La semana terminó con un sabor agridulce en la ciudad. Mientras el Deportivo protagonizaba un fiasco al empatar en Riazor ante el Levante (un resultado que deja más dudas que certezas y mantiene la sensación de estancamiento), el resto del polideportivo local ofreció un contraste muy interesante: grandes alegrías en varias disciplinas y algún correctivo duro que obliga a reflexionar.
La jornada deja un mensaje claro: el Dépor sigue decepcionando después de un ilusionante comienzo y el Leyma y el Fabril necesitan respuestas urgentes. Pero el resto del deporte koruñés demuestra que hay vida más allá de los grandes clubes. OAR, CRAT, Zalaeta, Dominicos y el Dépor ABANCA ofrecieron resultados de nivel y motivos para la ilusión.En Koruña el fin de semana fue de contrastes. Mientras el fútbol masculino principal dejaba un sabor amargo, el resto del polideportivo respondió con carácter, remontadas y triunfos de prestigio.
Dépor ABANCA ante el muro del Eibar: ambición, carácter y algo más que tres puntos
El Dépor ABANCA afrontaba la visita a Ipurúa con un reto que iba más allá de sumar una victoria: demostrar que el equipo puede competir con personalidad cuando la clasificación aprieta y cada jornada empieza a pesar como una final. El Eibar se presentaba como un rival sólido, especialmente difícil de batir en su campo, y las deportivistas necesitaban transformar el trabajo del parón liguero en algo tangible sobre el césped.
La previa publicada por La Opinión A Coruña el 17 de octubre ponía el foco precisamente en ese desafío: asaltar el muro armero. Pero el partido también planteaba una cuestión de fondo para el fútbol femenino herculino: cómo convertir el talento y el esfuerzo de una plantilla en resultados que permitan mirar hacia arriba y dejar de vivir pendientes de la zona peligrosa.
Un muro que terminó cediendo
El Eibar llegaba al encuentro con argumentos para imponer respeto. Ocupaba la quinta posición, acumulaba once puntos y había encajado apenas cuatro goles en las primeras jornadas, una cifra que hablaba de la fortaleza defensiva del conjunto vasco. Además, Ipurúa era un escenario incómodo para cualquier visitante. El entrenador deportivista, Alberto Rodríguez, lo había advertido antes del partido: tocaba jugar con humildad, pero también con la ambición necesaria para llevarse los tres puntos.
Y el Dépor ABANCA respondió de la mejor manera posible: ganando. El conjunto herculino se impuso por 2-3, en un encuentro larguísimo, de 121 minutos, con cinco goles, dos tantos anulados tras las revisiones arbitrales y un desenlace que puso a prueba los nervios de las futbolistas y de quienes siguieron el partido. La victoria no solo confirmó que el muro armero podía derribarse; también permitió al equipo sumar tres puntos de enorme valor y alcanzar los ocho en la clasificación.
La protagonista ofensiva fue una Lucía Pardo decisiva, capaz de marcar y asistir en un partido que exigía precisión, paciencia y sangre fría. Millene abrió el camino con una definición de calidad, mientras que Marisa García y la propia Pardo ampliaron la ventaja en el tramo final. Cuando parecía que el encuentro estaba resuelto, el Eibar encontró fuerzas para marcar dos goles y convertir los últimos minutos en una prueba de resistencia.
La importancia de creer en el plan
La victoria tiene mérito por el rival, por el escenario y por la forma en la que se produjo. El Dépor ABANCA no se limitó a resistir el empuje local: consiguió imponer fases de posesión, aprovechar los espacios y castigar a una defensa que había demostrado ser una de las más fiables de la categoría.
Antes del partido, Alberto Rodríguez había insistido en la necesidad de controlar las segundas jugadas, recuperar el balón y madurar el encuentro sin precipitarse. Era una receta pensada para un duelo cerrado, de esos en los que un error puede cambiarlo todo. El desarrollo del choque confirmó la dificultad del reto, aunque también demostró que el equipo podía competir con personalidad y encontrar soluciones cuando el partido se complicaba.
En una temporada en la que cada punto importa, ganar fuera de casa ante un rival situado en la parte alta puede tener un efecto que va más allá de la clasificación. Sirve para reforzar la confianza, premiar el trabajo realizado durante el parón y recordar a la plantilla que tiene recursos para enfrentarse a equipos que, sobre el papel, parten con ventaja.
