Viajar en tren a Galicia se ha convertido en una actividad de riesgo para la paciencia y un insulto al bolsillo de los ciudadanos. El último episodio de esta comedia de terror ferroviaria lo sufrieron los pasajeros del trayecto Madrid-Koruña del pasado martes, 14 de julio. Lo que se vende a bombo y platillo como un servicio de Alta Velocidad del siglo XXI terminó pareciéndose más a una atracción de feria averiada: un tren parado tres veces, un trayecto circulando marcha atrás en plena noche, vagones completamente a oscuras y, para rematar, el sistema de Renfe denegando las devoluciones automáticas.
Koruña sigue pagando el precio de unas comunicaciones ferroviarias deficientes y un abandono institucional que ya no se puede camuflar con infografías ni discursos oficiales.
Tres paradas, altercados y un viaje al pasado
El periplo de los pasajeros de este convoy —que acumuló un retraso de 113 minutos, llegando a la estación de San Cristóbal al filo de la una de la madrugada en lugar de las 23:00 horas previstas— es la radiografía perfecta del caos que impera en la línea:
Primera parada (Zamora): 55 minutos de retraso debido a una "alteración del orden público" que requirió la intervención de las fuerzas de seguridad y detenciones a bordo, tras encararse un pasajero con el revisor y el personal de cafetería.
Segunda parada (Ourense) y apagón: tras reanudar la marcha, una avería técnica dejó la línea sin energía (presumiblemente por problemas en la catenaria). El tren se quedó completamente a oscuras en mitad de la noche y fuera de la estación.
El colmo, marcha atrás: sin dar explicaciones claras a los usuarios, el convoy tuvo que retroceder en sentido contrario, a oscuras y de noche, hasta regresar a la estación de Ourense para intentar reiniciar el sistema.
Tercera parada (Santiago): por si fuera poco, una vez reanudada la marcha "controlada", el tren volvió a detenerse en Santiago por un enésimo problema en las vías, sumando más minutos a la desesperación de los coruñeses atrapados en el vagón.
Como viene siendo habitual en el calvario de las comunicaciones gallegas, la ineficacia del viaje viene acompañada por el maltrato al cliente. Tras sufrir un viaje incómodo, a oscuras y con casi dos horas de retraso, usuarios como Juan Fuentes —pasajero que relató la odisea— se encontraron con la desagradable sorpresa de que la web de Renfe asegura que les corresponden "0 euros" de indemnización.
Por su parte, Renfe, al ser consultada, se limitó a balbucear excusas, escudándose en una "falta de datos" para no concretar si devolverá el dinero a los afectados. Una muestra más de la impunidad con la que opera la compañía mientras el Ministerio de Transportes sigue mirando hacia otro lado y rechaza, además, adaptar el Corredor Atlántico al ancho europeo.
La realidad de Koruña: mientras otras ciudades disfrutan de conexiones fluidas y fiables, los koruñeses que viajan a la capital tienen que asumir que su tren puede convertirse en un vagón de metro antiguo: a oscuras, dando marcha atrás y pagando un precio de oro por un servicio de hojalata.
Conclusión: ¿Alta Velocidad o Tercera Clase?
Lo ocurrido este martes no es una anécdota aislada; es el síntoma de unas conexiones con el noroeste de España que sufren averías constantes, mantenimiento bajo mínimos y una preocupante falta de previsión. El AVE a Koruña no necesita más propaganda política; necesita inversiones reales, trenes que funcionen hacia delante, luces que no se apaguen y una atención digna a unos pasajeros que ya están hartos de que les tomen el pelo.
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