (Salmo trutta) nadando a contracorriente entre cantos rodados y musgo acuático, sirviendo como bioindicador visual de la salud e higiene de las aguas.
El tesoro del pez espinoso: Un espacio específico dedicado al pequeño y fascinante pez espinoso (Gasterosteus aculeatus), una especie emblemática de los arroyos gallegos. A través de cristales a la altura de los ojos de los niños, los visitantes pueden observar la curiosa conducta de esta especie, donde los machos construyen nidos con vegetación acuática y cuidan con celo la puesta de huevos.
Otras especies que fueron comunes en la zona como anguilas y salmones tambien podrían teenr su presencia en el centro de la naturaleza.
En una zona lateral dotada de luz ambiental controlada, una serie de charcas interioresy terrarios acuáticos graduados funcionan como centro de observación y recuperación de anfibios locales:
De renacuajo a metamorfosis: tanques transparentes permiten a las visitas escolares contemplar en tiempo real el ciclo de vida de ranas, sapos comunes y tritones (martañás). Desde la fase de huevo y el desarrollo de las branquias en los renacuajos, hasta la aparición de las extremidades.
Refugio de salamandras: Un pequeño módulo húmedo recrea el sotobosque de ribera, ideal para observar ejemplares de salamandra común (paspallás) y concienciar a las familias sobre la extrema vulnerabilidad de estos animales ante la contaminación y los pesticidas.
Unas charcas en el exterior: llenas de vida acuática con su flora y fauna
Imaginar esta escena no es fantasear con un proyecto de ciencia ficción ni con presupuestos millonarios inalcanzables. Es describir lo que cientos de pequeños municipios europeos hacen con sus molinos recuperados: transformarlos en minicentros de interpretación vivos, gestionados en alianza con colectivos ecologistas, universidades o escuelas taller.
Tener un edificio de estas características a las puertas de Vilaboa, capaz de recibir cada semana a decenas de cautivados escolares de la comarca, y mantenerlo en cambio como una pocilga anegada de agua, robada y vandalizada, es la prueba definitiva de la ceguera de nuestras administraciones. La diferencia entre una ruina indigna y una joya educativa no es el dinero: es la voluntad de no dejar que la historia y la naturaleza se pudran en la orilla.
El espejo de Ourense: la lección de Antonio Estévez y la vergonzosa excusa del Concello
Para comprender la magnitud de la desidia que sufre el Muíño de Fonte da Balsa en Vilaboa, basta con mirar hacia Ourense y conocer la historia de Antonio Estévez. Este apasionado de la herpetología ha demostrado durante más de 25 años que, cuando hay voluntad, respeto por la tierra y visión de futuro, no hacen falta burocracias infinitas para salvar el patrimonio natural.
En una finca particular de 10.000 metros cuadrados, Estévez creó con sus propios recursos el Centro para la Reproducción de Especies Amenazadas (CREA) Félix Rodríguez de la Fuente, un oasis biológico único en Europa donde conviven y se reproducen especies en peligro crítico:
Santuario de anfibios y reptiles: aprovechando antiguas pilas de agua medievales, el CREA ha logrado la reproducción en cautividad de tritones (como el jaspeado o el ibérico), salamandras, ranas, sapos y tortugas autóctonas para su posterior reintroducción en hábitats limpios.
Flora ibérica en riesgo de extinción: el centro alberga la única población viva en España del helecho acuático (Marsilea quadrifolia) —con sus características hojas en forma de trébol de cuatro hojas—, además del roble enano (Quercus lusitanica), manzanos silvestres y el auténtico níspero alemán. Su éxito ha sido tal que la propia Fundación Banco Santander apoya el proyecto desde 2015.
Recuperación del microhábitat: con una paciencia casi artesanal, Estévez ha integrado en su espacio desde estructuras térmicas e ingeniosos espantapájaros con espejos hasta una población de 19 luciérnagas en un sendero de apenas doscientos metros, un hito biológico extraordinario en la España actual.
Un contraste que saca los colores a las administraciones
La comparación entre la gesta privada de Ourense y la gestión pública en el Río Trabe resulta Demoledora:
| CREA Félix Rodríguez de la Fuente (Iniciativa Privada - Ourense) | Muíño de Fonte da Balsa (Iniciativa Pública - Culleredo) |
| Voluntad: 25 años de trabajo constante de un particular. | Inacción: Años de abandono, parches y disputas de titularidad. |
| Resultados: Única población viva de Marsilea quadrifolia en España y reproducción de tritones en pilas de piedra. | Resultados: 60.000 € tirados en indemnizaciones judiciales, robo de la bomba de achique e inundación crónica. |
| Impacto: Atracción de mecenazgo privado (Fundación Banco Santander) e interés científico europeo. | Impacto: Pancartas vecinales con el lema «Vilaboa da vergüenza», cristales rotos y paredes llenas de pintadas. |
Lo que Fonte da Balsa pudo ser y todavía podría ser
El Muíño de Fonte da Balsa lo tiene absolutamente todo para convertirse en una pequeña delegación costera de ese mismo espíritu conservador: cuenta con entrada de agua natural, una edificación de piedra histórica con encanto, un paseo fluvial transitado por miles de personas y un río como el Trabe que pide a gritos protección para sus truchas, peces espinosos y anfibios.