Eso sí, una victoria no debe ocultar todo aquello que todavía hay que mejorar. El Eibar consiguió marcar dos veces en el descuento y mantuvo la incertidumbre hasta el final. La capacidad de sufrimiento es necesaria, pero el Dépor ABANCA tendrá que aprender a gestionar mejor las ventajas cuando el rival se lanza a la desesperada. Un 0-3 que acaba en 2-3 sigue siendo una victoria magnífica, aunque también deja aspectos que revisar.
El VAR, protagonista de una tarde interminable
El partido estuvo condicionado por las revisiones arbitrales. Dos goles del Eibar fueron anulados después de que la colegiada acudiese a la pantalla: el primero por fuera de juego en el inicio de la jugada y el segundo por una mano previa. Las interrupciones contribuyeron a alargar el encuentro hasta superar las dos horas y cuarto desde el pitido inicial.
El sistema de vídeo volvió a ocupar un lugar central en la conversación futbolística. Las revisiones pueden ayudar a corregir errores importantes, pero cuando se acumulan y las decisiones tardan en llegar, el partido pierde continuidad y la tensión se multiplica. En Ipurúa, el desenlace deportivo quedó inevitablemente ligado a esa sucesión de consultas.
Conviene, no obstante, separar el debate arbitral del mérito de las deportivistas. El Dépor ABANCA hizo tres goles, encontró soluciones en ataque y tuvo que soportar la reacción final de un adversario que no se rindió. Las decisiones arbitrales forman parte de la historia de este encuentro, pero no deberían borrar el trabajo que permitió a las blanquiazules regresar a casa con la victoria.
Tres puntos para cambiar el ánimo
Para el deportivismo, el triunfo deja una noticia especialmente importante: el equipo vuelve a sumar de tres y lo hace en una salida exigente. La clasificación todavía requiere continuidad y regularidad, pero los ocho puntos alcanzados después de esta jornada ofrecen una base mejor para afrontar lo que viene.
El reto ahora consiste en convertir esta victoria en un punto de inflexión y no en una alegría aislada. La Liga no se decide en una tarde, por memorable que sea, sino en la capacidad de repetir el esfuerzo, corregir errores y sostener el nivel competitivo jornada tras jornada.
El Dépor ABANCA tiene motivos para celebrar. Ha tumbado a uno de los equipos menos goleados del campeonato, ha demostrado pegada y ha sobrevivido a un final angustioso. Pero también tiene una responsabilidad: utilizar este resultado para construir una trayectoria más estable, que le permita alejarse de la zona baja y competir sin que cada partido se convierta en una urgencia.
En Koruña, el fútbol femenino merece algo más que atención puntual cuando llega una victoria de impacto. Merece seguimiento, reconocimiento y espacio para contar las historias de sus protagonistas. Porque detrás de estos tres puntos hay trabajo, preparación, talento y un grupo que intenta abrirse camino en una competición exigente.
El muro del Eibar cayó. Ahora le toca al Dépor ABANCA demostrar que esta victoria es el comienzo de algo más sólido. As Nosas han dado un paso importante; el siguiente consiste en convertir la ambición de una tarde en la regularidad de toda una temporada.
El Fabril se estrella contra el líder: tres goles, demasiados errores y una alarma que vuelve a encenderse
El 3-0 encajado por el Fabril ante el CD Lugo en el Anxo Carro no es una derrota cualquiera. Perder contra el líder de Primera Federación puede entrar dentro de lo razonable; hacerlo después de encadenar varios tropiezos obliga, sin embargo, a mirar más allá del resultado. El filial deportivista se marchó de Lugo con su tercera derrota consecutiva, dudas defensivas y la preocupación añadida por las molestias físicas de Noé Carrillo, que tuvo que abandonar el encuentro.
El marcador fue contundente, aunque el partido no estuvo siempre tan desequilibrado como sugiere el 3-0. El Fabril tuvo ocasiones para adelantarse y llegó a poner contra las cuerdas al conjunto lucense en algunos momentos. Pero el fútbol también consiste en aprovechar las oportunidades, evitar regalos y saber cuándo conviene arriesgar. En esas tres cuestiones, el Lugo demostró por qué ocupa la parte más alta de la clasificación y el equipo de Manuel Pablo volvió a pagar un precio demasiado alto por sus errores.
El primer regalo abrió la puerta
Durante buena parte de la primera mitad, el encuentro se mantuvo abierto. El Fabril buscó recuperar arriba, trató de incomodar la salida del balón del Lugo y encontró alguna ocasión clara. Martín Ochoa estuvo cerca de marcar tras un centro de Rubén López, mientras que Kevin Sánchez también dispuso de una oportunidad que el guardameta local, Marc Martínez, consiguió neutralizar.
