Raboñudos

Bienvenidos raboñudos del mundo entero a este blog!!!

viernes, 3 de abril de 2026

Infraestructuras culturales en la ruina, sin contenidos novedosos y trabajadores precarios

 Lo de la piscina de Riazor no es un caso aislado. Es, más bien, una pieza más de un puzzle que empieza a preocupar: instalaciones públicas que envejecen, proyectos que se retrasan… y mantenimiento que llega tarde o no llega, sin mucho novedoso que ofrecer ni trabajadores que puedan atender al público en las mejores condiciones 



La Domus: símbolo… y síntoma

La Domus es uno de los edificios más icónicos de Koruña. Pero también uno de los que mejor refleja el problema.

Su deterioro no es nuevo. Después de 30 años de existencia,  informes técnicos señalan que la fachada sufre corrosión por el efecto del mar, especialmente en los anclajes metálicos, un problema estructural derivado del salitre y la exposición constante al Atlántico. Sus tejas de granito verde se caen y no hay nadie que lo evite. Parecen los dientes de un anciano que poco  poco los va perdiendo. 

Y lo peor no es eso. Lo peor es el tiempo.

  • Se han hecho pruebas para su rehabilitación…
  • Se han anunciado planes…
  • La reforma sigue en el aire.

Mientras tanto, el edificio continúa deteriorándose y la sensación entre vecinos es clara: abandono prolongado.


Un enemigo invisible: el clima… y el mantenimiento

Aquí hay un factor clave que lo explica todo: Koruña no es una ciudad fácil para los edificios.

El clima atlántico —humedad, viento, salitre— acelera el desgaste de materiales, corroe estructuras y obliga a un mantenimiento constante y exigente.

Fachada de La Casa del Hombre, Domus. Es visibe la red azul que sujeta las tejas de su fachada. Foto de La Voz e Galicia. 

Pero cuando ese mantenimiento no se hace a tiempo, pasa lo inevitable:

  • corrosión,
  • filtraciones,
  • deterioro progresivo.

La Domus es el ejemplo más visible, pero no el único.


El mal de los centros culturales públicos que afecta a los museos

Mientras la fachada de la Domus se cae a pedazos y los vecinos ya no aguantan más el “asco” de verla tapada con redes y lonas, dentro de los tres grandes museos científicos koruñeses (Domus, Casa das Ciencias y Aquarium Finisterrae) pasa exactamente lo mismo: todo se queda congelado en el tiempo, un mal que afecta a muchos espacios públicos.

 No hay renovación real de contenidos, las exposiciones permanentes llevan años (en algunos casos décadas) sin apenas tocarse, deteriorándose o sin ser del todo operativas y la programación de actividades es lo justo para cumplir el expediente.

Contenidos pobres, repetitivos y poco novedosos

Los Museos Científicos Coruñeses presumen de ser “interactivos” y de “acercar la ciencia a la ciudadanía”. Pero la realidad es que muchas de sus salas parecen un museo de los 90 congelado. Las exposiciones permanentes sobre física, el cuerpo humano (Domus), el universo (Casa das Ciencias) o la vida marina (Aquarium) apenas han evolucionado. 

No hay grandes actualizaciones temáticas, ni discursos renovados que incorporen avances científicos recientes, ni narrativas atractivas para públicos actuales (jóvenes, familias o turistas).  Algunas máquinas interactivas están desgastadas, las explicaciones son las mismas de siempre y faltan exposiciones temporales potentes o colaboraciones con universidades/investigadores que traigan aire fresco. 

El resultado: visitas que se sienten como “deber escolar” más que como experiencia estimulante. Los colegios siguen llenando los museos, pero el público general y los koruñeses de a pie cada vez los visitan menos porque ya saben lo que van a ver… porque lleva años igual.

Actividades: lo básico y punto

Sí, hay alguna cosa:  

  • Alimentación de focas y tiburones en el Aquarium (todos los días a horas fijas).  
  • Monólogos cortos los fines de semana.  
  • Sesiones de planetario en Casa das Ciencias (con reserva).  

