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martes, 21 de julio de 2026

Más noches tropicales

 Durante generaciones, en Koruña existía una norma no escrita que nadie discutía: por mucho calor que hiciese durante el día, al salir de casa había que llevar una chaqueta ligera o una "rebequita". Porque al caer la noche siempre refrescaba.

Ese ritual, tan koruñés como pasear por el Orzán o mirar el mar desde la Coraza, empieza a convertirse en un recuerdo.

El verano de 2026 está dejando una evidencia difícil de ignorar: el calor ya no desaparece cuando se pone el sol. Y los datos confirman que la ciudad está viviendo una situación inédita.

Un récord que nunca se había producido

A estas alturas del verano, Koruña ya ha registrado dos noches tropicales, es decir, dos madrugadas en las que la temperatura no ha bajado de los 20 grados.


Puede parecer una cifra pequeña, pero tiene una enorme importancia. Nunca antes, desde que la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) comenzó a recopilar datos hace casi un siglo, se habían contabilizado dos noches tropicales tan pronto en el año.

La primera llegó incluso antes del inicio oficial del verano.

El 12 de junio los termómetros no bajaron de los 21,3 grados, estableciendo la temperatura mínima más alta registrada en un mes de junio en la ciudad. La segunda se produjo el 5 de julio, cuando la mínima fue de 20,2 grados.

Dormir ya no es tan fácil

Las máximas llaman la atención, pero los meteorólogos insisten en que el verdadero problema aparece durante la noche.

Cuando la temperatura no desciende, el cuerpo tiene más dificultades para recuperarse del calor acumulado durante el día. Dormir peor aumenta la sensación de agotamiento y hace que las olas de calor resulten mucho más difíciles de soportar.

En un clima como el koruñés, tradicionalmente moderado gracias a la influencia del Atlántico, esa falta de alivio nocturno supone un cambio importante.

Un verano que parece no dar tregua

La sensación de calor constante no es solo una impresión.mDesde que comenzó junio apenas se han registrado temperaturas inferiores a los 18 grados en ningún momento del día.

Según los expertos de la AEMET, la ciudad vive desde hace semanas una situación muy cercana a un episodio continuado de calor anómalo. A ello se suma otro dato llamativo. El pasado junio dejó una máxima de 35,9 grados, la segunda temperatura más alta de toda la serie histórica registrada en el Observatorio de Koruña.

Lo excepcional empieza a repetirse

Las noches tropicales siempre fueron un fenómeno muy poco habitual en la ciudad. Durante los 96 años de registros meteorológicos solo se habían contabilizado 44.

Además, únicamente en nueve años se produjo más de una noche tropical. El récord sigue correspondiendo a 2023, con seis noches por encima de los 20 grados.

Sin embargo, el dato que preocupa este año no es solo el número, sino la rapidez con la que han aparecido. Que dos noches tropicales se hayan registrado antes de mediados de julio nunca había sucedido.

También llueve mucho menos

El calor no es la única anomalía que está dejando este verano. Julio está siendo extraordinariamente seco. Hasta el momento apenas han caído 1,6 litros por metro cuadrado, una cifra muy alejada de los más de 30 litros que suelen registrarse de media durante este mes.

La tendencia viene repitiéndose desde la primavera. Abril, mayo y junio también fueron más secos de lo habitual, aunque el año hidrológico continúa presentando un ligero superávit gracias a las intensísimas lluvias registradas durante enero y febrero, cuando A Coruña llegó a encadenar 42 días consecutivos de precipitaciones.

¿Se está transformando el verano koruñés?

Koruña siempre ha presumido de tener uno de los veranos más suaves de España.

Temperaturas moderadas, noches frescas y la brisa atlántica formaban parte de una identidad climática que diferenciaba a la ciudad de otros destinos. Ese patrón sigue existiendo, pero cada vez aparecen más señales de cambio.

Las máximas son más frecuentes, las noches cálidas dejan de ser una excepción y la lluvia parece concentrarse en menos episodios, aunque más intensos. Todavía es pronto para afirmar que la "rebequita" ha desaparecido definitivamente del armario de los koruñeses.

Pero lo que sí parece claro es que ya no resulta imprescindible todas las noches del verano. Y para una ciudad acostumbrada a mirar al cielo antes de salir de casa, eso ya supone un pequeño cambio de época.

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