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lunes, 19 de octubre de 2026

Aquarium Finisterrae: 250.000 visitantes, un tiburón menos y demasiadas cosas por renovar

La Casa de los Peces recupera cifras de asistencia que no se veían desde hace quince años, pero el éxito estadístico no debería ocultar el estancamiento de sus exposiciones, la falta de novedades y una programación que necesita mucho más dinamismo. Koruña merece un acuario que invite a regresar, no solamente a entrar.

El Aquarium Finisterrae está de enhorabuena. En 2025 recibió 249.477 visitantes, su mejor registro en quince años. La Casa de los Peces recupera público después de los años complicados de la pandemia y vuelve a superar la barrera de las 240.000 visitas, una cifra que confirma que sigue siendo uno de los equipamientos culturales reconocibles Koruña.

El Aquarium Finisterrae. En un principio tenía una especie de enorme fuente con agua marina que ha desaparecido. Al igual que otros elementos como la playa que se puede ver en la zon de la charca intermareal o el jardín botánico con especies costeras, junto a esa zona. 

La noticia merece celebrarse. Lo que ya no parece tan justificable es utilizar ese dato como certificado de buena salud de una institución que necesita mirar hacia delante. Porque una cosa es que la gente siga entrando y otra, muy distinta, que encuentre razones suficientes para volver.

El Aquarium Finisterrae abrió sus puertas en 1999. Desde entonces, varias generaciones de koruñeses han recorrido sus salas, observado sus acuarios y descubierto especies que difícilmente podrían conocer de otra manera. Su ubicación junto al Atlántico, su vocación divulgativa y su relación con los ecosistemas marinos gallegos le conceden un potencial extraordinario.

Sin embargo, casi tres décadas después de su inauguración, la pregunta ya no debería ser cuántas personas visitan la Casa de los Peces, sino qué ofrece hoy que no ofrecía hace diez o quince años, qué novedades prepara para los próximos y qué motivos tiene un vecino de Koruña para regresar una vez que ya conoce sus principales instalaciones.

El Aquarium Finisterrae corre el riesgo de vivir de su prestigio histórico mientras su propuesta se queda atrás. No porque haya perdido todo su atractivo, sino porque un equipamiento científico que apenas renueva lo que muestra termina convirtiendo la visita en una experiencia repetitiva.

Y eso no se arregla con una buena campaña turística ni sumando excursiones escolares.

El récord de visitantes no responde a la pregunta fundamental

El concejal de Cultura y Turismo, Gonzalo Castro, ha destacado la recuperación de las visitas y el papel de las actividades divulgativas dirigidas a escolares. También ha señalado el aumento del turismo en la ciudad como uno de los factores que contribuyen al buen comportamiento de los museos científicos municipales.

Los datos facilitados son significativos. El acuario recibió 249.477 visitantes en 2025, frente a los 308.648 de 2010, su última gran referencia antes de la etapa de descensos. Además, 44.696 visitantes fueron escolares.

Es una base importante para cualquier institución cultural. Pero las cifras de asistencia no permiten conocer por sí solas la satisfacción del público, la frecuencia de las visitas repetidas, el estado de las instalaciones ni el grado de renovación de sus contenidos.

Tampoco explican qué proporción del público acude por primera vez, atraído por la oferta del museo, y cuál lo hace porque se encuentra de visita en Koruña y considera la Casa de los Peces una parada interesante.

No hay nada malo en atraer turistas. Al contrario, es deseable que quienes visitan la ciudad conozcan sus equipamientos culturales. El problema aparece cuando el turismo se convierte en el principal argumento para evaluar el funcionamiento de una institución que debería aspirar a mantener una relación permanente con la sociedad koruñesa.

Un museo puede incrementar sus visitantes sin haber renovado sustancialmente su exposición. Puede beneficiarse del crecimiento turístico, de una buena ubicación o de una reputación consolidada. Puede, incluso, conservar una elevada demanda escolar durante años. Pero nada de eso garantiza que esté aprovechando todas sus posibilidades.

El dato de visitantes es un indicador de asistencia, no una evaluación de la calidad de la oferta científica y museística. Y si el Ayuntamiento quiere demostrar que el Aquarium Finisterrae atraviesa una etapa de auténtica renovación, debería acompañar las cifras de público con información sobre las nuevas exposiciones, las inversiones efectuadas, la actualización de las instalaciones y los proyectos científicos y educativos desarrollados.

