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domingo, 7 de junio de 2026

La gran senda metropolitana que Koruña lleva décadas necesitando

 Hay noticias que hablan de obras. Y hay noticias que hablan de una forma diferente de entender el territorio como la que publica este domingo La Voz de Galicia. La intención de Arteixo, Koruña, Culleredo, Cambre y Oleiros de completar una senda litoral de 59 kilómetros entre Barrañán y Mera pertenece claramente al segundo grupo.

Más allá de los tramos concretos que faltan por ejecutar, esta iniciativa apunta hacia una idea que desde Koruña Rabuña siempre hemos defendido: la necesidad de crear una gran red ciclo-peatonal metropolitana capaz de unir a las personas, conectar municipios y acercar la naturaleza a la vida cotidiana.

Porque lo importante no son solamente los kilómetros. Lo importante es que por primera vez empieza a dibujarse una continuidad territorial que permitiría recorrer buena parte del área metropolitana caminando o en bicicleta, desde las playas y acantilados de Arteixo hasta el litoral de Oleiros, pasando por el paseo marítimo koruñés y la ría de O Burgo. Y eso tiene un enorme valor.

La mayor parte del trazado ya es una realidad y los tramos restantes ya están proyectados o en ejecución en este 2026.


Estado del proyecto municipio a municipio

  • Arteixo (12 km construidos): su paseo une Barrañán con el muelle de Suevos (esquivando Langosteira). El objetivo inmediato es conectar con Koruña mediante los 3 km que faltan hasta la playa de Bens. A futuro, la meta es estirar la senda desde Sorrizo hasta Caión (A Laracha).

  • Koruña (Más de 12 km urbanos): cuenta con el paseo urbano más largo de Europa, pero le faltan casi 5 km para cerrar su fachada marítima en dos tramos:

    • O Portiño - Bens (2,5 km): se adecuará la senda de tierra actual para peatones y bicis.

    • Oza - As Xubias - A Pasaxe (2 km): se integrará en el desarrollo de As Xubias con una solución "blanda" y de bajo impacto ambiental para conectar con Culleredo bajo el Puente de Pasaxe.




  • La Ría de O Burgo (6,5 km de circunvalación): El corazón que une a cuatro municipiosCulleredo: aporta 4 km de paseo y ha ganado 50.000 metros cuadrados de zonas verdes con las últimas obras.

    • Cambre: su tramo está en perfecto estado (casi 1 km entre el puente romano y Oleiros).

Paseo de la Ría do Burgo. Foto de El Español


  • Oleiros (26 km de fachada marítima): Un auténtico gigante verde.

    • Frente Atlántico: ya se han adquirido los terrenos para el tramo Naval - Canide (2,5 km), una ruta alternativa que costará más de un millón de euros.

    • Frente de la Ría: 2026 es el año de inauguraciones. Los últimos flecos pendientes en O Graxal y O Paraíso (Senda José Mujica, con fondos europeos) estarán listos como muy tarde en septiembre.

Tramo del Parque de las 13 Rosas en Oleiros. Foto de La Voz de Galicia


  • Sada (Bonus): aunque la conexión desde Lorbé (Oleiros) es inviable técnicamente por ahora, el consistorio proyecta la Senda Litoral, una pasarela de madera sobre el mar para unir las playas de Sada y Gandarío (Bergondo).

Más allá del mar: Interior y Rutas Fluviales

La comarca no solo mira al Atlántico; la red de senderos interiores y fluviales sigue creciendo para fomentar la movilidad no motorizada:

  • Senda de San Pedro (Oleiros): una nueva ruta de 4 km y 3 metros de ancho que une el polígono de Iñás con O Temple, rodeada de áreas de descanso y vegetación autóctona.

Paseo Fluvial de San Pedro. 

  • Ruta del Mero (Cambre): 10 kilómetros consolidados que conectan la presa de Cecebre con la ría de O Burgo.

Río Mero


  • Otras rutas en auge: el paseo fluvial Rego das Xesteiras (Culleredo), la Costa da Égoa (Carral) y los senderos de Dexo-Serantes (Oleiros).

Una infraestructura para unir a la población

Durante décadas se ha hablado del área metropolitana casi exclusivamente desde la perspectiva de las carreteras, los accesos o los polígonos industriales.

Sin embargo, la realidad es que las personas necesitan también espacios comunes. Cientos de miles de vecinos viven en un municipio, trabajan en otro y disfrutan de su tiempo libre en un tercero. La vida cotidiana ya es metropolitana aunque las administraciones sigan funcionando muchas veces como compartimentos separados.

Una gran senda continua permitiría precisamente eso: crear un espacio compartido para todos que reforzara la conexión de todos los municipios que finalmente de la continuidad de una gran área urbana. 

Un vecino de Arteixo podría recorrer la costa hasta Koruña. Una familia de Culleredo podría llegar a Oleiros bordeando la ría. Un estudiante podría desplazarse en bicicleta entre municipios sin depender siempre del coche. Y un visitante podría descubrir el territorio como una unidad geográfica y humana.

