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martes, 2 de junio de 2026

Fin de fiesta del ascenso en Cuatro Caminos

 El Deportivo culminó ayer una jornada histórica que tiñó de blanco y azul cada rincón de la ciudad herculina. Tras el ascenso matemático cosechado una semana antes en Valladolid, la hinchada blanquiazul desató una alegría contenida durante casi una década para celebrar el regreso del club a la élite del fútbol español, coincidiendo además con el 120 aniversario de la fundación de la entidad.

El preludio: una ciudad volcada desde la mañana

El termómetro y el sol de mayo se aliaron con el deportivismo para convertir los aledaños de Riazor en una caldera desde primera hora. La fan zone propuesta por el club en la explanada del Palacio de los Deportes se abarrotó rápidamente, unos 5000 deportivistas asistieron al espectáculo. 

Fan Zone. Foto de La Voz de Galicia.

  • 10:00 h: Animación infantil y los primeros compases musicales a cargo de los pinchadiscos Toni Seijas, Rafa Astray y Robinson Ramos.

  • 13:00 h: El artista koruñés Lg1do subió las revoluciones de una plaza que ya presentaba un aspecto imponente.

  • 14:30 h: El plato fuerte llegó con los muradanos The Rapants. Más de 5.000 almas corearon sus temas en un concierto soberbio que amenizó la espera hasta la llegada del autobús del equipo.

El éxtasis en San Juan: una escolta de leyenda

El momento de mayor voltaje emocional antes del partido se vivió en las calles. Las peñas del Deportivo se concentraron en masa en la zona de San Juan, convirtiendo el barrio en un hervidero de bufandas, banderas y cánticos.

Cuando el autobús del equipo asomó para enfilar el camino al estadio, las peñas, junto con el resto de los aficionados, formaron un pasillo humano e impresionante formado por decenas de miles de personas. El cortejo y la escolta al bus dejaron escenas impactantes: un manto flotante de humo blanquiazul, bengalas que desafiaban la luz del día y miles de gargantas que empujaron el vehículo oficial en un recibimiento que puso la piel de gallina a la plantilla y que ya forma parte de la iconografía eterna del club.

La gente se echó a la calle para celebrar el último partido del Dépor en segunda división. Foto de La Voz de Galicia. 


El autobús con el equipo del Dépor llegando a Riazor. Foto de La Voz

En los accesos, la locura era total. Aficionados históricos como Aitor Fonticoba (apostado desde las 17:00 h con el deseo de "mantenerse sin sufrir") o Tamara García compartían fila con Rebeca Areosa, que solo pedía un deseo para el año que viene: "Ganarle al Celta".

Juan Carlos Escotet recibiendo al bus del Dépor. Foto de La Voz de Galicia. 

Incluso el presidente, Juan Carlos Escotet, se sumó a la marea como un aficionado más. Ataviado con gorra, camiseta blanquiazul y pulsera del club, llegó a pie al estadio entre gritos de "¡Presi, presi!", repartiendo besos, abrazos y saludos a una afición que lo siente como uno de los suyos.

Riazor de gala: El resultado era lo de menos

El partido ante Las Palmas pasó a un plano totalmente secundario, a pesar de la derrota por 1-2 que dejó a los de Antonio Hidalgo como segundos clasificados de la liga regular. El ambiente en las gradas fue digno de las grandes noches del Súper Dépor.

La cubierta del estadio estalló en fuegos artificiales a la salida de los jugadores, mientras el fondo de Marathón desplegaba un tifo monumental. En él se recortaban las figuras de leyendas como Arsenio Iglesias, Manuel Pablo, Xisco Jiménez o Fernando Vázquez, bajo un lema que resume el sentir de este club: «O destino baralla as cartas, nós xogámolas». Durante la segunda mitad, las olas humanas recorrieron las bancadas de un Abanca Riazor entregado, con Escotet participando activamente desde el palco VIP.


La inevitable "invasión" del verde

A mitad del segundo acto, la grada de Marathón inferior empezó a avisar: "¡Vamos a saltar!". El club pidió por megafonía que se respetase el terreno de juego, pero el pitido final del colegiado Eder Mallo desató lo incontenible. Miles de aficionados saltaron al césped a la carrera.

Hubo abrazos, lágrimas, pogos y bengalas. Las porterías sufrieron la euforia colectiva: se doblaron postes y las redes volaron cortadas a pedazos como recuerdo perenne del ascenso. Los jugadores de Las Palmas y del propio Dépor tuvieron que ser escoltados por seguridad ante la marea de cazadores de recuerdos.

