Koruña vuelve a sufrir los problemas de siempre cuando la niebla se instala sobre la pista de Alvedro. En apenas 48 horas, varios vuelos tuvieron que ser desviados y decenas de pasajeros se encontraron en tierra intentando buscarse la vida para llegar a sus destinos.
El aeropuerto de Koruña vivió este miércoles y jueves una nueva jornada complicada por culpa de la niebla. Una niebla especialmente concentrada sobre la pista y la torre de control impidió durante las primeras horas de ambos días que varios aviones pudieran aterrizar con normalidad.
El miércoles, tres vuelos procedentes de Barcelona y Madrid tuvieron que ser desviados. Un Vueling procedente de Barcelona fue enviado a Vigo, mientras que los vuelos de Iberia y Air Europa procedentes de Madrid también tuvieron que buscar alternativas.
El jueves, la situación se repitió prácticamente calcada: los tres primeros vuelos de la mañana fueron desviados a Santiago de Compostela.
Hasta aquí, la meteorología manda. Contra la niebla poco pueden hacer las compañías. El problema llega después.
El problema no es solo dónde aterriza el avión
La llegada de un avión a Santiago o Vigo puede ser una solución operativa para la aerolínea, pero para el pasajero supone encontrarse a decenas de kilómetros de su destino original.
En el caso de Iberia y Air Europa, los pasajeros afectados en Koruña fueron trasladados en autobús hasta Santiago para poder continuar con sus viajes.
La situación fue bastante diferente para los viajeros de Vueling.
Según los testimonios recogidos en la terminal, los pasajeros afectados se encontraron sin atención presencial de la compañía en Alvedro y tuvieron que recurrir al teléfono o a internet para intentar encontrar una alternativa.
Y aquí aparece una de las imágenes más difíciles de entender de todo este episodio: el avión de Vueling desviado a Santiago terminó regresando a Barcelona sin pasajeros, mientras viajeros que esperaban en Koruña seguían buscando cómo continuar su viaje.
«Búscate la vida»
Para muchos pasajeros, la sensación fue precisamente esa: que una vez producido el desvío, tenían que solucionar el problema prácticamente por su cuenta.
Algunos tuvieron que utilizar sus teléfonos móviles para buscar nuevas conexiones, valorar rutas alternativas y asumir gastos que, aunque puedan ser posteriormente reclamables en determinados casos, suponen un problema inmediato para quien necesita llegar a destino.
Y no hablamos solamente de turistas con tiempo de sobra.
Entre los pasajeros afectados estaba la deportista koruñesa Alicia Sánchez, que viajaba hacia Birmingham para participar en una competición y tenía que cumplir con el pesaje oficial. Una modificación del viaje para la noche del viernes hacía peligrar directamente su participación.
Una situación que no es nueva
Lo más llamativo es que nadie puede decir que la niebla en Alvedro sea un fenómeno completamente inesperado.
La meteorología no se puede controlar, evidentemente. Pero la gestión de sus consecuencias sí puede planificarse.
Si un aeropuerto conoce que determinadas condiciones de visibilidad pueden provocar problemas recurrentes, la pregunta es inevitable: ¿por qué no existe un protocolo más ágil para trasladar pasajeros a Santiago o Vigo cuando sea necesario?
Porque una cosa es que un avión no pueda aterrizar en Koruña y otra muy distinta es que el pasajero tenga que quedarse atrapado en la terminal intentando contactar con una compañía que ni siquiera dispone de atención presencial allí.
Alvedro vuelve a quedar en evidencia
Lo ocurrido estos dos días deja una imagen preocupante: un aeropuerto que puede funcionar con normalidad mientras las condiciones meteorológicas lo permiten, pero que vuelve a mostrar sus debilidades cuando aparece uno de sus problemas más conocidos.
La niebla no es culpa de Aena, ni de las compañías, ni de los pasajeros.
Pero el caos posterior sí merece explicaciones.
Los viajeros no deberían tener que convertirse en expertos en conexiones entre Alvedro, Lavacolla, Vigo, Londres o Barcelona para poder completar un viaje que comenzó comprando un billete con origen o destino en Koruña.
Porque al final la pregunta es muy sencilla:
Si la niebla vuelve mañana, ¿volveremos a ver exactamente las mismas escenas?
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