El Lugo, por su parte, encontró espacios por la banda derecha y obligó a Hugo Ríos a intervenir en varias ocasiones. El portero fabrilista llegó a sostener al equipo con paradas de mérito, pero a cinco minutos del descanso cometió un error que cambió el partido. Al intentar jugar el balón en lugar de despejarlo, dejó la pelota en una situación comprometida que Chiqui aprovechó para marcar a puerta vacía.
Ese tanto fue mucho más que un gol encajado antes del intermedio. Fue una invitación a un rival que sabe manejar las ventajas y una nueva señal de alarma para un filial que necesita reducir los errores evitables. La apuesta por salir jugando tiene sentido cuando existe precisión y coordinación; deja de ser una virtud cuando el riesgo no está bien medido y el equipo acaba regalando ocasiones.
No se trata de convertir a Hugo Ríos en el único responsable de la derrota. El fútbol es un deporte colectivo y el resultado se construye durante noventa minutos. Pero tampoco conviene disfrazar el problema: cuando los fallos individuales se repiten y terminan condicionando partidos, hay que analizarlos con seriedad y trabajar para que no vuelvan a costar puntos.
La reacción existió, pero duró demasiado poco
El Fabril salió del vestuario con otra energía. Durante los primeros minutos de la segunda parte, los blanquiazules encontraron espacios y estuvieron cerca de empatar. Adrián Guerrero fabricó una de las mejores ocasiones del encuentro, pero Kike Hermoso evitó el gol cuando el balón parecía destinado a la portería. Poco después, el filial volvió a acercarse con una acción de Martín Ochoa.
Ese tramo demostró que el Fabril tenía argumentos para discutirle el partido al líder. El problema llegó cuando la necesidad de empatar empujó al equipo a adelantar sus líneas y asumir más riesgos. El Lugo, cómodo en las transiciones y con jugadores capaces de castigar cualquier desajuste, empezó a encontrar espacios que antes no tenía.
El segundo tanto, obra de Alan Godoy en el minuto 76, terminó de inclinar el encuentro. El delantero aprovechó una situación favorable ante Hugo Ríos y resolvió con una picadita. En el tiempo añadido, Pere Haro marcó el tercero para cerrar una tarde amarga para los deportivistas.
La lección es incómoda, pero necesaria: competir no consiste únicamente en tener fases buenas. Hay que sostenerlas, administrar los momentos delicados y evitar que un partido equilibrado se convierta en una goleada por errores propios y desajustes colectivos.
Manuel Pablo pide continuidad, y ahí está la clave
Después del encuentro, Manuel Pablo reconoció que al equipo le había faltado continuidad en lo que venía haciendo. También señaló las pérdidas de balón en campo propio y la calidad del Lugo cuando dispone de tiempo para pensar. Su diagnóstico apunta a una cuestión fundamental: el Fabril necesita competir durante más minutos al nivel que demuestra en sus mejores fases.
La exigencia debe ser proporcionada. El Fabril es un filial, un equipo cuyo cometido incluye formar futbolistas y facilitar su progresión hacia el primer equipo. No se le puede juzgar exactamente con los mismos parámetros que a un conjunto construido únicamente para lograr resultados inmediatos. Pero la formación también exige aprender a competir, gestionar la presión y corregir errores que en categorías superiores se pagan todavía más caros.
La derrota ante el Lugo deja una paradoja: el filial necesita tiempo para crecer, pero la competición no espera a que termine ese proceso. Con ocho puntos y situado en la zona baja de la tabla tras esta jornada, el equipo debe encontrar cuanto antes una fórmula que combine desarrollo individual y solidez colectiva.
No basta con que los jóvenes tengan talento. Necesitan un contexto que les permita equivocarse, aprender y progresar, pero también una estructura que reduzca los errores repetidos y les enseñe a cerrar partidos. Formar y competir no son objetivos incompatibles; deberían reforzarse mutuamente.
La lesión de Noé, otra preocupación
La derrota tuvo además una noticia especialmente negativa para el filial: Noé Carrillo tuvo que ser sustituido alrededor de la hora de juego por molestias físicas. El centrocampista regresaba a la titularidad después de un periodo complicado y su salida fue un contratiempo tanto para el jugador como para los planes de Manuel Pablo. El alcance definitivo de las molestias debía quedar pendiente de la valoración médica.