Y los eventos anuales de rigor: Día de la Ciencia en la Calle, Semana de la Ciencia (con entrada gratis) o talleres puntuales.

Pero eso es todo. No hay una programación cultural viva, regular y atractiva que dinamice los espacios fuera de esas fechas señaladas. Nada de ciclos de conferencias mensuales, noches de ciencia, residencias de artistas, escape rooms temáticos, reality shows científicos o colaboraciones con influencers locales. Solo lo mínimo para que no digan que no hacen nada. El resto del año los museos funcionan en modo “piloto automático”: abren, cierran y poco más.

Espacios en desuso: la otra cara de la dejadez

Y luego están los rincones que directamente están muertos.  

  • Cantina/Restaurante del Aquarium Finisterrae: cerrada al público desde hace años (al menos desde 2020). El Ayuntamiento reconoció en 2022 que estudiaba recuperarlos, pero en la web oficial de los Museos Científicos sigue apareciendo literalmente: “El restaurante del Aquarium Finisterrae y el de la Domus están temporalmente cerrados”. Temporalmente… durante más de media década. Un espacio con vistas al mar que podría ser un puntazo para visitantes y koruñeses se mantiene cerrado y sin uso.  
  • Restaurante de la Domus: igual de muerto. Otro espacio infrautilizado en un edificio que ya de por sí da pena verlo por fuera.  
  • Escalinatas de la Domus: no solo la famosa fachada curva con sus miles de losas de pizarra verde tapada con redes. Las escalinatas de acceso están llenas de suciedad acumulada, con manchas, óxido, rotas, levantadas y un aspecto general de abandono. 
           En marzo de 2026 La Voz de Galicia recogía las quejas de los vecinos de Monte Alto: “Es un                   asco verla así”, “cada vez que paso me pongo de los nervios”, “los hierros están oxidados                       completamente… cualquier día se cae”. La reforma sigue en el limbo un año después de las                   pruebas técnicas.  

            En sus rincones abandonados de la antigua cantera de Monte Alto se pueden ver como                             indigentes has encontrado un lugar donde vivir con maravillosas vistas a Orzán

  • Casa das Ciencias: el palacete del Parque de Santa Margarita también muestra signos de dejadez. Su pequeña biblioteca o zona de consulta apenas se promociona y parece en desuso práctico (poco visitada y sin actividad alrededor). Se cerró en 2010 por exceso de acumulación de radón. Además, el entorno inmediato del museo (jardines y zonas colindantes) ha sido señalado en ocasiones por la presencia de personas sin hogar que buscan refugio en los alrededores, algo que suma a la imagen de descuido general del espacio público ligado a estos equipamientos.
           Por otro lado, el entorno no ha sido modificado para seguir enriqueciendo la oferta cultural del              museo más emblemático de la ciudad. Sigue todo casi exactamente igual que en los años ochenta,            salvo el público que hasta ahí se desplaza, muy escaso. 

En resumen: los Museos Científicos Coruñeses tienen un potencial brutal (ubicación privilegiada, edificios icónicos y una base de público escolar asegurada), pero están gestionados con la misma filosofía que el resto del patrimonio municipal: parchear, no invertir de verdad. Exposiciones que se oxidan eternizadas en el tiempo sin ser renovadas, actividades que solo cumplen el expediente y espacios enteros cerrados o degradados mientras se presume de “ciudad de la ciencia”.  

Mientras tanto, la Domus sigue con su redecilla puesta como si fuera un andamio eterno, las escalinatas llenas de mierda y los restaurantes cerrados. ¿Esto es cuidar la cultura científica o simplemente dejar que se pudra con dignidad?

Patrimonio en riesgo: el caso Lugrís

Otro caso que ha encendido las alarmas es el de los murales de Urbano Lugrís.

El edificio que los alberga presenta: goteras,humedades y deterioro estructural.

Mural de Lugrís. Foto de El Mundo. 