De momento, el récord es una buena noticia. Lo que falta es conocer cuál será el siguiente paso.

Exposiciones que envejecen mientras el calendario avanza

Hay un aspecto especialmente preocupante: la escasa renovación perceptible de las exposiciones y de los contenidos que se ofrecen al visitante.

Según la crítica que merece su programación actual, algunas propuestas permanecen durante años sin cambios sustanciales. Lo que inicialmente puede ser una exposición atractiva termina convirtiéndose en parte del paisaje habitual del recinto. El visitante que regresa encuentra una experiencia demasiado parecida a la que recuerda.

Las exposiciones permanentes, por supuesto, tienen su razón de ser. Un acuario necesita conservar una estructura estable que permita explicar los grandes ecosistemas marinos y mantener sus colecciones. No se trata de cambiarlo todo cada temporada ni de sustituir continuamente los animales que alberga.

Pero una exposición permanente no debería significar una exposición inmóvil. Los recursos audiovisuales envejecen. Las formas de interpretar la ciencia evolucionan. Los conocimientos sobre biodiversidad y conservación se amplían. Las tecnologías permiten hoy presentar fenómenos complejos mediante herramientas interactivas, visualizaciones de datos y experiencias inmersivas que no estaban disponibles cuando abrió la Casa de los Peces.

Y las exposiciones temporales existen, precisamente, para introducir novedades sin necesidad de transformar todo el edificio.

El Oceanário de Lisboa ofrece un ejemplo de cómo combinar una exposición permanente con varias propuestas temporales, que permiten introducir nuevas temáticas sin renunciar a una estructura estable. Su oferta se completa con experiencias guiadas y actividades relacionadas con la conservación marina.

Exposición temporal en el Acuario de Lisboa que está en otra categoría: 


No se trata de comparar presupuestos ni de exigir que Koruña reproduzca las dimensiones de otro centro. Se trata de entender una idea elemental: la renovación de los contenidos es parte esencial de la vida de un museo, no un lujo que se aborda cuando sobra dinero.

La Casa de los Peces necesita un calendario de exposiciones temporales con temáticas distintas, una duración definida y una planificación plurianual. Un año podría dedicarse a los fondos marinos gallegos; otro, a los grandes migradores del Atlántico; otro, a la contaminación oceánica y sus soluciones. También cabrían propuestas sobre la vida microscópica, las especies invasoras, la pesca sostenible o los descubrimientos en las profundidades del océano.

No hace falta que cada exposición dependa de una gran producción propia. Los acuerdos con universidades, centros oceanográficos, museos y organizaciones científicas permitirían compartir recursos y conocimientos.

Lo que no puede convertirse en costumbre es que el visitante tenga la impresión de que el calendario avanza mucho más deprisa que las salas.

De mirar peces a descubrir el océano

El problema de la Casa de los Peces no termina en las exposiciones. También afecta a la experiencia que ofrece a quienes quieren profundizar en su interés por la vida marina.

Observar animales es una parte importante de cualquier acuario. Pero un centro moderno de divulgación marina puede ofrecer mucho más que un recorrido contemplativo por sus instalaciones.

Puede enseñar a identificar especies, explicar cómo se estudia su comportamiento, mostrar los procedimientos de mantenimiento de los acuarios, acercar al público a los métodos de investigación y convertir los grandes problemas ambientales en experiencias comprensibles y participativas.

Puede organizar encuentros con científicos, talleres para adultos, actividades prácticas para aficionados a la acuarística, jornadas de observación del litoral y programas para que los ciudadanos colaboren en el seguimiento de la biodiversidad.

En otras palabras, puede conseguir que la visita no termine al salir por la puerta.

El Aquarium of the Pacific, en California, ha desarrollado programas que van en esa dirección. Su oferta incluye conferencias periódicas sobre naturaleza y conservación, actividades científicas para familias, encuentros con especialistas y proyectos de ciencia ciudadana en los que los participantes colaboran en la observación y documentación de la biodiversidad.

Entre esas iniciativas figuran campañas de observación de especies costeras, actividades para registrar la biodiversidad y proyectos que permiten a los voluntarios contribuir a la recopilación de datos científicos.