Fotos de DXT

El "Wally" rosa de Riazor: Entre el tumulto, un punto brillante destacaba desde las alturas. Ximo Navarro, con el pelo teñido de rosa fosforito, fue el único jugador local que decidió no huir al túnel de vestuarios. Se dejó querer por una masa que, en mitad de la refriega amistosa, le cantaba a pleno pulmón: «¡Ximo, quédate!».

Foto de DXT

Fotos de DXT 

El homenaje a los "héroes del barro" y la sorpresa de ItaloBrothers

Hizo falta media hora de ruegos y la intervención directa a través de la megafonía del capitán, Diego Villares, para que el público desalojara el maltrecho césped (con el círculo central arrancado) y regresara a sus asientos para continuar con los actos oficiales.

Jugadores sobre la plataforma que se montó sobre el campo una vez que se vació de gente. Foto de La Voz de Galicia. 

Foto de La Voz de Galicia. 

Ya con la plataforma montada y tras proyectarse los goles de la temporada, la plantilla saltó con camisetas conmemorativas. El momento más emotivo de la noche llegó con el reconocimiento a los ocho futbolistas que completaron el durísimo camino desde la tercera categoría (Primera RFEF) hasta la Primera División:

  • David Mella

  • Yeremay Hernández (que entró el último al campo porque se había quedado rezagado comiendo empanada)

  • Dani Barcia

  • Diego Villares

  • Germán Parreño

  • Ximo Navarro

  • Pablo Puerto

  • José Ángel

Canteranos del club les hicieron entrega de un obsequio antes de que David Mella tomara la palabra desatando la locura: «Siento felicidad, esto es una locura. Estos siete y yo, los 45 que están ahí atrás y todos vosotros lo merecéis. ¡Forza Dépor!». Diego Villares también agradeció el apoyo incondicional: «Darles las gracias por todos estos años. Creo que lo merecen más que nadie».

La gran sorpresa de la noche llegó cuando el túnel de vestuarios escupió a ItaloBrothers. El vocalista Matthias Metten interpretó en directo su archiconocido Stamp on the Ground, el tema que atrona en cada partido en Riazor, desatando el delirio en las gradas bajo una intensa traca de pirotecnia.

Tras una vuelta de honor donde se aclamó a Antonio Hidalgo, a los capitanes y al nuevo ídolo Bil Nsongo («¡Nsongo Balón de Oro!»), la comitiva recogió sus bártulos a las 23:20 horas para subirse al autobús descapotable.

Cuatro Caminos: El bautismo de los 26.000 fieles

Hace dos años, el Dépor acudió a la fuente de Cuatro Caminos simplemente para quitarse el fango del pozo de las categorías no profesionales. Anoche, el ritual fue el de la purificación definitiva. Unos 26.000 aficionados abarrotaron la plaza, que lucía blindada por vallas e iluminada de blanco y azul.

Bus llegando a Cuatro Caminos. Foto de Riazor.org.

A las 23:44 horas, el autobús descapotable asomó por la ronda de Nelle al ritmo del improvisado himno «Yo te quiero dar».

La plaza se vino abajo. Los disyoqueis, que llevaban animando desde las nueve de la noche con el Rock del Deportivo, y el speaker Sergio Tomé cedieron el testigo a los verdaderos protagonistas en el escenario. El cuerpo técnico ya había calentado los ánimos cantando el Quédate de Quevedo, y los petardos emularon el ya mítico "bum bum, bum", el grito de guerra del técnico Antonio Hidalgo.

Los discursos de la noche en la fuente:

  • David Mella (luciendo de nuevo su sombrero de gala) aportó la cordura dentro de la euforia: «No hay que acordarse del Celta, hay que disfrutar de lo que hacemos nosotros», pidió antes de fundir a la plaza en un tremendo abrazo colectivo al ritmo de «Deportivo alé».

  • Germán Parreño se puso sentimental: «El Dépor siempre fue de Primera».

  • Mario Soriano tiró del clásico más gamberro: «¡Coruña entera se va de borrachera!», dando paso a los acordes de El Mambo que pusieron a bailar a toda la ronda.

decenas de miles de personas se agolparon en los alrededores de la Plaza de Cuatro Caminos. 

Con Diego Villares alzado a hombros por sus compañeros, congas interminables y una ciudad que se resistía a mirar el despertador a pesar de que el lunes asomaba en el horizonte, A Coruña cerró sus heridas. Las pesadillas de los descensos y los fantasmas institucionales se ahogaron en las aguas milagreras de Cuatro Caminos. Tras ocho largos años de penitencia, uno de los nueve campeones de Liga de la historia de España ha vuelto, de forma orgullosa, al lugar que nunca debió abandonar.

Retrasmisión de la celebración en Radio Voz: 


Retransmisión de la celebración por el R.C. Deportivo: 


Retransmisión de la celebración por Radio Coruña: 


Crónica en DXT

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