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jueves, 9 de julio de 2026

Más restricciones... y además bastante más caro

Si las nuevas condiciones para los abonados de Marathon Inferior ya habían abierto un intenso debate, la campaña de abonados presentada por el Deportivo ha añadido un nuevo motivo de descontento: el fuerte incremento de los precios.

El regreso a Primera División siempre trae consigo una subida de los abonos. Ocurrió en otros ascensos y el club defiende que sus tarifas se mantienen dentro de las habituales de la categoría. Sin embargo, eso no ha evitado la sorpresa entre muchos deportivistas al comprobar incrementos que oscilan entre 130 y 235 euros, dependiendo de la zona del estadio.

La renovación más económica pasa a costar 320 euros en Pabellón Inferior, mientras que un asiento en Tribuna Superior alcanza los 880 euros, llegando hasta 1.060 euros para las nuevas altas. En algunas zonas, como Preferencia Superior Central, el salto resulta especialmente llamativo: de 540 euros la pasada temporada a 775 euros este año.

A ello hay que añadir que los partidos del Dépor Abanca y del Fabril dejan de estar incluidos en el abono y requerirán un suplemento adicional si el aficionado quiere seguir a todos los equipos del club durante la temporada.

Precios de los abonos 26-27

Pero quizá la novedad que más comentarios está generando sea el llamado compromiso de asistencia.

A partir de ahora, el abonado deberá acudir al estadio, ceder su carnet o liberar su asiento en 15 de los 19 partidos de Liga. Si no cumple ese requisito, perderá las ventajas de renovación y, la temporada siguiente, deberá abonar el precio correspondiente a un alta nueva, sensiblemente superior al de un simple renovado.

El Deportivo argumenta que la medida busca llenar Riazor y evitar miles de asientos vacíos mientras existe una larga lista de aficionados esperando un carnet. Además, quien libere su localidad y esta sea vendida recibirá el 50 % del importe neto en un monedero digital para utilizarlo en futuras renovaciones, compras en las tiendas oficiales o consumiciones en el estadio.

Sin embargo, muchos aficionados consideran que el club está trasladando obligaciones que antes no existían. El carnet deja de ser únicamente un derecho adquirido para convertirse también en un compromiso sujeto a determinadas condiciones de uso. Y es precisamente aquí donde enlaza con el debate abierto por las nuevas normas de Marathon Inferior.

¿Está cambiando demasiado la experiencia de ir al fútbol?

Vista en conjunto, la política que llega con la vuelta a Primera dibuja un panorama muy diferente al que conocía el deportivismo hace apenas unos años.

El aficionado paga bastante más por su abono. Debe asumir mayores compromisos de asistencia. Tiene menos libertad para prestar su carnet a un familiar o un amigo. En determinadas zonas del estadio se endurecen los controles de acceso, identificación y comportamiento. Y algunos servicios que antes estaban incluidos pasan a abonarse por separado.

Naturalmente, muchas de estas medidas tienen una explicación. LaLiga exige estándares cada vez más estrictos de seguridad, control de aforo y aprovechamiento de los estadios, mientras que competir en Primera también implica un incremento muy importante de los costes para el club.

Pero eso no impide que muchos deportivistas se hagan una pregunta legítima.

¿Hasta qué punto sigue compensando la experiencia de ir al estadio?

Durante décadas, el fútbol se vendió como una fiesta popular, un lugar donde miles de personas compartían noventa minutos de pasión. Hoy, esa experiencia es cada vez más cara, más reglamentada y más condicionada por normas de uso.

Quizá el reto del fútbol moderno no sea únicamente erradicar la violencia —un objetivo que prácticamente todos comparten—, sino hacerlo sin convertir al aficionado en un cliente permanentemente vigilado y sometido a obligaciones que terminen restando atractivo a aquello por lo que, precisamente, está pagando.

Porque un estadio lleno no se consigue solo con un equipo competitivo. También se consigue haciendo que la gente siga sintiendo que merece la pena ocupar su asiento cada quince días. Y ese equilibrio entre seguridad, control, libertad y precio será uno de los grandes desafíos del fútbol de los próximos años.

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