Este modelo resulta especialmente interesante para Koruña porque no exige convertir el acuario en un parque de atracciones. Su fundamento es el contrario: acercar la ciencia al ciudadano y darle herramientas para comprender mejor el entorno en el que vive.

¿Por qué no organizar en la Casa de los Peces ciclos de conferencias sobre el Atlántico gallego? ¿Por qué no celebrar encuentros periódicos con investigadores que estudian las especies de nuestras costas? ¿Por qué no ofrecer talleres para aprender a identificar organismos marinos, comprender los ecosistemas intermareales o conocer los métodos que se utilizan para estudiar la calidad del agua?

¿Por qué no desarrollar actividades dirigidas a adultos interesados en la naturaleza, más allá de las visitas escolares y de las propuestas familiares convencionales?

Hay público para ello. Personas que practican buceo, aficionados a la fotografía de naturaleza, naturalistas, estudiantes universitarios, pescadores recreativos, profesionales vinculados al mar y ciudadanos que desean entender mejor los cambios ambientales que afectan a Galicia.

No todos necesitan la misma actividad ni quieren participar en un taller infantil. Un centro de divulgación que aspire a mantener una relación duradera con la ciudadanía debe reconocer esa diversidad.

El reto es convertir al visitante ocasional en un usuario habitual, alguien que regrese porque siempre hay algo nuevo que aprender.

Un acuario que puede salir del edificio

La relación del Aquarium Finisterrae con el mar no debería limitarse a lo que ocurre dentro de sus instalaciones.

Koruña tiene un entorno privilegiado para desarrollar actividades de divulgación vinculadas a las playas, los roquedos, las mareas, las especies costeras y los cambios que experimentan los ecosistemas próximos a la ciudad.

El acuario podría impulsar jornadas periódicas de observación del litoral, salidas interpretativas durante las mareas bajas, actividades de identificación de especies y programas de seguimiento de residuos marinos. También podría promover iniciativas de ciencia ciudadana en colaboración con investigadores y asociaciones especializadas.

El objetivo no sería convertir a los visitantes en científicos profesionales, sino enseñarles a observar con rigor y, cuando el proyecto lo permita, contribuir a la recogida de datos útiles para estudios de biodiversidad y conservación.

La ciencia ciudadana ya forma parte de la programación de instituciones como el Aquarium of the Pacific, que organiza actividades en las que los participantes colaboran en el registro de especies y en el estudio de hábitats naturales.

Koruña dispone de un contexto idóneo para adaptar iniciativas de este tipo a la realidad del litoral gallego.

Imaginemos un programa anual en el que los participantes aprendan a identificar especies de las playas koruñesas, documenten cambios estacionales, conozcan los efectos de las especies invasoras o colaboren en proyectos de observación de la biodiversidad intermareal.

Imaginemos, además, que los resultados se presenten en el propio acuario mediante exposiciones temporales, charlas, una pared con mural de fotos actualzandose con los días y paneles actualizados.

De ese modo, el visitante podría reconocer en las salas algo que ha observado personalmente en la costa. Y quien participa en una actividad exterior tendría un motivo adicional para volver al museo y conocer los resultados.

La Casa de los Peces dejaría de ser únicamente un lugar donde se observa animales encerrados en acuarios para convertirse en un centro que ayuda a descubrir, comprender y proteger la vida marina.

Gastón no puede ser el plan de futuro

La muerte de Gastón, el tiburón toro que durante dos décadas fue uno de los grandes reclamos del Aquarium Finisterrae, ha dejado un vacío evidente.

El tiburón Gastón. Foto de La Voz de Galicia

El Ayuntamiento trabaja en la búsqueda de un sustituto y dispone, según la información publicada, de una partida presupuestaria de 12.374 euros para adquirir un nuevo escualo. La operación no es sencilla por la disponibilidad limitada de ejemplares y las dificultades asociadas a su adquisición.

Gastón formó parte de la memoria de varias generaciones de visitantes. Su presencia contribuyó a convertir la sala Nautilus en uno de los espacios más reconocibles del recinto.

Pero precisamente su desaparición debería servir para plantear una reflexión más amplia.

¿Hasta qué punto puede depender el atractivo de un acuario de la presencia de un animal convertido en estrella?