Las infraestructuras también crean comunidad. Y pocas infraestructuras tienen tanta capacidad para hacerlo como las que están pensadas para las personas.

La noticia apunta precisamente en esa dirección. Los municipios parecen decididos a completar una continuidad litoral que permitiría recorrer prácticamente toda la fachada marítima del área urbana. Pero la verdadera dimensión del proyecto aparece cuando dejamos de verlo como un paseo y empezamos a verlo como una columna vertebral verde metropolitana.

Del Atlántico a los bosques

La noticia se centra principalmente en el litoral, pero la verdadera oportunidad va mucho más allá.

La futura red debería conectar no solo playas y paseos marítimos, sino también los corredores fluviales ya existentes. Porque el área metropolitana posee algo excepcional: una enorme diversidad de ecosistemas concentrados en muy poco espacio: 

Playas atlánticas.

Acantilados.

Dunas.

Zonas rocosas intermareales

Estuarios.

Lagunas y calas

Marismas.

La ría de O  Burgo.

Pequeños ríos y regatos.

Charcas de agua dulce y manantiales.

Bosques atlánticos.

Pinares.

Humedales.

Paisajes agrarios tradicionales.

Pocas áreas urbanas europeas pueden presumir de semejante riqueza natural a escasos minutos de cientos de miles de habitantes. Por eso el objetivo final no debería ser únicamente completar un paseo junto al mar, sino crear una auténtica red verde metropolitana donde todos esos espacios queden conectados.

Menos coche y más calidad de vida

No se trata de declarar una guerra al automóvil. Se trata de ofrecer alternativas. Muchas personas utilizarían con frecuencia la bicicleta o caminarían más si existieran recorridos cómodos, seguros y continuos.

Hoy todavía existen demasiados puntos donde las rutas se interrumpen, obligando a circular por carreteras poco agradables o directamente peligrosas. La continuidad es la clave.

Cuando una senda está bien conectada deja de ser un espacio para el paseo ocasional y se convierte en una infraestructura de movilidad cotidiana. Y eso significa menos tráfico, menos ruido, menos contaminación y más actividad física, o sea, más salud y bienestar. 

Una cuestión de bienestar

Quizá el beneficio más importante sea también el menos visible. Vivimos cada vez más alejados de la naturaleza.

Pasamos buena parte del día entre pantallas, edificios y vehículos. Muchas personas apenas tienen contacto con espacios naturales salvo durante los fines de semana. Sin embargo, caminar junto al mar, recorrer un bosque o seguir el curso de un río no es un lujo. Es una necesidad humana básica.

La naturaleza reduce el estrés, mejora la salud física y mental y contribuye a una mejor calidad de vida. Una gran red ciclo-peatonal metropolitana permitiría incorporar esos beneficios al día a día de miles de personas sin necesidad de organizar excursiones ni desplazamientos especiales. Simplemente saliendo de casa.

Pensar a lo grande

Lo más esperanzador de la noticia es que algunos alcaldes ya piensan más allá de los límites actuales. Arteixo mira hacia Caión. Sada piensa en Gandarío. Oleiros continúa ampliando sus corredores costeros y la ría de O Burgo avanza hacia una conexión cada vez más completa con As Xubias y Oza.

Playa de Caión

Son pasos que apuntan en la dirección correcta. Porque si algo necesita el área metropolitana es precisamente eso: pensar a largo plazo y pensar en conjunto.

Dentro de unos años quizás podamos recorrer de forma prácticamente continua decenas de kilómetros de costa, rías, estuarios, bosques y ríos sin abandonar nunca una senda peatonal o ciclista. Y cuando eso ocurra, no estaremos hablando solamente de una obra pública. Estaremos hablando de una nueva forma de vivir la Koruña metropolitana. Una Koruña más conectada, más saludable, más humana y más cercana a la naturaleza. Y eso, probablemente, sea una de las mejores inversiones de futuro que podemos hacer.

Imaginemos por un momento salir de Barrañán, atravesar el litoral de Arteixo, bordear Langosteira, llegar a Bens, continuar por el paseo marítimo koruñés hasta el puerto y luego borderarlo para llegar a Oza y desde allí hasta Culleredo, rodear la ría de O Burgo, avanzar por los corredores verdes de Oleiros, pasar por las playas de Santa Cristina, Bastiagueiro y alcanzar finalmente Mera. Todo ello sin depender del coche, respirando aire marino, observando aves, descubriendo paisajes y realizando actividad física.

Playa de Orzán

Un recorrido por más de 3 mil años de civilización atlántica

Quizás uno de los aspectos más fascinantes de esta futura gran senda metropolitana es que no solo permitiría recorrer playas, acantilados, rías y bosques. También permitiría atravesar algunos de los escenarios más importantes de la historia de Galicia.

Porque el territorio comprendido entre Arteixo, Koruña, Culleredo, Cambre, Oleiros, Sada, Bergondo o A Laracha no es una suma de municipios aislados. Es un espacio histórico compartido que lleva miles de años mirando al Atlántico.

