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lunes, 19 de octubre de 2026

Penamoa vuelve a arder: el humo que señala las asignaturas pendientes

 Doce hectáreas calcinadas, desalojos y un amplio operativo de emergencia. El incendio del domingo en el entorno de Bens vuelve a poner sobre la mesa la prevención, la protección de las personas vulnerables y el abandono de determinados espacios de la periferia koruñesa.

La tarde del domingo 18 de octubre, una gran columna de humo volvió a dibujarse sobre el horizonte de Koruña. Esta vez, el fuego avanzaba por el monte bajo de la zona de Penamoa, en el entorno del parque de Bens y cerca de Talleres Hércules. Lo que a primera vista podía parecer otro incendio de matorral terminó movilizando a los servicios municipales y autonómicos, obligando a desalojar el Hogar Santa Lucía y dos viviendas próximas.

El balance provisional difundido durante la emergencia situaba en unas cinco hectáreas la superficie afectada. Intervinieron los Bomberos de Koruña y los medios de la Xunta, con brigadas formadas por 6 agentes,  5motobombas y dos helicópteros. El fuego llegó a controlarse durante la noche, aunque quedaron labores de vigilancia y extinción pendientes.

Agentes de la Policía Local y bomberos estuvieron trabajando para evitar que el incendio pudiera producir grandes daños y pérdidas humanas. 

La rápida intervención de los equipos de emergencia evitó que la situación tuviese consecuencias mayores. Y conviene reconocerlo sin reservas: cuando el fuego amenaza viviendas y centros de atención social, la actuación de quienes se juegan el tipo para contenerlo es esencial.

Pero, una vez apagadas las llamas, queda una pregunta que no debería extinguirse con ellas: ¿qué estamos haciendo para que estos episodios no se repitan una y otra vez en los mismos entornos?

Un incendio no es un episodio aislado

Lo sucedido en Penamoa no aparece en un mapa vacío de antecedentes. Durante el verano se registraron otros incendios en la zona y en puntos próximos de la periferia. Penamoa, O Portiño y As Rañas volvieron a aparecer en las noticias por fuegos de distinta extensión. En agosto, la prensa local ya advertía de la reiteración de estos episodios y de la incidencia de la vegetación seca y de posibles factores humanos.

Incendio. Foto de la Voz de Galicia. 

No todos esos incendios tienen por qué compartir origen, y sería irresponsable afirmar que detrás de ellos existe una única causa sin las conclusiones de las investigaciones. Pero su repetición sí obliga a mirar el problema en conjunto.

La periferia urbana no puede ser el territorio al que solo se presta atención cuando aparece una columna de humo. Los espacios de monte próximos a viviendas, instalaciones industriales, tendidos eléctricos y equipamientos sociales necesitan mantenimiento, vigilancia y una estrategia de prevención adaptada a sus riesgos concretos.

El incendio se originó en las cercanía de Talleres Hércules. Foto de La Voz de Galicia. 

El incendio del domingo se produjo, además, en una época del año en la que muchos vecinos quizá no esperan encontrarse con una emergencia de estas dimensiones. Sin embargo, las condiciones meteorológicas y el estado de la vegetación pueden prolongar el riesgo más allá de los meses tradicionalmente asociados a los grandes incendios. La Xunta había ampliado hasta el 15 de octubre el período de alto riesgo forestal en 2026 por las condiciones existentes.

La naturaleza no entiende de calendarios administrativos. La prevención tampoco debería limitarse a ellos.

Hay un plan. Ahora toca comprobar cómo funciona

El Ayuntamiento de Koruña no puede alegar que la prevención de incendios sea una cuestión ajena a su agenda. En agosto anunció que había enviado notificaciones a los propietarios de 384 parcelas para que acondicionasen sus terrenos. También informó de la ampliación del plan municipal de prevención, que elevaba de 1.192 a 2.551 el número de parcelas afectadas por las franjas de gestión de biomasa.

Es una actuación relevante. Pero anunciar un plan, ampliar el número de parcelas incluidas o enviar notificaciones no equivale automáticamente a que todos los puntos de riesgo estén controlados.

La pregunta es qué ocurre después: cuántas parcelas se limpian dentro del plazo, cuántos propietarios incumplen, en qué casos actúa subsidiariamente la Administración y qué inspección se realiza en las zonas más sensibles. También sería conveniente conocer si los espacios próximos a viviendas, centros sociales e infraestructuras cuentan con una evaluación específica del riesgo y con protocolos revisados de forma periódica.

No se trata de reclamar que cada incendio demuestre un fallo municipal. Un fuego puede iniciarse por circunstancias imprevisibles y propagarse pese a una prevención adecuada. Se trata de algo más elemental: si hay episodios repetidos en una misma periferia, la ciudadanía tiene derecho a conocer qué medidas se están aplicando, cuáles funcionan y qué queda por hacer.

La prevención no se mide por el número de comunicados, sino por la reducción del riesgo real.

La vulnerabilidad no puede ser una nota a pie de página

Uno de los aspectos más preocupantes del incendio fue la evacuación del Hogar Santa Lucía, un recurso de atención a mujeres víctimas de violencia de género perteneciente a la  Congregación Misioneras Esclavas del Inmaculado Corazón de María, además de dos viviendas cercanas. Sus ocupantes tuvieron que ser trasladados preventivamente mientras los equipos de emergencia trabajaban para contener el fuego y evitar mayores riesgos. Las 16 mujeres desalojadas vivieron momentos de mucha tensión, muchas ellas abandoban su hogar temporal con lágrimas en los ojos.  Regresaron al día siguiente, a las 8:30 de la mañana. 