Es comprensible que se busque otro tiburón toro, siempre que la operación sea compatible con criterios científicos y de bienestar animal. Lo que no tendría sentido es pensar que su llegada resolverá por sí misma los problemas de renovación de la institución.

Un acuario moderno necesita ofrecer razones para visitarlo que no dependan exclusivamente de una especie concreta. Debe despertar curiosidad por la diversidad de los ecosistemas, explicar las relaciones entre los organismos, presentar investigaciones recientes y ofrecer experiencias que cambien a medida que cambian los conocimientos.

El visitante debería tener motivos para regresar incluso cuando no se ha incorporado ningún animal nuevo.

La renovación de una exposición sobre los fondos marinos, una nueva experiencia interactiva sobre el cambio climático, un taller de identificación de especies o una charla con investigadores pueden aportar novedades relevantes sin necesidad de adquirir más animales.

Y, a diferencia de la búsqueda de un ejemplar singular, esas iniciativas pueden integrarse en una programación estable, con resultados educativos que perduren en el tiempo.

El Aquarium Finisterrae necesita un proyecto que sobreviva a Gastón, no solamente un sustituto que ocupe su lugar.

La investigación marina no puede quedarse fuera del escaparate

Koruña tiene una relación histórica con el Atlántico y Galicia dispone de un importante tejido científico, universitario y profesional vinculado al mar.

Esa realidad debería reflejarse con mucha más fuerza en la experiencia que ofrece la Casa de los Peces.

No se trata de exigir que el acuario se convierta en un laboratorio de investigación experimental ni de atribuirle funciones que corresponden a otras instituciones. Su papel puede ser igualmente valioso: servir de puente entre los científicos y la sociedad.

Podría divulgar los resultados de proyectos desarrollados por universidades y centros oceanográficos o centros de investigación marina, explicar cómo se estudian las poblaciones de peces, presentar técnicas de seguimiento de especies o mostrar los avances en conservación y restauración de hábitats.

También podría organizar encuentros en los que los investigadores expliquen qué están descubriendo, qué problemas siguen sin resolver y cómo afectan sus trabajos a la vida cotidiana de la ciudadanía.

Y por supuesto, la gente del mar podría traer su mundo al acuario para hablar de temas que les afectan como trabajadores del mar y eso nos afecta a nosotros. 

La acuarística, por su parte, ofrece un campo de interés para públicos especializados. La calidad del agua, la filtración, la iluminación, el diseño de hábitats, el bienestar animal y las técnicas de mantenimiento son cuestiones que pueden abordarse mediante demostraciones y actividades divulgativas rigurosas.

Un programa de este tipo contribuiría a ampliar el público del acuario (al menos en variedad) y a generar una relación más estrecha con aficionados, estudiantes y profesionales.

El visitante no debería salir únicamente con el recuerdo de un animal que le ha llamado la atención. También debería llevarse una idea nueva, una pregunta que antes no se hacía o el deseo de profundizar en un asunto relacionado con el océano.

Esa es una de las grandes funciones de un museo científico: despertar una curiosidad que continúe fuera de sus paredes.

Un plan renove, no otra ronda de reparaciones

Todo lo anterior exige una condición previa: conocer el estado real de las instalaciones y establecer una planificación de renovación.

El Aquarium Finisterrae abrió en 1999. Sus sistemas técnicos, acuarios, espacios expositivos y recursos de interpretación necesitan revisiones periódicas, modernización y una estrategia de inversión acorde con la evolución de la tecnología y de los estándares profesionales.

No sería riguroso afirmar que todas las instalaciones se encuentran deterioradas sin disponer de una auditoría técnica actualizada. Pero tampoco sería razonable asumir que el mantenimiento ordinario basta para garantizar el futuro de un equipamiento que lleva casi tres décadas funcionando.

Reparar lo que se estropea es una obligación básica. Renovar lo que se ha quedado obsoleto es una decisión estratégica.

Por eso, el Ayuntamiento debería impulsar un plan integral que identifique las necesidades prioritarias y establezca un calendario de actuación. Un plan que no se limite a conservar los acuarios en funcionamiento, sino que aborde también la modernización de las exposiciones, la renovación de los recursos audiovisuales y la creación de nuevas experiencias para el público.