Las lesiones forman parte del deporte, pero su impacto es mayor cuando afectan a futbolistas que están intentando recuperar ritmo y continuidad. En un filial, cada ausencia también altera los mecanismos colectivos y obliga a reajustar posiciones, especialmente cuando la plantilla ya arrastra otras bajas.
La noticia positiva fue el regreso de Manu Ferreiro, que volvió a competir después de un largo periodo de lesión. En una tarde con pocos motivos para celebrar, recuperar efectivos puede ser importante para afrontar las próximas jornadas.
El siguiente partido ya no admite más distracciones
El calendario ofrece al Fabril una oportunidad inmediata para responder. El sábado 24 de octubre está prevista la visita del CD Extremadura a ABANCA-RIAZOR. El equipo de Manuel Pablo necesita convertir la frustración de Lugo en una reacción concreta: más atención en defensa, menos pérdidas comprometidas y mayor eficacia cuando aparezcan las ocasiones.
No se trata de exigir una victoria como si fuese una obligación automática. Se trata de reclamar señales de evolución. Que el equipo aprenda de sus errores, que no se descomponga cuando encaje un gol y que encuentre una manera de competir con regularidad, tanto contra los equipos de la parte alta como frente a rivales directos.
El Lugo fue mejor en los momentos decisivos y aprovechó los errores del Fabril. Reconocerlo no significa renunciar a la crítica, sino hacerla más útil. El filial no necesita dramatizar cada derrota, pero tampoco puede normalizar una cadena de resultados negativos sin revisar lo que está fallando.
En Koruña, el Fabril es mucho más que el equipo que aparece en la clasificación cada fin de semana. Es una parte esencial del futuro del Deportivo, el lugar donde los jóvenes deben prepararse para dar el salto y donde se construye buena parte de la identidad deportiva del club. Por eso sus tropiezos importan, y por eso también importa que las respuestas lleguen sobre el césped.
El 3-0 de Lugo debe servir como advertencia, no como condena. El Fabril tiene margen para corregir, crecer y recuperar sensaciones. Pero el talento solo se convierte en futuro cuando viene acompañado de aprendizaje, concentración y regularidad. Y eso es precisamente lo que el equipo necesita empezar a demostrar.
El Leyma se lleva un correctivo en Girona: 110 puntos encajados y muchas preguntas por responder
Una derrota por veinte puntos siempre duele. Pero encajar 110 puntos y perder por 110-90, como le ocurrió al Leyma Coruña ante el Girona, obliga a mirar más allá del marcador. No es solo una mala tarde de lanzamiento ni un accidente que pueda despacharse con un par de tópicos sobre la dureza de la competición. Es un resultado que pone el foco en la defensa, en la capacidad del equipo para controlar los partidos y en las respuestas que debe encontrar Carles Marco al frente del banquillo.
El titular de La Opinión A Coruña puso el acento en la actuación de Jassel Pérez, decisivo en el castigo al conjunto koruñés. Y esa es una de las claves de una noche que el Leyma necesita analizar sin excusas: cuando un rival encuentra facilidad para anotar y sus principales armas ofensivas juegan con confianza, el partido puede escaparse mucho antes de que el marcador lo haga oficial.
La derrota no convierte al Leyma en un mal equipo de la noche a la mañana. Pero sí deja una advertencia: las aspiraciones de un conjunto que quiere competir arriba no pueden sostenerse únicamente en su capacidad para anotar. Si la defensa no consigue frenar al rival, cerrar los espacios y elevar el nivel de contacto competitivo, cada partido puede convertirse en una carrera de puntos en la que basta con que el rival tenga una noche inspirada para dejarlo todo patas arriba.
Girona no perdonó: del 74-76 al desastre
Hay un dato que explica mejor que cualquier discurso lo ocurrido en Fontajau: el Leyma llegó al último cuarto por delante en el marcador, 74-76, y terminó perdiendo por veinte puntos. En apenas diez minutos, el partido pasó de ofrecer una oportunidad real de victoria a convertirse en una derrota contundente. El parcial del último periodo fue de 36-14 para el Girona.
La secuencia fue especialmente dolorosa. El equipo coruñés había trabajado para remontar, había mejorado tras el descanso y había conseguido colocarse en una posición favorable. Pero el Girona abrió el último cuarto con un parcial de 14-0 que dejó el marcador en 88-76 y deshizo todo el trabajo anterior.