Al otro lado de la carretera de Bens, en el Hogar de Sor Eusebia, de la misma congregación religiosa que el Hogar Santa Lucía, donde viven hombres en situación de vulnerabilidad, no tuvieron que desalojarlo aunque permanecieron confinados. 

Este detalle cambia la dimensión del suceso. No hablamos únicamente de maleza quemada ni de una superficie que pueda medirse en hectáreas. Hablamos de personas cuya seguridad depende de que las instituciones anticipen los riesgos y puedan responder con rapidez cuando se produce una emergencia.

Un centro de atención social no debería descubrir su exposición al fuego cuando el humo ya llega a sus instalaciones. Los servicios responsables deben conocer los riesgos del entorno, disponer de vías de evacuación practicables y coordinarse con los equipos de emergencia. Y las administraciones deben comprobar que esas condiciones existen de verdad.

En la información sobre el incendio también aparece la proximidad de un asentamiento en el que viven personas en situación de exclusión social. Sus habitantes fueron evacuados, según las crónicas. Esa circunstancia merece atención, pero no autoriza a señalarles como responsables del fuego: las causas estaban bajo investigación.

Conviene recordarlo porque existe una tentación demasiado fácil de convertir la pobreza en explicación automática de cualquier problema que se produzca alrededor de un asentamiento precario. Es un atajo que no aclara los hechos ni resuelve la emergencia.

Si hay conductas delictivas, deberán investigarse con pruebas. Si existen condiciones de riesgo vinculadas a instalaciones precarias, falta de servicios o acumulación de materiales combustibles, habrá que identificarlas y corregirlas. Y si hay personas viviendo en condiciones inseguras, la respuesta pública no puede consistir únicamente en desalojarlas cuando aparece el peligro.

La seguridad y la atención social no son políticas incompatibles. En lugares como Penamoa, tienen que ir de la mano.

Bens no puede ser solo el paisaje que aparece cuando arde

El entorno de Bens y Penamoa forma parte de una ciudad que no termina en sus calles más transitadas ni en sus espacios más fotografiados. En la periferia conviven zonas verdes, actividades económicas, infraestructuras y realidades sociales que requieren una gestión sostenida.

Cuando se declara un incendio, se movilizan efectivos, vehículos y medios aéreos. Es una respuesta imprescindible. Pero una política pública completa debe actuar también antes: mantener la vegetación en condiciones adecuadas, identificar puntos críticos, inspeccionar las franjas de protección y coordinar a los servicios municipales, autonómicos y sociales.

El propio Ayuntamiento dispone de un procedimiento de prevención que permite requerir a los propietarios la limpieza y conservación de sus terrenos, e incluso actuar ante incumplimientos conforme a la normativa aplicable.

Por eso sería razonable que el gobierno municipal explicase qué actuaciones preventivas se han realizado en el entorno de Penamoa y Bens, qué evaluación de riesgos existe para los equipamientos próximos y qué mejoras se prevén tras este último incendio. La Xunta, por su parte, debería aportar la información disponible sobre las causas investigadas y las medidas que correspondan dentro de sus competencias.

No hace falta alimentar una polémica artificial ni buscar culpables antes de tiempo. Basta con exigir información, planificación y seguimiento.

Apagar el fuego es urgente. Evitar el siguiente, también

La actuación de los bomberos y las brigadas permitió controlar un incendio que llegó a amenazar instalaciones y obligó a evacuar a personas. Esa es la noticia inmediata y el trabajo que merece reconocimiento.

Pero la noticia de fondo es otra: en una zona donde ya se habían producido otros fuegos, vuelve a arder el monte. Y cuando ocurre, vuelven también las preguntas sobre el mantenimiento, la prevención y la capacidad de las instituciones para adelantarse a los problemas.

No se puede prometer que nunca habrá otro incendio. Sí se puede exigir que los riesgos conocidos se identifiquen, que las medidas anunciadas se ejecuten, que los espacios sensibles reciban atención prioritaria y que las personas vulnerables no queden expuestas a peligros evitables.

La próxima columna de humo no debería ser la señal que active todas las alarmas. Para entonces, la prevención ya habrá llegado tarde.

Penamoa vuelve a recordarnos que una ciudad se mide también por cómo cuida sus márgenes. Y que la periferia no puede existir para las instituciones únicamente cuando arde.

Datos que convendría confirmar antes de publicar

  • Causa del incendio: las informaciones consultadas no permiten establecer una causa definitiva. Evitar atribuir responsabilidades hasta que exista información oficial.

  • Balance final: las 12 hectáreas quemadas fue una estimación difundida durante la emergencia.

  • Hora de control y regreso de los desalojados: el incendio se originó a las 18:20 del domingo 18 de octubre en una zona de monte bajo generando una gran columna de humo que se pudo ver desde diferentes puntos de la ciudad. El fuego se dio por controlado sobre las 5 de la madrugada. Los evacuados fueron regresando después, sobre las 8:30 de la mañana. 

  • Prevención en Penamoa: la información municipal sobre las 384 parcelas y la ampliación del plan es un buen punto de partida, pero no demuestra por sí sola que las parcelas afectadas por este incendio estuviesen incluidas ni que existiera un incumplimiento.

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