El Acuario de Palma ha innovado con un cine 3D capaz de sumergir al público en el mundo submarino. 


Ese programa debería incluir objetivos verificables, presupuestos plurianuales y una evaluación periódica de los resultados.

También convendría publicar una programación anual que permita conocer qué exposiciones temporales se incorporarán, qué actividades se organizarán y qué acuerdos científicos se desarrollarán.

La transparencia ayudaría a distinguir las inversiones destinadas al mantenimiento de las que buscan transformar realmente la oferta del museo.

No todo tiene que hacerse de golpe. Las actuaciones pueden organizarse por fases y priorizar las necesidades más urgentes. Pero es importante que exista una dirección clara y que el público pueda percibir que la institución está evolucionando.

¿Qué debería ofrecer la Casa de los Peces durante los próximos años?

Roundhouse Aquarium — Natalie Zanecchia Design

1. Exposiciones temporales de verdad

Programar nuevas exposiciones con periodicidad definida, temáticas cambiantes y contenidos sobre biodiversidad, océanos profundos, contaminación marina y conservación.

Oportunidades de empleo | Monterey Bay Aquarium

2. Ciencia en directo

Charlas con investigadores, encuentros con especialistas, demostraciones científicas y actividades para adultos interesados en el mar.

#BackToSchoolNOAA | Office of National Marine Sanctuaries

3. Un acuario que salga a la costa

Salidas de observación, identificación de especies, seguimiento de hábitats y proyectos de ciencia ciudadana adaptados al litoral coruñés.

The Living Reef | THE CUBE

4. Más experiencias participativas

Recursos interactivos, actividades prácticas y propuestas diferenciadas para jóvenes, adultos, aficionados y familias, más allá del recorrido habitual.

5. Renovación de instalaciones y contenidos

Evaluar el estado de los equipamientos, modernizar lo necesario y fijar un calendario público de inversiones y actualizaciones.

Estas propuestas no pretenden convertir el Aquarium Finisterrae en un parque temático ni sustituir su vocación educativa por el espectáculo. Buscan precisamente lo contrario: reforzar su identidad científica, hacerla más visible y conseguir que el visitante participe de forma más activa en la experiencia.

Koruña no necesita solamente turistas para llenar sus museos

El crecimiento turístico de Koruña constituye una oportunidad para sus equipamientos culturales. Pero la ciudad también necesita instituciones capaces de generar una relación estable con sus propios habitantes.

La Casa de los Peces debería ser un lugar al que acudir varias veces al año, no una visita que se hace una vez durante la infancia y que después apenas encuentra novedades capaces de justificar el regreso.

Un calendario de exposiciones temporales, actividades de ciencia ciudadana, conferencias, talleres especializados y propuestas participativas permitiría construir una comunidad de usuarios interesados en la vida marina.

No todos tendrían que acudir cada semana. Bastaría con que existieran motivos reales para volver: una nueva exposición, un ciclo de conferencias, una actividad vinculada a una investigación reciente o una experiencia que permitiera descubrir algo que antes no se conocía.

Ese vínculo también podría beneficiar a los centros educativos, que encontrarían recursos actualizados para complementar sus visitas, y a los investigadores, que dispondrían de un espacio desde el que comunicar sus trabajos a un público amplio.

El resultado sería un acuario más conectado con la ciudad y con la realidad científica de Galicia.

La cuestión, por tanto, no es elegir entre turistas y coruñeses. Es conseguir que el atractivo turístico se apoye en una institución viva, capaz de generar interés por sí misma y de ofrecer novedades a quienes ya la conocen.

250.000 visitantes no son un cheque en blanco

El Aquarium Finisterrae conserva prestigio, atrae público y cumple una función educativa importante. Precisamente por eso, merece que se le exija algo más que mantener las puertas abiertas.

Si las exposiciones temporales permanecen durante demasiado tiempo sin cambios, si las instalaciones necesitan una renovación progresiva y si la programación no ofrece suficientes actividades dinámicas para quienes desean profundizar en la vida marina, el récord de visitantes no debería cerrar el debate.

Debería abrir una nueva etapa.

El Ayuntamiento tiene la oportunidad de aprovechar este buen momento para impulsar una renovación planificada, modernizar las salas, incorporar nuevas formas de divulgación y establecer una programación que invite a regresar.