Jassel Pérez fue el gran protagonista de ese derrumbe. El dominicano anotó 40 puntos, convirtió nueve triples de doce intentos y alcanzó 42 créditos de valoración. Firmó una actuación extraordinaria, de esas que merecen reconocimiento incluso desde el lado del equipo derrotado. Pero la pregunta para el Leyma es inevitable: ¿cómo se permite que un jugador castigue de esa manera sin encontrar una respuesta defensiva eficaz?
No toda actuación sobresaliente del rival es responsabilidad del adversario. Pérez tuvo una tarde excepcional. Sin embargo, cuando un jugador alcanza semejantes cifras y el equipo encaja 110 puntos, la explicación no puede limitarse a que el rival estuvo inspirado. También hay que examinar las ayudas defensivas, la comunicación, la presión sobre el lanzamiento y la capacidad de modificar el plan cuando las cosas empiezan a torcerse.
Carles Marco señala el problema: defender
La segunda referencia de La Opinión A Coruña, centrada en Carles Marco, encaja con una preocupación que ya había expresado el técnico antes del desplazamiento: el equipo no está siendo regular en sus esfuerzos y necesita mejorar su coordinación, su comunicación y sus automatismos. El entrenador se había mostrado optimista sobre el margen de crecimiento de la plantilla, pero también había advertido de que la mala pretemporada no podía servir como excusa permanente.
Tras el partido, el diagnóstico fue todavía más contundente. Marco resumió el problema con una frase que debería marcar el trabajo de los próximos entrenamientos: «Es difícil ganar en esta Liga si recibes tantos puntos con tanta facilidad».
No hace falta convertir esa declaración en una sentencia contra el entrenador para reconocer la dimensión del problema. La defensa es una responsabilidad compartida: de quienes ejecutan las instrucciones sobre la pista, de los mecanismos colectivos y de las decisiones técnicas que deben corregirse durante el partido.
Lo preocupante es la repetición de los síntomas. El Leyma venía de sufrir una derrota muy dura ante el Zaragoza y volvió a encajar una cantidad enorme de puntos. Frente al Girona, el equipo fue capaz de reaccionar durante el tercer cuarto, pero no sostuvo esa mejoría cuando llegó el momento decisivo. Si el mismo patrón se repite, ya no basta con hablar de una mala tarde: toca identificar por qué el equipo pierde consistencia y cómo evitar que vuelva a ocurrir.
Una Liga que no espera
Con esta derrota, el Leyma se situó con una victoria y tres derrotas en las cuatro primeras jornadas, cayendo a puestos de descenso. La temporada todavía está empezando y sería prematuro hacer pronósticos alarmistas. Pero tampoco sería sensato ignorar las señales que dejan estos primeros encuentros.
El equipo tiene argumentos ofensivos. Lucas Uleckas terminó con 17 puntos; Ingus Šiliņš aportó 16, y varios compañeros alcanzaron dobles dígitos. El Leyma anotó 90 puntos fuera de casa y consiguió ponerse por delante al final del tercer periodo. Eso demuestra que hay capacidad para competir y producir en ataque. El problema es que esa producción pierde valor cuando el rival puede anotar con demasiada facilidad y desactivar el partido en unos pocos minutos.
El baloncesto no exige defender siempre de manera perfecta. Sí exige responder cuando el rival encuentra una ventaja, cerrar el rebote, reducir las pérdidas y evitar que una mala racha se convierta en una avalancha. En Girona, el Leyma falló precisamente en ese momento: cuando necesitaba serenidad, orden y personalidad para proteger la ventaja que tanto le había costado conseguir.
Ni dramatismo ni paños calientes
Carles Marco pidió antes del partido confianza en el proceso y recordó que el equipo podía mejorar. Esa actitud puede ser útil para un grupo que todavía necesita conocerse, pero el optimismo solo tiene sentido si va acompañado de avances visibles. La paciencia no consiste en aceptar que los mismos problemas se repitan sin consecuencias; consiste en dar tiempo para corregirlos y comprobar si el trabajo produce resultados.
El Leyma no necesita que se declare una crisis después de cuatro jornadas. Necesita algo más concreto: recuperar solidez, defender con mayor continuidad y aprender a gestionar los momentos en los que el partido cambia de dirección. También necesita que las decisiones del banquillo y la respuesta de los jugadores permitan frenar las rachas contrarias antes de que sean irreversibles.
En Koruña, la afición tiene motivos para exigir más sin perder la perspectiva. El equipo está en el inicio de una competición larga, pero la permanencia y la consolidación en la Liga Endesa se construyen precisamente en partidos como este: encuentros que parecen controlados y que, por falta de consistencia, terminan escapándose.
