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domingo, 23 de agosto de 2026

Atrapados entre paredes: la factura del urbanismo atroz del desarrollismo koruñés

 Si hay un mal del que Koruña lleva décadas intentando recuperarse, es de la insaciable voracidad inmobiliaria del Desarrollismo. En barrios emblemáticos como el Agra do Orzán, Os Mallos o Os Castros, la fiebre del ladrillo desde mediados del siglo pasado no solo nos dejó densidades de población al nivel de las más desorbitadas del planeta, sino también una huella de urbanismo deshumanizado y atroz que, a día de hoy, roza lo surrealista.

Un demoledor reportaje publicado por La Opinión A Coruña saca a la luz la trágica realidad de las llamadas "calles trampa" o "viviendas invisibles": auténticas anomalías urbanísticas donde casitas y bloques enteros quedaron literalmente emparedados tras la construcción de nuevos edificios.

Agra do Orzán: la jungla de hormigón que supera a las grandes metrópolis

Para entender cómo se llegó a encajonar casas en patios traseros, hay que mirar al gran símbolo de la hiperdensificación koruñesa: el Agra do Orzán. Construido a marchas forzadas para absorber el éxodo rural sin contemplar parques ni servicios básicos, este barrio se ha convertido en un verdadero desafío a los límites urbanos.

Según los datos municipales, el Agra do Orzán supera los 60.000 habitantes por kilómetro cuadrado, una cifra asfixiante que supera ampliamente la densidad de megaciudades como Bombay, Karachi o Kinshasa, e incluso rebrinca con claridad a L'Hospitalet de Llobregat (tradicionalmente la zona más densa de España).

Mazacote de hormigón sin orden ni concierto en Agra do Orzán donde se hacinan entre 30 mi ly 60 mil habitantes por kilómetro cuadrado. 

Agra do Orzán en rojo

Esta concentración extrema no es una simple estadística; se traduce en aceras saturadas, falta de aire y una lucha desesperada por el espacio público. Con el debate sobre la necesidad de crear más zonas verdes frente al proyecto de edificar en el Parque del Agra, la pregunta cae por su propio peso: ¿cuánto más se puede exprimir a un barrio? La densidad no puede seguir siendo sinónimo de asfixia.

Casas que morirán con sus dueños: el mapa de la vergüenza

El reportaje pone nombres, apellidos y rostros a la especulación de los años 60 y 70, donde la falta de escrúpulos y una legislación laxa primaron sobre la calidad de vida de los vecinos:

  • Calle Iberia (Los Mallos): un grupo de viviendas unifamiliares quedó sepultado en el patio interior de un bloque residencial. Para entrar a sus casas, los vecinos tienen que atravesar una puerta metálica y un túnel recubierto de grafitis. Vivir detrás de una fachada ajena, a la sombra constante y esquivando humedades.

Lo peor del desarrollismo en Koruña en la Calle Iberia, un grupo
de casas unifamiliares fue rodeado de grandes urbanizaciones casi
dejándolo sin salida. Foto de La Voz de Galicia. 

Acceso a la calle Iberia por este angosto pasadizo. Foto de La Opinión Coruña

  • Travesía de la Cerca (Os Castros): hace dos décadas, a los residentes de este tramo les levantaron un edificio gigantesco justo delante de sus narices, tapándoles la salida y la luz para siempre. Uno de los vecinos lo resume con una crudeza desgarradora: "Nuestras casas morirán con nosotros, nadie va a querer vivir aquí".

  • Callejón de Cristales: atrapado entre Pérez Cepeda y Rey Abdullah, este pasadizo sin asfaltar sobrevivió al ladrillazo transformado en un rincón sombrío, convertido los fines de semana en un improvisado foco de malos olores y meódromo nocturno.

Callejón de Cristales

  • Calle Barcelona 76: En pleno corazón del Agra do Orzán, los residentes de este portal interior llevan más de medio siglo accediendo a sus hogares tras cruzar un corredor oscuro que, durante años, fue foco de inseguridad y problemas de salubridad.

Calle Barceona 76, callejón con salida a un espacio demencial. Foto de La Opinión Coruña

Especulación y parches a largo plazo

Tal y como explica en la entrevista el profesor de Arquitectura de la UDC, Fernando Agrasar, este fenómeno responde a la suma de la especulación voraz y la fragmentada estructura de la propiedad rural gallega. Durante décadas no se derruía nada previo: simplemente se levantaban moles de cemento sobre las vías rurales sin importar si tapaban la luz o el acceso a las casas ya existentes.

¿La solución? Lamentablemente, no es sencilla. La expropiación ni es rentable ni socialmente justa para las familias que allí resisten. La única vía a futuro pasa por dejar morir por ruina estas edificaciones para, con los años, convertirlas en espacios públicos o parques de manzana.

En Koruña Rabuña nos sumamos a la denuncia: A Coruña no puede seguir mirando hacia otro lado ante las cicatrices de una época en la que el dinero importó bastante más que la dignidad de sus vecinos.

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