No basta con esperar que el turismo siga creciendo, que los colegios continúen organizando excursiones o que un nuevo tiburón vuelva a despertar la curiosidad del público.

La Casa de los Peces necesita una estrategia que combine conservación, ciencia, educación y experiencias renovadas. Una estrategia que reconozca que el valor de un museo no reside solamente en lo que conserva, sino también en su capacidad para actualizar lo que enseña.

Koruña cuenta con el mar, con una identidad atlántica reconocible y con un entorno científico que podría contribuir a construir una oferta divulgativa mucho más ambiciosa. Lo que falta es convertir ese potencial en un proyecto concreto, con inversiones, calendario y objetivos públicos.

El Aquarium Finisterrae no necesita únicamente recuperar a su tiburón más famoso. Necesita recuperar la capacidad de sorprender, de enseñar cosas nuevas y de hacer que los koruñeses quieran volver.

Porque un museo científico no puede conformarse con que sus visitantes salgan satisfechos de una primera visita. Tiene que conseguir que, meses después, se pregunten qué habrá cambiado desde la última vez.

Y cuando la principal novedad de un acuario es la búsqueda de un sustituto para el animal que durante veinte años fue su gran estrella, quizá ha llegado el momento de renovar también la manera de pensar su futuro.

La diferencia es enorme. Lo que estás planteando no es simplemente un acuario con más actividades, sino un Aquarium Finisterrae convertido en observatorio público del Atlántico, centro de divulgación científica y punto de encuentro permanente entre la investigación marina y la sociedad.

Y eso permite afinar la crítica de Koruña Rabuña: no se trata de negar el valor del acuario actual, sino de preguntarse por qué una ciudad con la relación de A Coruña con el mar no aspira a algo mucho más ambicioso.

Hay, no obstante, un matiz importante para que el artículo sea sólido: la información municipal anuncia renovaciones de exposiciones temporales y algunas novedades interactivas para el curso 2025-2026, además de actividades como Viaje al centro del Aquarium.


Por eso, la crítica más defendible no es que no se haga absolutamente nada, sino que esas actuaciones puntuales no equivalen necesariamente al proyecto continuo, abierto y conectado con la investigación que propones.

El Aquarium Finisterrae podría tener

Western Channel Observatory

1. Una ventana en tiempo real al Atlántico

Temperatura, salinidad, oxígeno disuelto, turbidez, oleaje y otros parámetros medidos por sensores de la costa. Paneles en el acuario y una web pública mostrarían los datos actuales, su evolución histórica y las explicaciones de los científicos. No solo cifras: información que ayude a entender qué está pasando en el mar que tenemos delante.

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2. El fondo marino, retransmitido en directo

Cámaras submarinas fijas en enclaves seleccionados, con imágenes de peces, invertebrados y cambios estacionales. El visitante podría observar cómo evoluciona un hábitat sin necesidad de bucear. Una selección de grabaciones permitiría comparar estaciones, episodios de mala mar o cambios en la presencia de determinadas especies.

Glider | HIMIOFoTS

3. Gliders y campañas oceanográficas

Seguir las misiones de vehículos submarinos autónomos, conocer sus rutas, consultar perfiles de temperatura y salinidad y ver qué preguntas científicas intenta resolver cada campaña. El acuario no tendría que adquirir estos equipos: podría colaborar con centros de investigación que ya los utilizan y traducir sus resultados a un lenguaje accesible.


Al mismo tiempo podría mostrar grandes paneles con infografías convirtiendo en imágenes, datos científicos de cambios en los parámetros oceanográficos del todo el planeta. 

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4. La pesca y la economía real del mar

Información actualizada sobre descargas pesqueras, especies capturadas, estacionalidad, artes de pesca y evolución de las capturas, siempre a partir de fuentes verificadas. Así se podrían explicar las relaciones entre ecosistemas, actividad extractiva, empleo, consumo y sostenibilidad. El océano no es solo naturaleza: también es sustento económico y parte de la identidad gallega.

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5. Una agenda científica durante todo el año

Charlas periódicas con investigadores del Centro Oceanográfico de Koruña, seminarios abiertos, presentación de resultados científicos, encuentros con pescadores y técnicos, talleres para aficionados y actividades para adultos. No como acontecimientos excepcionales, sino como parte habitual de la programación.

