El empate en el Molinón sabe a poco. El Deportivo después de una muy buena segunda parte consiguió empatar en los 10 últimos minutos y estuvo a punto de ganar, mostrando que el Deportivo parece llegar al final del campeonato mostrando la fuerza que durante algunas partes del campeonato le pareció fallar y con ella se dirige hacia los puestos de ascenso directo.
El partido empezó como la gestión de nuestra alcaldesa: con un error de bulto y falta de concentración.
El mazazo (Min. 15): una falta de Dani Barcia en la frontal (que olió a roja) permitió a Juan Otero clavar un misil en el palo de Ferllo. El portero, que venía de salvarnos la semana pasada, se "comió" el palo corto. Quizás estaba pensando en cómo volver a Coruña hoy con la huelga de handling de Alvedro.
El desierto blanquiazul: la primera parte fue un quiero y no puedo. Posesión estéril, ritmo lento y un Sporting cómodo defendiendo su botín. Parecía que el Dépor se contagiaba de la parálisis que sufre María Pita: mucho balón, pero cero ideas.
2. La metamorfosis de Hidalgo: Valentía vs. Postureo
A diferencia de Inés Rey, que se queda muda en los plenos más determinantes, Hidalgo sí movió ficha. Al descanso quitó a Villares para meter a Mulattieri. El mensaje fue claro: vamos a por ellos.
El factor Yeremay: con la entrada del "10" y Quagliata, el Dépor empezó a morder. Yeremay, con el corazón en la boca, forzó la falta que lo cambió todo.
El Redentor Barcia (Min. 80): Luismi puso música en el área y Dani Barcia, el mismo que cometió la falta del 1-0, se elevó para mandarla a guardar. Empate y locura en la grada koruñesa. Del infierno al cielo en 80 minutos.
Los últimos minutos como siempre, el Deportivo echó toda la carne en el asador y volvió a mostrar esa superioridad en la recta final sin conseguir esta vez la victoria.
3. La odisea de la afición: héroes en un desierto de transportes
Lo más increíble de ayer no fue el gol, sino los miles de deportivistas que se plantaron en Gijón.
¿Cómo llegaron? Es un misterio digno de Íker Jiménez. Con el tren a Barcelona saliendo de Vigo, la estación de San Cristóbal cortada y sustituida por buses, y Alvedro convertido en una ratonera sin taxis, llegar al Molinón fue una gesta superior a ganar la Champions.
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