Y lo más preocupante: no hay un proyecto claro ni presupuesto definido para su recuperación.El riesgo ya no es solo estético. Es patrimonial.


El Palacio de la Ópera cada día más deteriorado

El Palacio de la Ópera acumula años de desgaste visible y problemas estructurales que afectan tanto al interior como al exterior. 

Palacio de la Ópera. Foto de Wikipedia

  • Las filtraciones de agua son el problema estrella:
    • Goteras persistentes: en octubre-noviembre de 2023, las lluvias provocaron goteras que llegaron a inhabilitar hasta 200 butacas. El techo de la sala principal y la zona de acceso a la sala de cámara mostraban manchas, deterioro y desprendimientos. En febrero de 2025, La Voz de Galicia publicaba que el auditorio seguía con plásticos colgados en los techos para recoger agua, aunque las obras de verano de 2024 habían reducido (no eliminado) las filtraciones.
  • Origen de los males: muchos problemas vienen de la remodelación de 1998 (cubierta y concha acústica). El agua se filtra por grietas y fisuras del hormigón, oxidando el acero interior y debilitando la estructura. Esto ha provocado corrosión grave en algunos puntos. 
  • Interiores deteriorados: butacas rotas o en mal estado (se cambiaron algunas hace años, pero vuelven los problemas), muros agrietados y erosionados, desprendimientos de láminas acústicas y filtraciones que han llegado a oxidar instrumentos de la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG). En 2018 ya se describía el estado del edificio como “horrible”. 

Respuesta institucional: parches y acuerdos polémicos

En agosto 2024 empezó una obra en la cubierta que asumió la concesionaria (Grupo Comar / empresa que construyó el edificio).

En abril 2025, el Concello amplió la concesión hasta 2045 sin cobrar canon a cambio de que la gestora arregle las humedades. Es decir: se les “perdona” dinero a cambio de que cumplan con lo que ya deberían haber mantenido. 

A pesar de promesas de “arreglo inmediato” (2023-2024), las obras siguen siendo parciales y el edificio no tiene una reforma estructural profunda. El Concello y la concesionaria se pasan la pelota desde hace años.

Otros problemas añadidos

  • Acústica deficiente desde el origen (el edificio se diseñó para congresos, no para orquesta sinfónica). 
  • Alta ocupación y uso intensivo sin mantenimiento proporcional.
  • Críticas de usuarios (Amigos de la Orquesta Sinfónica, partidos políticos) que lo califican de “impresentable” y exigen intervenciones urgentes.

Espacios olvidados

A esto se suma otro clásico de la ciudad: espacios culturales o con potencial… que llevan años en el limbo.

Ahí está la antigua prisión provincial: cerrada desde 1997 con usos puntuales, pero en deterioro continuo sin un proyecto definitivo,

Un edificio con historia… esperando a que alguien decida qué hacer con él.


Pero el problema no solo afecta a la infraestructura y sus contenidos, además el personal que trabaja en centros culturales y deportivos, en muchos casos, vive situaciones muy precarias. Un ejemplo de estos trabajadores que realizan actividades culturales en el municipio es el de Lecer. 

El caso Lecer: cuando el ocio se apaga

El programa municipal Lecer llevaba más de 25 años siendo una de esas cosas que funcionaban sin hacer ruido: talleres culturales, cursos, actividades accesibles… barrio, comunidad y vida.

Protestas de trabajadores de Lecer. 

Hasta que dejó de funcionar.

El origen del problema no está en una decisión política directa, sino en algo más habitual de lo que parece: la empresa concesionaria, Serviplus, entró en problemas económicos, dejó de pagar a los trabajadores y el servicio se vino abajo.

Resultado:

  • cerca de 60 trabajadores sin cobrar durante meses,
  • actividades paralizadas en centros cívicos,
  • usuarios (muchos mayores) sin su rutina diaria.

Las protestas no tardaron: encierros en María Pita, concentraciones, clases simbólicas en la calle.

Y una frase que resume el ambiente:

“No sabemos nada”, denuncian los trabajadores ante el silencio institucional.

