Si usted camina hoy por Koruña y siente que el aire quema más y el paisaje es más gris, no es una sensación térmica: es el resultado del plan de tala masiva de un Gobierno Local que parece odiar todo lo que tenga raíces. Mientras el Liceo levanta copas y la Torre de Hércules se oscurece por falta de permisos, el Ayuntamiento se dedica a lo que mejor sabe hacer: el exterminio del patrimonio natural.
Santa Margarita: Una "masacre" a la sombra del Pazo
Los vecinos han estallado. Imágenes de pilas de madera de pinos centenarios (ejemplares que llevaban casi 100 años creciendo) son el testimonio mudo de una "mejora integral" que huele a serrín y desidia.
La excusa: "riesgo de caída". El comodín perfecto para no invertir en mantenimiento preventivo.
La realidad: cortan los pinos porque tienen procesionaria y no saben (o no quieren) tratarla. Pero, curiosamente, dejan los eucaliptos invasores. ¿La solución de Inés Rey para un árbol enfermo? La guillotina
| Inés Rey va a montar una empresa madedera para desconsuelo de los usuarios de Santa Margarita que ven como desaparecen los pinos centenarios. |
El cementerio de palmeras: de Alfonso Molina a Santa Lucía
El picudo rojo campa a sus anchas por la ciudad mientras el concejal de turno mira hacia otro lado o brinda en San Patricio. Las palmeras de Linares Rivas, Pajaritas y Santa Lucía están siguiendo el camino del hacha.
Nos dicen que las sustituirán por magnolios para dar "un toque de color". Lo que no nos dicen es que una palmera de 40 años aporta un valor ecológico y estético que un arbusto recién plantado no igualará en décadas.
Es el triunfo de la plaga sobre la prevención. Se han quedado cruzados de brazos mientras el insecto asiático devoraba el perfil de nuestra entrada a la ciudad.
El precedente del horror: San Carlos
No olvidamos el crimen de los olmos en el Jardín de San Carlos. Aquel rincón romántico, joya de la ciudad, fue mutilado bajo el mismo pretexto. El resultado es un jardín desalmado, donde la sombra histórica ha sido sustituida por el vacío de una gestión que no entiende de patrimonio, ni verde ni de piedra.
| Sin olmos centenarios en el Jardín de San Carlos. |
Para entender por qué no nos creemos las "razones de seguridad" en Santa Margarita, hay que mirar hacia la Ciudad Vieja. Lo que hicieron en el Jardín de San Carlos fue un atentado contra un Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Jardín Histórico:
Los Olmos Centenarios: el jardín era famoso por sus ejemplares de Ulmus pumila, que daban una bóveda vegetal única en Europa, protegiendo la tumba de Sir John Moore. Eran árboles que habían sobrevivido a guerras, temporales y plagas... hasta que llegó la gestión de Inés Rey.
La "Poda de la Muerte": bajo el pretexto de una "restauración", sometieron a los olmos a unas podas tan agresivas y fuera de tiempo que debilitaron su sistema inmunitario. No los salvaron de la grafiosis; les abrieron la puerta con una gestión técnica nefasta.
La pérdida de la Sombra Romántica: el jardín ha pasado de ser un lugar de recogimiento, sombra y frescor, a ser una explanada desalmada. El microclima que esos árboles generaban en la Ciudad Vieja ha desaparecido.
Sustitución por "Bonsáis": han plantado ejemplares jóvenes que tardarán 80 años en dar la imagen que tenía el jardín. Es el triunfo del "postureo" sobre el patrimonio: una foto con un arbolito recién plantado para tapar que te has cargado un gigante centenario.
"No nos vengan con cuentos de 'seguridad' en Santa Margarita, porque ya conocemos su modus operandi. Lo que están haciendo con los pinos es lo mismo que le hicieron a los Olmos de San Carlos: una gestión basada en la motosierra porque es más barata que el mantenimiento.
En San Carlos mataron la poesía de la Ciudad Vieja. Destrozaron la bóveda verde que abrazaba a Sir John Moore y nos dejaron un jardín de cartón piedra. Aquella fue la primera gran mentira verde de Inés Rey: decir que 'intervenían para salvar' cuando lo que hacían era certificar una defunción por falta de cuidados previos.
Señora alcaldesa, deje de prometer "plantaciones de 43 árboles nuevos" que tardarán medio siglo en darnos la sombra que usted nos está quitando hoy. Koruña no quiere magnolios de adorno para sus fotos de Instagram; quiere sus pinos, sus olmos y sus palmeras. Quiere una ciudad viva, no este escenario de guerra botánica en el que ha convertido nuestros parques.
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