La presencia de mamoas y dólmenes indican una población de la zona en la prehistoria y su conexión con otros pueblos atlánticos europeos por mar. 

Mucho antes de la llegada de Roma, estas costas formaban parte de las rutas marítimas del extremo occidental de Europa. Diversos investigadores han señalado la posible presencia e influencia de navegantes fenicios y púnicos en las costas galaicas, atraídos por el comercio de metales y por las rutas atlánticas. Aunque los testimonios materiales son limitados y objeto de debate académico, resulta difícil imaginar que una costa tan estratégica quedase completamente al margen de los grandes circuitos comerciales de la Antigüedad.

Castro de Elviña


Los fenicios encontraron a los pueblos castreños, que poblaron los promontorios y elevaciones que todavía hoy dominan el litoral. Desde esos asentamientos se controlaban las rutas marítimas y terrestres de un territorio que ya entonces constituía una unidad geográfica claramente reconocible.

Con Roma, el Golfo Ártabro adquirió una relevancia extraordinaria. La antigua Brigantium se convirtió en uno de los principales puertos del noroeste peninsular. La construcción de la Torre de Hércules, aún en funcionamiento dos mil años después, simboliza la importancia estratégica que estas tierras tenían para el Imperio, especialmente para sus comunicaciones marítimas con la Galia y Britannia. Los caminos, puertos y asentamientos romanos conectaban un territorio que hoy volvería a enlazarse mediante una gran senda ciclo-peatonal.

Tras la caída de Roma llegaron los suevos, que establecieron en Galicia uno de los primeros reinos estables de Europa occidental. Durante siglos, estas tierras formaron parte de una realidad política singular que contribuyó decisivamente a la configuración de la identidad gallega. 

Los vikingos pasaron por estos lares en varias ocasiones, registrándose por primera vez en el año 844, cuando arribaron 150 naves a la ciudad. 

Iglesia de Santa Maria de Cambre

En la Edad Media surgirían monasterios, iglesias y centros de poder medievales que todavía hoy jalonan el territorio. Cambre conserva una de las joyas del románico gallego con Santa María de Cambre. Oleiros, Culleredo y Bergondo mantienen numerosos testimonios de aquella época. Tampoco faltan las tradiciones que vinculan diversos lugares con las órdenes militares medievales, entre ellas los templarios, cuya presencia histórica en Galicia continúa despertando interés y debate.

El Camino Inglés: peregrinos junto al mar

La historia de estas tierras tampoco puede entenderse sin el Camino de Santiago.

Durante siglos, miles de peregrinos procedentes de Inglaterra, Irlanda, Escocia, Flandes o Escandinavia llegaron por mar a los puertos del Golfo Ártabro para emprender desde aquí su viaje hacia Compostela.

El actual Camino Inglés conserva buena parte de esa memoria. Muchos de aquellos viajeros desembarcaban en la comarca y recorrían los caminos interiores hacia Santiago, convirtiendo este territorio en una de las principales puertas de entrada de Europa a Galicia.

La futura red de sendas podría reforzar y poner en valor esa conexión histórica entre el mar, el viaje y la peregrinación.

Escenario de invasiones, batallas y grandes acontecimientos

Estas costas también fueron testigo de algunos de los episodios más intensos de la historia atlántica.

En 1589 la expedición inglesa dirigida por Francis Drake atacó Koruña en el contexto de la guerra entre las coronas de España e Inglaterra. La resistencia de la ciudad forma parte de la memoria colectiva koruñesa y convirtió a figuras como María Pita en símbolos populares que todavía hoy forman parte de la identidad local.

La Batalla de Elviña

Dos siglos después, las guerras napoleónicas volvieron a situar la comarca en el centro de la historia europea. La retirada británica hacia Koruña culminó en la célebre batalla de 1809, en la que las tropas de John Moore combatieron contra el ejército napoleónico antes de la evacuación por mar. Los caminos, puertos y paisajes que hoy contemplamos fueron entonces escenario de movimientos de tropas, enfrentamientos y decisiones que influyeron en el curso de la guerra peninsular.

Una senda para recorrer la naturaleza y la memoria

Por todo ello, la gran senda metropolitana no debería contemplarse únicamente como una infraestructura de movilidad o de ocio. Puede convertirse en algo mucho más ambicioso.

Un corredor capaz de unir playas, dunas, acantilados, estuarios, rías y bosques atlánticos, pero también castros, faros, monasterios, iglesias románicas, puertos históricos, escenarios de batallas, caminos de peregrinación y lugares vinculados a más de dos mil años de historia documentada.

Pocas áreas urbanas europeas poseen una combinación semejante de patrimonio natural, arqueológico, histórico y etnográfico concentrado en un espacio tan reducido.

Y quizá esa sea la verdadera grandeza de este proyecto: no solo permitir que la gente camine o pedalee de un municipio a otro, sino ayudar a que descubra que todos esos municipios forman parte de una misma historia, de un mismo paisaje y de una misma comunidad humana que lleva milenios desarrollándose junto a las aguas del Golfo Ártabro.

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