La derrota ante el Girona no condena al Leyma, pero sí le obliga a reaccionar. Jassel Pérez firmó una exhibición memorable; el conjunto coruñés, en cambio, dejó escapar una victoria posible por un último cuarto desastroso. El talento ofensivo puede ganar partidos, pero la defensa y la regularidad son las que permiten competir durante toda una temporada.
Y el próximo paso no pasa por encontrar una frase tranquilizadora. Pasa por demostrar en la pista que el equipo ha entendido la lección de Fontajau.
Attica 21 Hotels OAR 28-25 Agustinos (División de Honor Plata)
Gran reacción del OAR en San Francisco Javier. Los de Nando González se vieron seis goles abajo en el arranque, pero dieron la vuelta al marcador con una segunda parte de alto nivel. Mario López fue el gran protagonista: 9 goles en la segunda mitad. También destacaron Sergio Tobes, Nacho Valles y Diego Martínez. El equipo koruñés sigue a la caza del liderato y firma uno de los mejores inicios de su historia reciente en la categoría de plata.
Dominicos 7-1 Ordes (Hockey sobre patins - OK Plata)
El derbi provincial de Monte Alto fue un monólogo del Dominicos. Tras dos derrotas consecutivas, el equipo de la Ciudad Vieja recuperó la sonrisa con una goleada clara. Miguel López abrió el marcador. Luego llegaron los dobletes de Pablo Cancela, Gonzalo Varela y Tomás Villares (Gabriel Villares también anotó). Segunda victoria de la temporada y un balón de oxígeno en la clasificación.
5 Coruña FS – Derrota clara en Noia (8-2) (2ª RFEF de fútbol sala)
El 5 Coruña sufrió una goleada en la quinta jornada de Segunda División B de fútbol sala. El Noia Portus Apostoli B se impuso por 8-2 en un partido en el que los locales entraron enchufados desde el primer minuto.Los noieses adelantaron el marcador muy pronto (Oliver Chenel, Koeman y Teo en los primeros cuatro minutos) y no bajaron el ritmo. El 5 Coruña solo pudo anotar por medio de Buján y Merelas. Oliver Chenel completó un hat-trick.Este resultado corta la buena dinámica de los rojillos, que llegaban con un inicio sólido en la categoría nacional (proyecto 100 % de cantera). El equipo de Toochy González e Emilio Fernández deberá reaccionar el próximo fin de semana ante el Sibuscascoche Ribeira en Novo Mesoiro.
Joventut 84-69 Maristas (Liga Femenina Challenge de Baloncesto)
Primera derrota de la temporada para el Sparking Truth Maristas. El equipo de Fer Buendía plantó cara en el Olímpico de Badalona, pero el mal primer cuarto (10-27) le pasó factura. Ana Jiménez fue la gran figura visitante con 22 puntos después del descanso y casi completa la remontada (llegaron a estar a solo 4 puntos en el último cuarto). Chanaya Pinto (28 puntos y 45 de valoración) fue decisiva para el Joventut. Maristas se queda con un balance de 2-1 en su estreno en la Challenge.
Zalaeta 3-1 Vóley Playa Madrid (Superliga 2 Femenina de Voleybol)
Victoria de prestigio del Zalaeta ante el líder del grupo. El partido se disputó en el Barrio de las Flores y terminó 25-22, 25-16, 21-25 y 25-19. El conjunto de Jorge Barrero entró muy sólido en el saque (destacaron María Forteza-Rey y Lara Sánchez) y Andrea Rivas fue la gran referencia en ataque. El Madrid se rehízo en el tercer set, pero el Zalaeta no tembló en el cuarto y se llevó un triunfo muy importante para sus aspiraciones en la categoría.
CRAT Rialta 22-17 Sevilla Cocos (Liga Iberdrola de rugby)
El rugby femenino coruñés sigue imparable. El CRAT sumó su segunda victoria consecutiva y se mantiene invicto en el inicio de temporada. El partido en Elviña fue de mucho trabajo. Las sevillanas se adelantaron y obligaron a las de Jos Portos y Gonzalo Pozo a remar. En la segunda parte llegó la reacción: Sara Rodríguez empató con una patada de castigo e Isa Rodríguez puso por delante al CRAT con un ensayo. En los minutos finales Rosina y Laura Maestro cerraron el triunfo con otro ensayo y su conversión. Elviña vuelve a ser un fortín y el equipo celebra el 50 aniversario del club con muy buenas sensaciones.



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