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miércoles, 25 de marzo de 2026

Koruña colapsada: una ciudad que no puede moverse

 Si la inseguridad empieza a marcar el pulso de los barrios, la movilidad amenaza ahora con paralizar directamente la ciudad. Koruña encara una semana que no debería pasar desapercibida: siete días en los que desplazarse dejará de ser algo cotidiano para convertirse, en muchos casos, en una prueba de paciencia. Y lo más preocupante no es cada problema por separado. Es la suma.

Primero, la protesta del sector del taxi. Un colectivo entero en pie de guerra, denunciando la inacción institucional frente a las VTC y tomando las calles en una marcha que atravesará buena parte del corazón urbano. Desde el Obelisco hasta O Parrote, pasando por arterias clave, la ciudad quedará, durante horas, literalmente bloqueada.

No se trata de cuestionar el derecho a manifestarse. Se trata de asumir la realidad: cuando un servicio esencial protesta, es porque algo lleva tiempo sin funcionar. Y cuando lo hace ocupando las principales vías, el impacto lo paga toda la ciudadanía.

Pero esto es solo el principio.

Días después, el cierre de la estación de tren durante dos jornadas completas. Una infraestructura clave fuera de servicio, afectando a conexiones con Vigo, Santiago, Ferrol, Lugo e incluso Madrid. La solución: trasbordos por carretera, autobuses improvisados, taxis como parche. En otras palabras, más tiempo, más incertidumbre y más presión sobre unas vías que ya estarán al límite.

Y por si fuera poco, el golpe final: el corte de la avenida de A Pasaxe.

Una de las arterias fundamentales de acceso al Chuac y de conexión con el área metropolitana quedará parcialmente inutilizada. Desvíos, túneles cerrados, tráfico redirigido por carriles laterales y alternativas que, sobre el papel, parecen viables… pero que en la práctica amenazan con convertirse en embudos permanentes.

La propia previsión oficial lo admite: riesgo de colapso en puntos clave como Matogrande.

Es aquí donde la pregunta deja de ser retórica: ¿cómo es posible que todo esto coincida en la misma semana?

Manifestaciones, obras ferroviarias y cortes de tráfico de gran impacto. Tres factores de enorme peso concentrados en apenas unos días. No es mala suerte. Es, como mínimo, una preocupante falta de coordinación.

Porque una ciudad no se gestiona solo reaccionando a los problemas, sino anticipándolos. Y lo que se percibe desde fuera es justo lo contrario: decisiones que se solapan, infraestructuras que fallan al mismo tiempo y ciudadanos obligados a adaptarse como pueden a un escenario cambiante y cada vez más caótico.

Mientras tanto, miles de koruñeses tendrán que reorganizar sus rutinas: salir antes de casa, asumir retrasos, cambiar rutas sobre la marcha o, directamente, renunciar a ciertos desplazamientos. Lo que debería ser una excepción se convierte así en norma durante una semana entera.

Y todo esto ocurre en una ciudad que ya arrastra dificultades estructurales en su movilidad: tráfico denso en horas punta, accesos saturados y dependencia casi total del vehículo privado en muchas zonas del área metropolitana.

Lo que viene estos días no crea el problema. Lo expone.

Koruña necesita moverse para funcionar. Para trabajar, para estudiar, para vivir. Pero cuando las infraestructuras fallan al mismo tiempo y la planificación no acompaña, lo que se resiente no es solo el tráfico: es el ritmo entero de la ciudad.

Quizá lo más inquietante no sea el caos puntual de esta semana, sino la sensación de que podría repetirse. Porque cuando una ciudad entra en dinámica de parches y urgencias, salir de ella exige algo más que soluciones improvisadas.

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