Imaginemos por un momento la diferencia: mientras en Ourense un ciudadano particular tiene que ingeniárselas para recrear pozas con piedras antiguas, en Culleredo ya existe la infraestructura histórica de piedra construida sobre el propio río. Solo hacía falta instalar un par de acuarios de corriente, habilitar charcas de observación didáctica para los colegios de la comarca y dotar al espacio de una vigilancia y uso continuo que ahuyentase al vandalismo.
La diferencia entre el éxito del CREA orensano y el fracaso de Fonte da Balsa no es una cuestión de presupuesto, de subvenciones europeas ni de fondos de la Fundación Biodiversidad: es la diferencia entre la pasión de quien ama su entorno y la ceguera de quienes gobiernan de espaldas a él.
Acea de Ama: 800 años de historia sepultados bajo la desidia institucional
Otro ejemplo calamitoso de este abandono comarcal es el Museo dos Muíños de Acea de Ama. Situado en la desembocadura del Río Trabe, este complejo alberga nada menos que el molino de mareas más antiguo de Galicia, con más de 800 años de historia. Junto a la Torre de Celas, constituye la joya etnográfica e histórica más relevante del municipio de Culleredo. Sin embargo, su realidad actual dista mucho de la de un referente cultural.
El inmueble permanece cerrado a cal y canto, atrapado en una sangrante contradicción: mientras la página web municipal sigue ofreciendo información desactualizada —dando a entender que es un espacio visitable—, la realidad sobre el terreno es la de una instalación clausurada, degradada y abandonada a su suerte.
Esta situación ha llevado el debate al propio pleno municipal de Culleredo mediante una moción del Partido Popular, en la que su concejal José Antonio Golpe Faraldo ha denunciado la inacción del gobierno local. La combinación entre la falta de mantenimiento continuo y el vandalismo sin freno ha convertido un patrimonio del que la comarca debería presumir en un monumento a la desatención pública.
Un diagnóstico de abandono estructural
El cierre definitivo del museo no ha sido un hecho puntual, sino la consecuencia de años de desinterés:
Deterioro por falta de conservación: Un edificio histórico de estas características, sometido a la humedad constante de la ría y a las mareas, requiere un plan de mantenimiento continuo. La ausencia de inversiones ha provocado que la estructura deje de ser un espacio seguro para el público.
Falta de personal y gestión: Se eliminó el servicio activo de guías y la programación estable, reduciendo durante un tiempo las visitas a citas puntuales concertadas para grupos, hasta el cese total de la actividad.
Pérdida del valor educativo: Se han suprimido por completo las visitas de colegios e institutos que durante años permitían a las nuevas generaciones aprender sobre la ingeniería hidráulica tradicional y la historia local.
¿Qué necesita el molino para volver a estar vivo?
Para revertir esta ruina anunciada no bastan las promesas. La recuperación del Museo de Acea de Ama exige una actuación integral urgente:
Rehabilitación física y de entorno: Acondicionamiento urgente de las fachadas, reparación de maderas y limpieza de los accesos invadidos por la vegetación.
Medidas de protección y vigilancia: Instalación prioritaria de sistemas de seguridad para proteger el inmueble de pintadas, destrozos e intrusiones vandálicas.
Dinamización cultural y educativa: Dotar al espacio de un proyecto museográfico atractivo, con exposiciones temporales, talleres y la reactivación del programa de visitas escolares.
Un ayuntamiento que invierte dinero público en rehabilitar su patrimonio para después candarlo y dejar que se pudra no solo desperdicia recursos: está privando a los vecinos de un derecho cultural básico. Desde las ramas caídas que obstaculizan el paso en el Bosque dos Veciños de Oleiros hasta el cerrojo puesto a 800 años de historia en Culleredo, la lección es la misma: la belleza natural y patrimonial de nuestra comarca se está ahogando por la falta de un compromiso público real con su mantenimiento.
Desde las ramas sin recoger que cortan el paso en el Bosque dos Veciños de Oleiros hasta las piedras de 800 años tapiadas en Acea de Ama y el molino ahogado de Vilaboa, el diagnóstico de la comarca es demoledor. Las sendas verdes y los elementos etnográficos del área metropolitana de Koruña no están muriendo por el paso del tiempo; están muriendo por la dejadez institucional de quienes prefieren cortar la cinta de inauguración hoy y olvidarse por completo del día de mañana.
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