Koruña tiene un problema y es que en María Pita hay alguien que cree que la luz al final del túnel es el brillo de una jarra de cerveza.
Hablamos del Concejal de Turismo, Gonzalo Castro, el mismo que el 13 de marzo nos decía con cara de póker que el Mundial 2030 seguía en "formato estándar" días antes de renunciar la alcaldesa. Ahora, tras el fiasco histórico del fútbol, nos vende como un "triunfo de ciudad" haber convertido un fin de semana de marzo en una exaltación del alcoholismo institucionalizado.
¿Turismo celta o botellón con permiso?
Castro impulsaba una "fiesta" que los medios afines tildan de "oda al hermanamiento". Traduzcamos:
Fomento del consumo: el Ayuntamiento promociona rutas de locales donde el único "hito cultural" es ver quién despacha más litros de O’Hara’s o Guinness.
Salud pública al traste: en una ciudad con problemas crecientes de ruidos y botellón en los barrios, el Concejal de Turismo decide que lo mejor para "poner a Koruña en el mapa" es regalar gorros verdes y fomentar que la gente beba hasta la madrugada, armando follón en las calles.
El engaño del "éxito": dicen que fue "organizada y celebrada". Claro, es fácil organizar una fiesta cuando el objetivo es vaciar barriles. Lo difícil es organizar un Mundial, gestionar las obras de la Torre o evitar que Alfonso Molina sea una ratonera.
Hay que reconocerle un mérito al Concejal de Turismo: ha conseguido que en Koruña sea más fácil encontrar un gorro de leprechaun y una pinta de Guinness que un obrero trabajando en la Torre de Hércules. Mientras los medios afines nos venden la "histórica fidelidad" a San Patricio como si fuera el desembarco de Normandía, la realidad es mucho más triste.
Es el modelo de gestión de este Gobierno: Pan, circo y cerveza negra. Fomentan una fiesta que, en el fondo, no deja de ser una exaltación del consumo de alcohol, mientras son incapaces de gestionar la limpieza de los barrios o la seguridad de unas calles que, una vez se quitan el gorro verde, vuelven a estar sucias y abandonadas.
La Oda a la Pinta... y el Adiós a la Torre
Según las crónicas oficiales, casi una treintena de locales regaron la ciudad con decenas de miles litros de cerveza en una "oda al hermanamiento celta". Una fiesta "difícil de clasificar", dicen. Nosotros la clasificamos rápido: es la política de la distracción. * Mientras el Pío Pío despachaba estofado irlandés y el Penique brindaba en directo con Irlanda, el Patrimonio de la Humanidad —nuestra Torre— echaba el cierre por una "chapuza administrativa".
Resulta obsceno ver a Gonzalo Castro sacando pecho por una "mancha verde" de gente bebiendo por la calle mientras:
La Torre de Hércules está precintada: según La Voz de Galicia, el Faro podría seguir cerrado en agosto. ¡Nos vamos a perder el eclipse del siglo desde el mejor mirador porque el Concejal estaba más ocupado contando barriles que revisando los permisos del Estado!
El Mundial 2030 es un cadáver: Castro mintió a la cara de los koruñeses tres días antes de la renuncia de Inés Rey. Nos habló de una "docena de personas trabajando" cuando lo único que estaban preparando era el finiquito de nuestras ilusiones mundialistas.
La "Ilegalidad" de las obras: mientras brindan con "Sláinte", los expertos denuncian que las obras de la Torre se han tramitado de forma irregular.
Conclusión: un gobierno de resaca permanente
El modelo de ciudad de Inés Rey y Gonzalo Castro es el de la resaca. Nos emborrachan con fiestas de cartón piedra, con San Patricios de escaparate y con promesas de Mundiales para que no veamos la realidad: que la ciudad está sucia, que el tráfico es un caos y que nuestro Patrimonio de la Humanidad es hoy un solar vallado y sin obreros.
El Liceo nos ha enseñado este fin de semana lo que es el orgullo coruñés: ganar con esfuerzo. Lo de Gonzalo Castro es lo opuesto: perder con desidia y celebrarlo con una pinta.
Señor Concejal, deje de fomentar borracheras y empiece a fomentar la gestión. Porque cuando se pase el efecto de la cerveza, lo único que nos quedará es una Torre cerrada, un Mundial perdido y una alcaldesa que sigue buscando una foto que tape su incompetencia.
¡Forza Liceo! ¡Y que la próxima "mancha verde" en la ciudad sean los árboles que prometieron y no los gorros de una fiesta que solo sirve para tapar sus mentiras!
Gonzalo Castro: el hombre que nos dijo que el Mundial iba bien y que San Patricio es un éxito cultural.
La realidad: ni Mundial, ni Torre abierta para el eclipse, ni permisos en regla. Solo cerveza y humo.
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