Supply & Trade | SeafoodSource

6. Un acuario que salga de sus paredes

Exposiciones itinerantes, talleres en colegios, actividades en centros cívicos de Koruña y otros municipios metropolitanos, colaboraciones con lonjas y asociaciones vinculadas al mar. La divulgación llegaría a personas que no pueden acudir al acuario o que todavía no lo consideran un lugar de interés habitual.

La clave: convertir los datos en conocimiento público.

No hace falta instalar inmediatamente una red propia de gliders ni desplegar cámaras submarinas en numerosos puntos. Se podría comenzar recopilando datos abiertos de organismos científicos, estaciones costeras y programas de seguimiento existentes. Después, mediante acuerdos con las instituciones responsables, se podrían incorporar nuevas fuentes, sensores y campañas.

El Centro Oceanográfico de Koruña, perteneciente al IEO-CSIC, sería un interlocutor especialmente relevante. Su actividad investigadora aborda cuestiones relacionadas con los ecosistemas marinos y el cambio climático, y su dirección ha defendido públicamente la importancia de acercar la ciencia a la sociedad.

El Aquarium Finisterrae podría actuar como traductor de ese conocimiento: seleccionar los datos relevantes, contextualizarlos, explicar sus limitaciones y presentarlos mediante paneles, gráficos, vídeos, charlas y publicaciones digitales.

Por ejemplo, una pantalla podría mostrar la temperatura del agua medida por una estación costera y compararla con la serie histórica disponible. Otra podría explicar qué es una anomalía térmica y qué consecuencias puede tener. Una tercera podría ofrecer imágenes submarinas acompañadas de identificaciones de especies y anotaciones de especialistas.

La clave estaría en distinguir las mediciones reales de las estimaciones, indicar la procedencia y fecha de los datos y evitar sacar conclusiones científicas de una observación aislada.

Así, el acuario dejaría de ser un espacio donde el conocimiento se presenta una vez elaborado para convertirse en un lugar donde el público puede seguir cómo se construye la ciencia, qué se está investigando y qué vamos descubriendo sobre nuestro mar.

Y entonces sí podríamos hablar de un acuario vivo

Este modelo cambiaría también la relación de los ciudadanos con la institución.

Un residente podría acudir una vez al mes para asistir a una charla, consultar las novedades de una campaña oceanográfica, participar en una actividad de identificación de especies o conocer los resultados de un estudio sobre las pesquerías gallegas. Un colegio podría trabajar durante semanas con datos publicados por el acuario y visitar después el centro para interpretarlos con sus educadores. Una asociación vecinal de otro municipio podría recibir una exposición itinerante realizada por el acuario sin necesidad de organizar una excursión hasta Koruña o recibir la visita de un divulgador del acuario. En ese modelo, la visita presencial sería solo una parte de la experiencia. La web, las publicaciones periódicas, las actividades externas y la colaboración científica mantendrían vivo el contacto durante todo el año.

El Oceanário de Lisboa, por ejemplo, combina exposiciones permanentes y temporales con programas educativos para distintos niveles y recursos para docentes. Su memoria de actividad también documenta iniciativas de participación ciudadana y conservación.

Koruña podría desarrollar una línea propia, más centrada en la realidad del Atlántico gallego y en la investigación que se realiza en su entorno.

Y aquí está la diferencia fundamental respecto a medir el éxito únicamente por el número de entradas: un acuario vivo no se evalúa solo por cuántas personas lo visitan, sino también por cuántas participan, cuánto aprenden, qué conexiones establece con la comunidad científica o con centros cívicos o educativos y qué conocimiento pone al alcance de la sociedad.

La cuestión para Koruña Rabuña ya no es si el Aquarium Finisterrae recibe suficientes visitantes. Es si está aprovechando todo su potencial como institución científica, educativa y pública de una ciudad atlántica.

Porque Koruña no necesita limitarse a conservar un acuario que funciona. Puede aspirar a tener un centro desde el que mirar al océano, comprender sus cambios, conocer a quienes lo investigan y participar en su conservación.

Ese sería un auténtico salto de ambición: pasar de exhibir la vida marina a mantener una relación viva, cotidiana y pública con el mar.

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