La solución… sobre el papel

El Ayuntamiento ha reaccionado, pero con tiempos administrativos:

  • contrato puente para reactivar actividades,
  • nueva licitación prevista hasta 2028,
  • subrogación de parte del personal. 

Incluso se habla de que la actividad podría retomarse en primavera. Pero entre el anuncio y la realidad hay un hueco que los trabajadores conocen bien: meses sin cobrar, incertidumbre laboral y ninguna garantía de estabilidad futura.


 Un problema más profundo: la externalización

El caso Lecer no es aislado. Es un síntoma.

Muchos servicios municipales en Koruña funcionan a través de empresas externas:

  • cultura (como Lecer),
  • actividades deportivas,
  • atención social en algunos ámbitos,
  • incluso servicios técnicos o de mantenimiento.

Cuando esas empresas fallan, el Ayuntamiento no siempre puede reaccionar rápido. Y los que quedan en medio son:

  • trabajadores precarios,
  • servicios parados,
  • ciudadanos sin prestación.

 La otra carencia: trabajadores públicos

Y aquí está el punto clave que muchas veces no se dice claramente.

El problema no es solo de dinero o de proyectos. Es también de personal.

Cada vez más servicios dependen de:

  • contratos externos,
  • plantillas inestables,
  • profesionales que no forman parte directa del Ayuntamiento.

Cuando todo funciona, nadie lo nota.
Cuando falla, no hay estructura suficiente para sostenerlo.

El caso Lecer lo deja claro: si la empresa cae, el servicio cae, y el Ayuntamiento tarda meses en recomponerlo.


Una ciudad que funciona… hasta que deja de hacerlo

Koruña sigue teniendo una red potente de servicios públicos.
Pero empiezan a aparecer grietas:

  • Instalaciones que envejecen sin renovación integral,
  • Programas culturales que dependen de empresas frágiles,
  • Trabajadores en situaciones precarias dentro de servicios públicos.

No es un colapso pero tampoco es algo puntual. Es más bien una sensación creciente: que lo público aguanta… pero cada vez con más esfuerzo.


Entre anuncios y realidad

Mientras se anuncian reformas en Riazor, nuevos contratos para Lecer o planes urbanos, hay una pregunta que empieza a sonar por debajo de todo:

¿quién va a sostener todo eso?

Porque sin trabajadores estables, sin mantenimiento constante y sin una estructura sólida detrás, los proyectos se quedan en lo de siempre: papel, ruedas de prensa… y luego, si eso, ya tal.

Y en Koruña, donde nos gusta que las cosas funcionen sin hacer ruido, empieza a notarse demasiado cuando dejan de funcionar.

 El hilo que conecta todo

Si juntas las piezas:

  • Instalaciones culturales y deportivas con mantenimiento insuficiente,
  • Lecer paralizado por problemas de gestión.
  • Patrimonio en riesgo,
  • Espacios sin uso claro…

Empieza a dibujarse un patrón. No es un problema puntual. Es una acumulación.

  • Falta de mantenimiento continuado
  • Proyectos que se anuncian pero tardan en ejecutarse
  • Dependencia de estructuras frágiles o externalizada. 

Falta de personal y recursos estables para sostenerlo todo


Una ciudad que resiste… pero se resiente

Koruña sigue funcionando. Los servicios siguen ahí. Los edificios siguen en pie.

Pero cada vez más, con alfileres.

La sensación no es de colapso, sino de desgaste: de ir tirando, de parchear, de llegar justo.

Y mientras se anuncian grandes reformas —Riazor, Domus, Palacio de la Ópera, planes urbanos—, la pregunta sigue siendo la misma: ¿habrá músculo suficiente para mantenerlo todo… cuando deje de ser noticia?

Porque una ciudad no se sostiene solo con proyectos. Se sostiene con mantenimiento, con gente… y con continuidad. Y ahí es donde empiezan a verse las grietas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tú Koruño o simpatizante de Koruña City cuál es tu opinión???